Figura 1

«El bisturí en la mano y en la mente, la prótesis», decía a menudo Feliciano Salagaray. Y es que es bien sabido que para planificar los implantes y, en general, la fase quirúrgica del tratamiento, hay que tener prevista la restauración que pretendemos hacer, la que tenemos «pactada» con el paciente. Trabajar de otro modo es empezar a andar sin saber a dónde pretendemos llegar: puede salirnos bien o no.

Presentamos dos casos para ilustrar este importante principio. Son casos simples, pero en los que se le ha dado la oportunidad al paciente de decidir su preferencia de tratamiento. Si ya en estos casos sencillos este principio ha influido en el resultado, su importancia crece en progresión geométrica conforme aumenta la extensión y complejidad de nuestra restauración.

Caso 1

Un varón de 61 años se presenta en la consulta con dolor e infección causada por fractura radicular de 14. El 15 está ausente y 16 mesializado, con cierre incompleto del diastema. La distancia entre mesial de 16 y distal de 13 era de 11.5 mm, cuando normalmente debería ser de unos 14 mm (Figura 1).

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