De izda. a dcha., Fernando Fernández (GACETA DENTAL); Fernando Folguera; José Ávila Crespo; el Dr. Jacobo Somoza; José Luis del Moral (GACETA DENTAL) y los doctores José Aranguren, Guillermo Pradíes y Jonathan Mulas.

Revolución tecnológica en el campo dental

¿Es la Odontología digital una realidad en la práctica clínica diaria? Si bien disciplinas como la Implantología, la Ortodoncia y la Prótesis están experimentado un significativo avance en los últimos años gracias a la digitalización, todavía quedan muchos pasos que dar para lograr una adecuada adaptación a las nuevas técnicas, que pasan por un cambio en la mentalidad de los actores implicados, así como en el modelo de negocio de clínicas y laboratorios. Entre sus principales bondades destacan una mayor eficacia y precisión, la rapidez, la comodidad del paciente y una mejor comunicación entre clínica-laboratorio y odontólogo-paciente.

La tecnología digital ha llegado a la Odontología para quedarse. Y lo ha hecho por las numerosas posibilidades que ofrecen los nuevos equipos y los flujos de trabajo cien por cien digitales en la labor diaria tanto de clínicas como de laboratorios. Esta es la visión compartida por los profesionales reunidos por GACETA DENTAL en un desayuno de trabajo en el que se abordaron, entre otros asuntos, cómo toda esta tecnología va a formar parte del desarrollo del sector dental y cómo los cambios en los protocolos de trabajo afectarán a todos los miembros de la cadena de la atención dental: odontólogos, protésicos y pacientes.

Asistieron al encuentro el Dr. Guillermo Pradíes, profesor titular de Prótesis y Oclusión y director del Departamento de Prótesis Bucofacial de la Universidad Complutense de Madrid (UCM); el Dr. Jacobo Somoza, especialista en Odontología Estética por la Facultad de Odontología de la UCM; José Ávila Crespo, especialista en tecnología CAD-CAM del Laboratorio Ávila Mañas; el Dr. José Aranguren, profesor Asociado de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) y director del Máster de Endodoncia Avanzada de la URJC; Fernando Folguera, director del Centro de Formación Folguera-Vicent y el Dr. Jonathan Mulas, graduado en Odontología por la Universidad Alfonso X el Sabio (UAX) y cofundador de la empresa tecnológica Icnodent.

«Conejillos de indias»

El debate se inició poniendo sobre la mesa si realmente la tecnología evoluciona de acuerdo con las necesidades de los profesionales o si, por el contrario, ha tomado la delantera a las mismas. Para el Dr. Guillermo Pradíes, «sí es verdad que hemos avanzado muchísimo y que nos queda todavía por avanzar, pero en numerosas ocasiones las casas comerciales venden productos que todavía no están realmente terminados y los promocionan de una manera que ‘nos intoxican’ con lo que son capaces de hacer. Eso creo que es algo que los dentistas debemos empezar a manejar de una forma más razonable».

Al hilo de esta afirmación, Fernando Folguera lanzó varias preguntas a los asistentes: «¿No pensáis que en algunas ocasiones las casas comerciales nos utilizan como laboratorio de prueba? ¿Cómo mejoran éstas o cómo van a ir mejorando? Precisamente con todo lo que nosotros le vamos aportando. En la pasada IDS (The International Dental Show) pudimos ver productos que todavía no están ni tan siquiera comercializados, pero los presentan y generan mucha expectación. La parte comercial va mucho más deprisa que la técnica o de clínica o de laboratorio y ahí es donde creo que estamos en un fuego cruzado, porque tenemos el espíritu de incorporar y de probar para trasladarlo al paciente».

De la misma opinión se mostró el Dr. Jacobo Somoza al asegurar que «está claro que nos usan de conejillos de Indias y, sobre todo, lo que falta es mucho desarrollo de software. En el tema digital se está haciendo prácticamente lo mismo que se hacía en el mundo analógico, pero con herramientas digitales. Las empresas van creando una expectativa y realmente no hay un desarrollo. Tienen que implicarse mucho más en el tema del software, que es lo que realmente nos hace realizar cosas diferentes y darnos herramientas más potentes que nos ahorren más tiempo. Las que están apostando por el software son las que empiezan a liderar un poquito el mercado».

