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Dra. Carmen Mariscal de Gante, Premio Dentista del Año 2024

La Dra. Carmen Mariscal de Gante, Premio Dentista del Año 2024.


Su vocación, compromiso y labor dentro de la Odontología Forense le han hecho merecedora de este galardón por parte del Consejo General de Dentistas. Un premio, afirma, que recibe con orgullo y sirve, a su vez, para dar visibilidad a una parte de la profesión que, a veces, queda un poco olvidada.

Dra. Mariscal de Gante, el Consejo General de Dentistas le ha otorgado el Premio Dentista del Año 2024 por su labor realizada durante la DANA de Valencia. ¿Cómo valora este reconocimiento? ¿En qué pensó cuando recibió la noticia?

-Para mí fue un momento muy emotivo y, por supuesto, un gran orgullo. Lo primero que pensé, cuando me avisaron que me concedían el premio, fue que todavía me emocionaba porque había pasado apenas un año desde la tragedia.
La verdad es que fueron momentos muy difíciles, muy trágicos, y al recordarlos todavía siento esa emoción. También me acordé de todos los compañeros de otras comunidades que también estuvieron colaborando. Yo acudí como colegiada de Madrid (fui la única del COEM). Hice el relevo a otros forenses de Madrid que ya se volvían. Tengo que agradecer al Instituto de Medicina Legal (IML) y a la Consejería de Justicia de la comunidad autónoma de Madrid por facilitarme el transporte a Valencia en estas fechas (el acceso no era fácil).

Por eso, además del orgullo personal que siento, creo que este reconocimiento tiene un valor añadido: lo otorgan nuestros propios compañeros, el Consejo, y eso lo hace aún más especial. Al mismo tiempo, pienso que sirve para dar visibilidad a una parte de nuestra profesión que, a veces, queda un poco olvidada.

«Creo que habría que formar más tanto a la gente joven como a quienes ya están en ejercicio, para que se conozca la importancia de la Odontología Forense»

Es usted médico forense y odontóloga en el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de la Comunidad de Madrid y, además, colabora como docente en la Cátedra de Medicina Legal. ¿Cómo descubrió su pasión por la Odontología forense?¿Qué le atrajo especialmente de este campo frente a otras áreas de la Odontología?

-Primero, estudié la licenciatura de Medicina, porque los forenses somos, también, médicos. Después me presenté a la oposición de médico forense, ya que siempre me ha gustado mucho el Derecho. Mi padre era magistrado y, de hecho, él quería que yo me dedicara a judicatura, fiscalía o alguna otra rama en relación con el Derecho. Sin embargo, como lo que realmente me apasionaba era la Medicina, terminé combinando ambas disciplinas: hice la carrera de Medicina y, más adelante, la oposición de médico forense.

Con el tiempo me di cuenta de que dentro de la Medicina Forense había un área, la de Odontología, en la que apenas había profesionales. Entonces decidí estudiar también Odontología en la Universidad Complutense de Madrid para completar mi formación y enriquecer mi labor como forense. Cuando empecé esta segunda licenciatura ya llevaba años ejerciendo como médico, y pensé que me daría una visión más completa para el trabajo.

Carmen Mariscal de Gante, Dentista del Año 2024

La verdad es que, después, me sorprendió mucho la importancia que tiene la Odontología dentro del ámbito forense.

¿Qué papel desempeña la Odontología Forense en los procesos de identificación durante las tragedias? ¿Cómo es la colaboración con el resto de profesionales?

-Es clave. De hecho, cuando nos tocó vivir el atentado del 11M en Madrid, en 2004, nos dimos cuenta, los pocos odontólogos forenses que estábamos presentes, de la enorme importancia que tiene la Odontología Forense en los procesos de identificación.

Poco después, en 2008, ocurrió también el accidente de Spanair. Allí el trabajo fue incluso más intenso, ya que las víctimas estaban en su mayoría en estado de calcinación, carbonizadas, y eso hizo que la Odontología Forense tuviera un papel fundamental: los exámenes dentales fueron decisivos para poder llevar a cabo las identificaciones.

Más recientemente, en la tragedia de la DANA, al principio, los cuerpos llegaban en condiciones más óptimas para la identificación, pero conforme pasaba el tiempo, lógicamente, las circunstancias eran cada vez más difíciles, lo que complicaba mucho más el trabajo.

