De izda. a dcha., Pablo Gao, la Dra. Estefanía Moreno Sinovas; el Dr. Andrés Sánchez Monescillo, Gema Bonache (Gaceta Dental) y las doctoras Isabela de Lachiondo, Ana Arias Paniagua y Carlota Suárez.

Odontólogos españoles sin fronteras

Los tiempos cambian y, al igual que otras profesiones, también la Odontología ha de adaptarse a las circunstancias que la rodean como un clima de trabajo más competitivo debido a los nuevos modelos de negocio que han surgido en el sector o el alto número de graduados que salen cada año de las facultades españolas. Por ello, se hace aún más necesario buscar la excelencia. Una vía son las experiencias formativas o laborales en el extranjero. Un tema en el que quisimos ahondar con diferentes profesionales conocedores de los pros y contras que tiene esta apuesta por la diferenciación.

Como si de un «Odontólogos por el mundo» se tratara, y con el fin de profundizar y dar respuesta a la cuestión de qué aportan las estancias formativas y laborales en el exterior al odontólogo español, organizamos un encuentro con varios jóvenes profesionales que, en su día, decidieron hacer las maletas y lanzarse al desafío de ampliar sus miras y sus conocimientos, a la vez que disfrutaban de nuevas experiencias y de conocer mundo. Ellos son Andrés Sánchez Monescillo, odontólogo con posgrado en Los Ángeles (EE UU) y actualmente profesor visitante en la prestigiosa University of Southern California; Carlota Suárez, odontóloga con posgrado en Seattle (EE UU) e Isabela de Lachiondo, posgrado en la Universidad de Nueva York (EE UU) y que también ejerció como dentista en Francia e Irlanda. A la lista de invitados se sumaron, la doctora Estefanía Moreno Sinovas, que junto a su compañero Miguel Ángel Martín, impulsaron hace unos años el Departamento Internacional Profesional (DIP) dentro del Colegio de Odontólogos y Estomatólogos de la I Región; Ana Arias Paniagua, vicedecana de Calidad y Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) –quien además fue «Assistant Professor» en el Departamento de Endodoncia de la Universidad del Pacífico en San Francisco (California) durante casi 3 años–, y Pablo Gao, vicepresidente de la Federación Nacional de Estudiantes de Odontología (ANEO), quien aportó la visión de los futuros dentistas.

Tras haber realizado un programa de Prótesis en la Universidad de Valencia y otro de Prótesis y Estética en la Universidad Internacional de Cataluña (UIC), la Dra. Carlota Suárez, aconsejada por la experiencia de su padre, también prostodoncista, decidió cruzar el charco y recalar en Seattle (EE UU). «Tengo la suerte de contar con buenos padrinos en la profesión, como mi padre, que desde su estancia en el extranjero siempre ha estado muy vinculado con la universidad y con gente que hoy día son referentes en la profesión. Él fue quien me incitó un poco a marcharme, ya que la filosofía que siguen en EE UU no está inculcada en España. Allí, sí que se realiza mucho laboratorio en los programas de Prótesis, algo que desde mi punto de vista es muy interesante. Yo aprendí muchísimo. Ahora sabes exigir lo que quieres al técnico, te puedes comunicar y hablas la misma lengua. Realizamos casos de rehabilitaciones completas por nosotros mismos y, aunque sufres, porque es duro, aprendes a valorar el trabajo del técnico, algo que aquí en España no se produce tanto», aseguró Suárez.

Más laboratorio

Así, y en opinión de Isabela de Lachiondo, que, tras estudiar en la Universidad Alfonso X El Sabio, comenzó su práctica profesional en Irlanda durante dos años para continuar su formación con un posgrado en Prostodoncia en la Universidad de Nueva York (NYU): «No existe un posgrado en España con las características que tienen los de allí. Teníamos parte de laboratorio, la cual nos permitía aprender todo el trabajo que realiza el protésico. Lo realizábamos nosotros mismos trabajando mano a mano con ellos, cosa que es muy importante, ya que a la hora de trabajar sabemos perfectamente qué se le puede exigir a un protésico, cuándo ha hecho algo mal, o cómo puede mejorar un trabajo. En definitiva, facilita la comunicación con el técnico de laboratorio. Además de que teníamos pacientes durante todo el día».

A este respecto, para el Dr. Andrés Sánchez Monescillo, formado en las Universidades Rey Juan Carlos y Complutense de Madrid y con Erasmus en Coímbra (Portugal) y posgrado en Los Ángeles (EE UU), «es verdad que fuera de España se trata mucho laboratorio y eso te da un bagaje diferente. Puedes controlar qué y cómo es lo que hace el técnico y crecer al mismo tiempo. Aquí, yo no era capaz de decirle al técnico por qué no me gustaba un trabajo, no conocía la anatomía en profundidad y no veía los detalles suficientes para describirle al técnico dónde estábamos fallando. Ahora solo me hacen falta unos segundos para localizar el problema. En España, en general, estamos muy bien formados científicamente, pero falta un poco de trabajo. En las universidades americanas el alumno se esfuerza, lee literatura y pone muchas horas de su tiempo mientras que aquí la filosofía, por lo general, es cumplir, ir a clase, hacer los exámenes y disfrutar. Al final esa intensidad y horas extras, de alguna forma se notan».

