Interferon
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Investigadores de la Facultad de Farmacia de la Universidad CEU San Pablo han descubierto un nuevo método para medir la actividad biológica de esta proteína, encargada de comunicar información inmune entre células. Podrá ser utilizado para su cuantificación de una forma más precisa y fiable.

La mayoría de los métodos tradicionales para medir la actividad biológica de los interferones se basan en métodos indirectos. Una nueva investigación de Sergio Rius, del grupo de investigación de la Sección de Microbiología de la Facultad de Farmacia de la CEU USP, en colaboración con Jesús Presa y el grupo del profesor Ángel Ayuso en el IMMA, han desarrollado en la revista Journal of IFN and Cytokine Research un nuevo método para medir la actividad biológica del interferón que podría utilizarse para su cuantificación de una forma más precisa y con una mayor fiabilidad. Es más, podría aplicarse en ensayos para la búsqueda de nuevos fármacos que regulen la producción de dichos interferones.

Sergio Rius, investigador de la universidad CEU San Pablo.

Los interferones son una familia de citoquinas (proteínas señalizadoras que comunican información inmune entre células) que se producen y secretan por muchas de nuestras células en respuesta a infecciones causadas por virus, bacterias, hongos o parásitos. El sistema de comunicación mediado por los interferones es crucial para activar un programa celular de respuesta eficiente frente al ataque de los microorganismos infecciosos y sin el cual el organismo sucumbiría ante un gran número de infecciones.

Debido a las propiedades biológicas, los interferones han tenido una aplicación clínica en distintos tratamientos como los utilizados frente a infecciones crónicas causadas por los virus de la hepatitis B, hepatitis C o algunos tipos de cáncer. Debido a esta aplicación farmacológica, la cuantificación de la actividad biológica de los IFN ha sido un tema de enorme interés para poder aplicarlo de forma sistemática en un tratamiento.

Propiedades biológicas

Los interferones fueron caracterizados por primera vez por Alick Isaacs y Jean Lindenmann en el Instituto Nacional para la Investigación Médica en Londres en 1957, debido a su potente actividad de protección frente al virus de la gripe.

Posteriormente, se observaron otras propiedades biológicas muy interesantes, además de su potente actividad antiviral genérica como la capacidad de estimular partes cruciales de la respuesta inmune adaptativa o su capacidad para estimular actividades antitumorales en algunos tipos de cáncer. De la misma manera, los interferones están implicados en distintas enfermedades autoinmunes conocidas como interferopatías: psoriasis, lupus eritematoso, síndrome de Aicardi–Goutières o síndrome Singleton–Merten, entre otros.