En cuanto a la colaboración con el resto de profesionales, es muy buena. En mi experiencia, no hemos tenido ningún problema y, de hecho, tengo que agradecer especialmente a todos los equipos implicados. En el caso de la DANA de Valencia, tanto en el levantamiento de cadáveres como en el traslado posterior al Instituto de Medicina Legal -en este caso, en Valencia- y después al pabellón ocho de la Feria de Valencia, la coordinación con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y con la UME fue ejemplar. Son personas muy entregadas, que lo dan todo por colaborar y facilitar el trabajo.

Ahora bien, el trabajo específico de Odontología Forense lo tenemos que hacer nosotros. Ellos ayudan en todo lo logístico, pero la parte técnica es nuestra: elaborar las fichas dentales. Cuando llega un fallecido, se practica la autopsia y, a continuación, realizamos un estudio de la boca para confeccionar una ficha dental. Esa ficha se archiva y luego se coteja con la información odontológica que tengamos ante mortem.

En una gran catástrofe existe un protocolo establecido. Se habilitan oficinas ante mortem, a las que acuden los familiares de las personas desaparecidas. Allí se abre un documento con todos los datos posibles: características físicas, tatuajes, fotos, intervenciones quirúrgicas, prótesis y, algo muy importante, si han acudido al dentista. Hoy en día, en el siglo XXI, es raro que alguien en España no tenga algún registro odontológico, salvo en el caso de niños muy pequeños. Esa información, que aportan los familiares, nos orienta para localizar la clínica donde esa persona fue atendida y solicitar los datos.

Con esos datos ante mortem y con la ficha dental que elaboramos durante la autopsia cotejamos la información para confirmar la identificación. Es un trabajo complejo y, en este caso concreto de Valencia, aún más, porque varias de las clínicas que podrían haber aportado información también habían resultado afectadas por la catástrofe.

«La Odontología Forense es como el ADN, pero más concreta, más práctica y, en muchos casos, más eficaz»

¿Qué ventajas ofrece la Odontología Forense frente a otros métodos de identificación y en qué situaciones se convierte en la herramienta más eficaz?

-No podemos olvidar que los dientes son una parte del cuerpo que resiste muchísimo a las inclemencias: al calor, a temperaturas extremas, al agua, a traumatismos… Conservan muy bien su estructura y no se deterioran fácilmente. Incluso en un cadáver esqueletizado, cuando apenas queda más que el esqueleto, los dientes permanecen en buen estado.

Esto es una gran ayuda para la identificación, teniendo en cuenta que, en general, existen tres grandes parámetros: la huella dactilar, el ADN y la Odontología. Las huellas las realizan la Policía o la Guardia Civil, que incluso pueden regenerarlas y hacen un trabajo excelente. El ADN, por su parte, es una técnica muy fiable, pero también muy costosa y lenta; además, en ocasiones ni siquiera contamos con muestras de comparación o con materia prima suficiente para poder aplicarlo.

En cambio, los dientes permanecen durante muchísimo tiempo, no se alteran y permiten una identificación más accesible y económica, porque lo único que se necesita es el trabajo de un profesional que elabore la ficha dental, ya sea de forma visual o con pruebas de imagen, y que después la coteje con otra ficha dental ante mortem. Es un método muy fiable, porque no existen dos bocas iguales.

Siempre lo digo en conferencias o en sesiones de docencia: no hay dos bocas iguales. Y está demostrado en la literatura científica. En este sentido, la Odontología es como el ADN, pero más concreta, más práctica y, en muchos casos, más eficaz.

La Odontología Forense exige no solo conocimientos técnicos, sino también una gran fortaleza emocional. ¿Cómo se prepara mentalmente para afrontar situaciones tan difíciles?

-Es muy difícil, porque en realidad te preparan para hacer tu trabajo, pero no para afrontarlo emocionalmente. Cuando estás trabajando, no eres consciente de nada: el tiempo deja de existir. Recuerdo el primero de esos episodios, el 11M. Estábamos en Ifema y era increíble; no parábamos ni a comer, era una auténtica locura. Tenía muy poco contacto con mi familia, y cuando podía llamar era a horas intempestivas, incluso de madrugada. Mientras estás metido en ello, no te das cuenta… El problema viene después, cuando todo termina, y ahí es cuando lo pasas realmente mal.