Visión multidisciplinar

Además, otro de los rasgos diferenciadores en el método formativo de EE UU con respecto al de nuestro país es, en opinión de la Dra. Suárez, «el aspecto interdisciplinar. Allí valoran mucho la Odontología interdisciplinar, realmente hay una comunicación muy destacada entre las diferentes disciplinas».
Ése fue, precisamente uno de los motivos que empujaron al Dr. Sánchez Monescillo a viajar al extranjero a seguir con su formación. «En mi opinión, hay algo que nos hace enfocar la Odontología de forma errónea. Al final lo que manda es la estética y la armonía de la cara junto a la función, y las demás ramas deben ir acorde a esta visión. Yo carecía de una visión contundente en cuanto a la estética y, para el enfoque que quería dar a mi práctica clínica necesitaba una visión más global del paciente que me permitiera poder manejar a un equipo. Creo que la Odontología en EE UU es más multidisciplinar que aquí. Por eso decidí irme y creo que fue un acierto».

En respuesta a la «crítica» a la universidad española, la Dra.Ana Arias quiso puntualizar que es un aspecto en el que se lleva trabajando ya bastantes años desde diferentes centros: «Actualmente, muchas universidades de España están realizando un gran esfuerzo por integrar todas las áreas. De hecho, al menos en mi Universidad, la integración de la clínica en el Grado es ya una realidad y ha supuesto un progreso docente importante en el que la adquisición de competencias está más enfocada a la realidad de la profesión más allá de la época de estudiante».

Falta de especialidades

A pesar de ser una profunda conocedora del mundo formativo y laboral de la Odontología en el exterior, a la Dra. Estefanía Moreno, miembro del Departamento Internacional Profesional (DIP) del COEM, siempre le quedará esa espinita de ir al extranjero, «sobre todo, porque fuera te consideran un profesional al estar más regulados. En España, el hecho de no tener cierta regulación en cuanto al número de odontólogos por habitante, como sí ocurre en muchos países, genera regiones con tal plétora que es complicado encontrar trabajo o una remuneración acorde con la formación del profesional.

Además, surgen nuevos modelos de negocio que absorben toda esa plétora. No existe una regulación en cuanto a másteres o cursos, no hay nada reglado y gastas una gran cantidad de tiempo y de dinero. No son baratos, no sacas el suficiente provecho y te quedas estancado. Si realizas un posgrado en España no te puedes mover porque son muy pocos los que cuentan con la etiqueta europea o internacional que te permiten de alguna manera su homologación. En cambio, si lo haces fuera, ya eres una especialista, cosa que aquí no sucede, ni creo que llegue a verlo. Si existieran las especialidades oficiales, contaríamos con un reconocimiento que nos permitiría movernos más fácilmente», reivindicó.

Los asistentes al desayuno se mostraron de acuerdo en que la experiencia de formarse en el extranjero es un acierto.

Del mismo modo, Pablo Gao aseguró que «en España existe demasiada heterogeneidad de formación posgraduada, que viene motivada por la falta de especialidades oficiales y por la plétora que exige a los odontólogos recién graduados seguir formándose para diferenciarse. Por ello, siempre es interesante y enriquecedor apostar por una estancia formativa o laboral en el extranjero, sin restar calidad a la formación posgraduada que se imparte a nivel nacional».

En este punto también incidió Ana Arias, quien destacó el alto nivel, «a pesar de la falta de especialidades oficiales, de algunos de los posgrados que se imparten en España. Por ejemplo, en la UCM, contamos con posgrados y profesionales con un gran reconocimiento a nivel mundial. De hecho, tenemos dos entre los cinco mejor valorados de España, a los que además vienen muchos estudiantes de otros países. Formarse fuera está bien, pero es una opción más. Afortunadamente no tenemos que irnos a cursar un programa fuera porque sea necesariamente mejor que los que se imparten en nuestro país. Es más, recientemente se ha conocido el ranking 2018 que publica Quacquerelli Symonds (QS) y la Facultad de Odontología de la UCM vuelve a encontrarse entre las 40 mejores del mundo por tercer año consecutivo. Específicamente en 2018 hemos mejorado aún más ocupando la posición 30 del mundo y 14 de Europa», resaltó.

En el plano laboral es donde actualmente las diferencias entre países son más relevantes, expusieron los participantes en el encuentro. «Son muchos los compañeros que están interesados en trabajar en el extranjero en busca de unas mejores condiciones laborales», destacó Pablo Gao, «pero en lo referente a los posgrados -prosiguió- la tónica general de los estudiantes es la de formarse en España, y en caso de querer seguir profundizando en algunos conocimientos, optar por estancias en el extranjero. No todo el mundo se lo puede permitir por temas económicos», concluyó.

Para el Dr. Sánchez Monescillo, «todo deriva de la cantidad desorbitada de graduados que salen en España, porque, por ejemplo, en EE UU no tienen este problema de esa cantidad de másteres adicionales que surgen. Como la profesión está bien, los estudiantes aprovechan la carrera para aprender y cuando terminan se ponen a trabajar. Y luego, quien realmente quiere hacer las cosas mejor o especializarse hace un posgrado, y éstos están muy limitados. Los requisitos y los trámites de acceso son muy exigentes y en algunas ocasiones se dilatan en el tiempo».

Una recomendación en la que coincidieron para los interesados en estudiar fuera es trabajar dos o tres años mínimo antes de realizar un posgrado: «Esto ayuda a afianzar la especialización en la que te quieres formar. El posgrado se aprovecha mucho más al haber trabajado antes», destacó la Dra. De Lachiondo.
En este aspecto ahondó también el Dr. Sánchez Monescillo: «Salir fuera después de tener un poco de experiencia, ya sea para trabajar o para seguir formándote, aporta un ‘plus’, se aprovecha más, porque quizás cuando acabas la carrera eres demasiado joven y no exprimes todo lo que deberías una experiencia como esa».