A este respecto, el Dr. José Aranguren afirmó que es verdad que a veces las empresas intentan realizar lanzamientos demasiado pronto con productos que aún no están muy rodados. No obstante, los primeros microscopios que salieron al mercado no tienen nada que ver con los actuales y los registros de prótesis, que ahora son todos digitales, al principio se escuchaba que no estaban muy desarrollados y, hoy en día, me imagino que serán mucho más precisos».

Cambiar el «chip»

Parecida opinión mostró el Dr. Jonathan Mulas, creador junto a su hermano Christian de un software para gafas de realidad aumentada que permite a los pacientes disminuir su ansiedad cuando se sientan en el sillón del dentista, al afirmar que «lo habitual es poner en el mercado un producto mínimamente viable y a partir de ahí actualizarlo y mejorarlo, aunque entiendo que las grandes casas comerciales sí que tendrían que invertir mucho más en lo que son las pruebas clínicas.

Transformar y mejorar la relación entre la clínica y el laboratorio que redunde en beneficio del paciente es uno de los principales retos de los profesionales.

La tecnología y el ser tecnológicos es una filosofía, una manera de pensar. Existe mucho desafío entre los dentistas hacia las tecnologías, muchos de ellos siguen pensando que una corona de metal porcelana va a ser siempre mejor que cualquier tipo de corona fabricada con CAD-CAM.

Ese miedo y rechazo, sobre todo a la formación, viene de esa idea general de que hay que desarrollar todavía la tecnología. Los procesos de innovación requieren un cambio en ese tipo de mentalidad».
En este sentido, Fernado Folguera aseguró que «lo que necesitamos es formación y nadie la está dando realmente. Para mí también son una filosofía las nuevas tecnologías, incluso llego a afirmar que igual tenemos que desaprender para aprender una nueva forma de trabajar y creo que eso viene de la mano de la formación. Y ahí sí que considero que somos los profesionales los que tenemos que tomar las riendas, porque si no lo hacemos no sé lo que puede pasar».

Para el Dr. Somoza, que se mostró de acuerdo en que la clave es la formación, «el problema no es tanto que la haya o no, sino que hay mucha parte de nuestra profesión, tanto técnicos como clínicos, que se muestra reacia a recibirla. El mundo digital no tiene nada que ver con el analógico, los flujos son totalmente diferentes y hay que desaprender lo que sabemos para trabajar de otra manera y eso es formación, pero no solo es un problema de escasez de oferta, sino de cambio de mentalidad».

Democratización

Por su parte, José Ávila Crespo afirmó que «los laboratorios han dado un salto digital tremendo, quizás forzados porque había una necesidad evidente de reinventarse, ya que la industria y la forma productiva ha cambiado. Lo importante es disponer de todas las herramientas a nivel operativo y que sean accesibles. Tenemos que intentar que la tecnología sea lo más democrática posible dentro de la comunidad dental. Y en este sentido la formación es la clave de todo, entre las universidades, las escuelas, las propias casas comerciales con sus programas de formación, más una parte autodidacta del profesional, la formación continua, asistiendo a ferias, cursos, congresos…».

En sentido contrario, el Dr. Somoza aseguró que «no veo factible el tema de la democratización porque si tú quieres invertir en una máquina avanzada tienes que gastar mucho en software, lo que significa invertir mucho en personas. Al final todo el mundo quiere comprar un escáner barato, o un software de Cirugía o de Ortodoncia que no tenga mantenimiento, y eso es un grave error porque sin él no hay actualizaciones y ese software está muerto. Los productos más caros y con más mantenimiento son los que tienen más desarrollados sus flujos de trabajo. En lo que sí que hay que insistir es en la necesidad de realizar un cambio de mentalidad importante para que la gente empiece a comprender que no somos un mercado masivo, que si la industria tiene que evolucionar debe invertir más en software».