En esos momentos ayuda tener gente alrededor para compartir lo vivido, aunque sea con frases como “qué pena” o “qué desgracia”. Pero cuando te quedas solo, es cuando se hace más duro. Con la DANA lo pasé especialmente mal, porque aunque allí había compañeros de otras comunidades, yo era la única de Madrid y me sentí sola. Fue muy triste. Además, las condiciones eran muy duras: el alojamiento en el que estaba, al lado del Instituto, estaba lleno de bomberos, policías, guardias civiles, y llegaban cubiertos de barro… Aquello era imposible de olvidar.

Todavía hoy, al recordarlo, me emociona. Fueron situaciones tremendas y, además, con muy pocos medios. Aunque nos dejaron aparatología para hacer pruebas de imagen y la UME nos apoyó -en Ifema, por ejemplo, nos apoyaron con la logística-, la realidad es que había poco material humano y la carga era enorme.

Lo más duro, sin duda, fueron los niños. Muy difícil de asimilar, incluso con el paso del tiempo.

¿Cree que en la profesión y en la sociedad existe un conocimiento suficiente sobre lo que es realmente la Odontología Forense y la importancia que puede llegar a tener?

-Hay mucho desconocimiento, incluso entre profesionales. Compañeros o amigos me preguntan a veces: “¿Y qué hacéis allí? ¿Cómo se hace?” Y me sorprende que, a estas alturas, no se conozca la importancia de la Odontología Forense. Es fundamental. Por eso creo que habría que formar más, tanto a la gente joven como a quienes ya están en ejercicio. En España somos muy pocos odontólogos forenses.

Recuerdo que a Valencia llegué cuando las autopsias ya estaban prácticamente terminadas y lo que más interesaba era la identificación odontológica. Fue entonces cuando me di cuenta de los pocos que éramos para atender a tantos cadáveres (224). De hecho, solicité al IML y al Consejo de Médicos Forenses información sobre cuántos odontólogos forenses había en todo el país. La respuesta fue clara: somos muy pocos (doce).

Es una profesión prácticamente desconocida, y, sin embargo, para mí es esencial. No se trata solo de grandes catástrofes. En Madrid, por ejemplo, algunos de los ingresos de fallecidos del IML están sin identificar y no siempre se consigue mediante huella o genética y en esos casos la ficha odontológica resulta imprescindible.

Por eso insisto tanto en que este campo debe potenciarse. No es algo anecdótico ni puntual, sino una parte necesaria del trabajo forense. Yo lo vivo con gran vocación y me apasiona, pero me duele que la gente no sepa que existe y que no se le dé la relevancia que merece.

¿Cuáles diría que son hoy los principales retos a los que se enfrenta la Odontología Forense en España, tanto en el ámbito profesional como en el institucional o formativo?

-Hablé precisamente este tema con la Dra. Marisol Ucha, presidenta del Ilustre Colegio Oficial de Odontólogos y Estomatólogos de la Primera Región, a quien quiero reconocer porque me ayudó muchísimo. Durante la DANA hubo un momento en que la situación me desbordó. No fue por el trabajo técnico en sí -que realizamos de manera muy profesional y en un tiempo muy breve, porque sabíamos que era urgente identificar cuanto antes a las víctimas-, sino por los problemas burocráticos.

Cuando intentábamos recabar las fichas ante mortem de las clínicas dentales nos encontrábamos con trabas por la protección de datos. Y aunque existe un protocolo, considero que debería haber un mecanismo específico que nos permitiera, en situaciones de catástrofe, acceder directamente a esa información. En esos momentos lo prioritario es la identificación, y nos faltan herramientas legales que lo faciliten. Recuerdo que me sentía como si tuviera la solución delante y no pudiera alcanzarla. Fue entonces cuando llamé a Marisol; ella me apoyó muchísimo, también en lo emocional, y de inmediato buscó colaboración a través de la asesoría jurídica del Colegio. Es algo por lo que siempre le estaré agradecida.

Creo que este es hoy uno de los principales retos de la Odontología Forense en España: poder acceder a los datos clínicos de manera más ágil en situaciones excepcionales. Y, junto con ello, hay otro problema muy importante: la ausencia de historias clínicas completas.

