Gema Bonache, directora de Gaceta Dental.

«La pandemia ha educado a la población; somos todos miniexpertos en epidemiología, virología, vacunas, protocolos de aislamiento y desinfección» me decía hace unas semanas desde Texas el Dr. Carlos Parra intentando sacar algo positivo de esta complicada etapa. Y no le falta razón a este joven odontólogo barcelonés. El gigante Google ofrecía a mediados de diciembre el ranking de las búsquedas de los internautas en 2020 y cómo no, el coronavirus, encabezaba la lista a nivel global. En el caso concreto de España, los usuarios buscaron también respuestas a ‘Cómo hacer una mascarilla de tela’, ‘Cómo se contagia el coronavirus’ o ‘Por qué se llama coronavirus’; un interés repartido, durante el confinamiento más estricto, con las dudas de quienes encontraron en los fogones su vía de escape ¡Cuánto panadero en ciernes ha destapado esta pandemia

La crisis sanitaria motivada por la COVID-19 nos ha hecho valorar aspectos que antes podían pasar desapercibidos. Hemos puesto el foco, de manera muy justa, en la profesión médica por su esencial labor y más en esta situación límite, pero también en esos miles de investigadores que, desde sus laboratorios, trabajan sin descanso por todo el mundo para paliar los efectos y consecuencias de las enfermedades y patologías que más nos afectan y nos preocupan.

No sin dificultades, especialmente económicas, la investigación garantiza el avance y el progreso de la sociedad. Y también en Odontología, como no podía ser de otra manera. En este número, y en nuestra web, publicamos diversas noticias que son un fiel reflejo de un sector que lucha constantemente por conseguir logros que redunden en mejorar la salud y la calidad vida de los pacientes, en definitiva, de todos. Por ejemplo, en las aulas de la Facultad de Odontología de la Complutense de Madrid, un grupo de investigadores participa en un ensayo clínico internacional en el que se utilizan células madre para regenerar nuevo hueso maxilar. Asimismo, investigadores de este centro, trabajan, junto a SEPA y una empresa privada, en el estudio DiabetRisk, que pone de relieve el importante rol de la consulta dental en la promoción de la salud general y, en concreto, en la detección precoz de casos no diagnosticados de diabetes.

En Valencia, en la CEU Universidad Cardenal Herrera, el Grupo de Microbiología oral, también con apoyo empresarial, ha publicado recientemente el primer estudio a nivel mundial sobre la metagenómica de la placa dental negra en adultos, o el de los investigadores de la UOC (Universitat Oberta de Catalunya), que acaba de ver la luz, y en el que, junto a colegas de la Universidad de Plymouth, determinan que una microbiota oral alterada reduce los beneficios cardiovasculares del deporte.

Son cuatro ejemplos, pero lo importante es que hay muchos más. Universidades, sociedades científicas y empresas, entre otras organizaciones, trabajan sin pausa para conseguir nuevos avances, nuevos desarrollos. Y aquí no podemos ni debemos poner límites. Que fluyan las inversiones públicas y privadas, las ayudas y las redes de colaboración nacionales e internacionales, que no se escatime en recursos en un campo tan esencial como es el de la investigación médica. Es el momento de impulsarla, al igual que la innovación. No nos acordemos solo de Santa Bárbara cuando truene.