Todos los asistentes coincidieron en que el futuro pasa por realizar un cambio tanto en el modelo de negocio como en los procesos de trabajo existentes en la actualidad.

Ávila insistió en que «no está masificado porque evidentemente los productos tienen un coste al que no todo el mundo puede acceder, pero la tecnología irá avanzando y van a ser herramientas que tenderán a estandarizarse. Habrá democratización cuando el acceso a esa tecnología sea a muchos niveles».

Para el Dr. Pradíes «no es un problema ni de hardware ni de software, sino una idiosincrasia del español, que sea de donde sea, quiere algo que, una vez que lo ha comprado y aunque pague mucho por él, jamás tenga que volver a pagar nada. Y de hecho, nuestros pacientes son así, vienen a arreglarse la boca para no venir más. Me parece importante resaltar en este foro que no tenemos el cerebro acostumbrado a que las cosas no solo se compran, sino que se mantienen y se actualizan».

Bueno para todos

El Dr. Pradíes introdujo en este momento del debate otro tema candente, «que es la relación clínica-laboratorio y cómo se interpreta. Es un punto complicado, conflictivo e incómodo en el que todos estamos intentando navegar con la mejor filosofía y paciencia posible, pero que es realmente imparable. La tecnología nos está ofreciendo posibilidades que antes eran impensables y que funcionan bien y, obligatoriamente, va a cambiar el modelo de atención al paciente. Nos guste o nos disguste a unos y otros colectivos, que ya tenemos generados una serie de derechos, una vez más tendremos que adaptarnos».

Por su parte, Ávila aseguró que «es una gran oportunidad para el laboratorio de ofrecer una serie de servicios tecnológicos digitales como ya se está haciendo en otros países donde el diseño se realiza en la nube. Es una manera de interactuar y generar una sinergia de comunicación con los clínicos. Tenemos que ser abiertos y no ponerle pegas a la tecnología, que está suponiendo toda una revolución, pero también con un control, porque el laboratorio ha sufrido mucho debido a numerosos agentes externos que son de una gran competencia. Vamos a ver cómo podemos entendernos para que redunde en beneficio del paciente, del clínico y del laboratorio», concluyó.

Para Fernando Folguera «podríamos afirmar que existe la posibilidad de que de aquí a cinco o diez años muchos laboratorios e incluso unas cuantas clínicas dentales puedan desaparecer hasta que no se asuma que han cambiado las reglas del juego, porque se han quedado obsoletos. Nuestra tabla de salvación son las nuevas tecnologías, pero tenemos que súper especializarnos. No voy a ser ingeniero, ni informático, pero necesariamente voy a tener que ser un diseñador».

A este respecto, el Dr. Somoza se mostró rotundo al afirmar que «el más reacio al cambio no es el clínico, es el laboratorio, que tiene miedo porque piensa que va a desaparecer el negocio y precisamente es el modelo de dicho negocio lo que hay que cambiar. Tienen que invertir mucho en CAD y no pensar tanto en que son productores de una prótesis como en que son desarrolladores y diseñadores de ese producto. El clínico no tiene tiempo de planificar muchas veces, con lo que es lógico que cuente con centros de planificación».

Por su parte, Ávila añadió que «creo que en España tenemos que transmitir el mensaje de que los laboratorios no deben preocuparse porque son los que tienen que estar más preparados tecnológicamente y los que realmente tienen la responsabilidad de dinamizar y ayudar a las clínicas en muchísimas ocasiones para poder desarrollar todos los tratamientos. Nosotros, al final, somos ingenieros dentales, debemos dar un mensaje alentador a la comunidad dental española para motivar en lo que es la transformación y la formación continua. Es el momento de realizar un sobreesfuerzo y una auto transformación porque el mercado y la situación nos lo está exigiendo».