Insisto mucho en esto, también desde el ámbito judicial. Una de las labores del odontólogo forense es intervenir en casos de periciales, como reclamaciones por presunta mala praxis. traumatismos o lesiones. En esos procesos, el juzgado solicita la documentación clínica, pero muchas veces lo que recibimos no son historias clínicas, sino simples presupuestos. Evidentemente no es lo mismo. Un presupuesto puede indicar que un paciente necesita implantes, una ortodoncia o una rehabilitación, pero no refleja en qué estado estaba la boca al inicio del tratamiento ni permite reconstruir el proceso.

La historia clínica es fundamental no solo para nuestro trabajo como peritos, sino también para la propia defensa del odontólogo. Cuando un profesional cuenta con una historia clínica completa de su paciente, podemos valorar objetivamente si ha actuado correctamente. Pero si no hay datos, todo queda en interpretaciones y resulta más difícil defender un criterio sólido ante el juez y las partes.

En definitiva, diría que los retos principales son dos: facilitar el acceso a la información en grandes catástrofes y concienciar sobre la necesidad de realizar historias clínicas rigurosas en el ejercicio diario.

El camino para dedicarse a la Odontología Forense

¿Qué recomendaría a un profesional que esté valorando dedicarse a la Odontología Forense?, le preguntamos a la Dra. Mariscal: «Yo le indicaría, en primer lugar, que se dirigiera directamente a nosotros. Ya sea en Madrid o en cualquier otra comunidad autónoma, en todas existen Institutos de Medicina Legal y Ciencias Forenses, y creo que lo mejor es acudir allí y también a las universidades. Seguro que en esos centros les orientarán sobre los pasos a seguir o qué otras opciones existen. Es importante insistir que para este trabajo se necesita una preparación muy específica. Por eso he defendido y sigo defendiendo que se potencien la formación y los cursos en este ámbito. Creo que este es el camino: ofrecer más formación, dar visibilidad a la importancia de la Odontología Forense y, sobre todo, dirigirse a los Institutos de Medicina Legal, que son los que pueden garantizar el rigor necesario».

Retos éticos de los dentistas en el ejercicio de su profesión

Como vocal de la Comisión Deontológica del Colegio Oficial de Odontólogos y Estomatólogos de la I Región, destaca la Dra. Carmen Mariscal, «lo que más observamos en la Comisión es que, a menudo, la información que recibimos no es objetiva. En lugar de datos claros y contrastados, encontramos comentarios o impresiones que recuerdan más a una tertulia que a un documento profesional. Nosotros necesitamos objetividad y pruebas de imagen que respalden lo que se dice. Ahora ya se están realizando más pruebas, pero hace años eran escasas, incluso en tratamientos importantes. Y es evidente que deberían ser parte del procedimiento habitual. Otro aspecto que detectamos con frecuencia es la falta de comunicación entre el odontólogo y el paciente».

«A veces, por la prisa de la consulta, se valora al paciente, se indica el tratamiento y después es el personal auxiliar o de recepción quien le entrega el presupuesto, sin que haya un verdadero intercambio entre profesional y paciente. Esa falta de comunicación puede generar malentendidos». Además, destaca, «hay que tener especial cuidado con lo que decimos delante de un paciente cuando ha sido tratado previamente en otra clínica. No es correcto criticar el trabajo de otro compañero con expresiones del tipo «esto está mal hecho» o «yo no lo habría hecho así», porque el paciente se queda con ese comentario y puede iniciar una reclamación. Si hay desacuerdo, lo adecuado es hablarlo directamente con el compañero o expresarlo de manera más cuidadosa y constructiva».

«Al final, todos podemos cometer errores y nadie está libre de que le ocurra. Siempre digo que hay que tratar a los pacientes como si fueras tú mismo o un familiar cercano. Esa es la clave, tanto en Odontología como en Medicina Forense. También lo veo en mi trabajo forense: certificamos defunciones naturales y muchas veces acudimos después de los servicios sanitarios, que han comprobado el fallecimiento, y aunque no haya indicio de sospecha de muerte violenta o criminal, no certifican la muerte. Yo siempre les planteo: «si fuera tu padre o tu abuela, ¿actuarías igual?» La respuesta, casi siempre, sería que no. Por eso insisto en la necesidad de empatizar, de ponerse en el lugar del otro. Quizá en la práctica no siempre es fácil, pero esa es la actitud que debería guiar nuestro trabajo».

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