Gonzalo Gutiérrez, investigador del Grupo de Ingeniería Biomédica de la Universidad de Valladolid.

Pretenden simplificar las actuales pruebas que identifican el SAHS

Científicos de la Universidad de Valladolid (UVA) han desarrollado pruebas del Síndrome Apnea-Hipopnea del Sueño con una capacidad diagnóstica superior al 90%, lo que simplificará la detección de esta enfermedad y reducir sus costes sanitarios.

Investigadores del Grupo de Ingeniería Biomédica (GIB) de la Universidad de Valladolid (UVA) trabajan en el desarrollo de pruebas simplificadas del Síndrome de la Apnea-Hipopnea del Sueño (SAHS) a partir del análisis automático de diferentes tipos de señales fisiológicas, principalmente el nivel de saturación de oxígeno en sangre y el flujo aéreo.

En sus últimos estudios, los científicos lograron una capacidad diagnóstica de más del 90%, lo que permitiría, en un futuro, realizar las pruebas para la detección de esta enfermedad en el propio domicilio del paciente, reducir la complejidad en el diagnóstico y disminuir así el coste sanitario y las saturadas listas de espera que actualmente manejan las unidades del sueño de los hospitales españoles.

Método diagnóstico

Gonzalo Gutiérrez, investigador del Grupo de Ingeniería Biomédica de la Universidad de Valladolid.
Gonzalo Gutiérrez, investigador del Grupo de Ingeniería Biomédica de la Universidad de Valladolid.

Actualmente el método de diagnóstico de referencia es la polisomnografía (PSG), que consiste en la monitorización del paciente en una unidad del sueño especializada bajo supervisión de personal cualificado. Durante esta prueba, se registran más de 30 variables fisiológicas que, posteriormente, son estudiadas por el médico especialista, quien evalúa la presencia de apnea de sueño y el grado de severidad. Sin embargo, esta metodología conlleva diversos problemas: requiere la hospitalización del paciente durante una noche; supone unos elevados costes sanitarios, obliga al especialista a analizar manualmente registros de unas ocho horas de duración y colapsa las unidades del sueño, incapaces de hacer frente a un número creciente de afectados.

Por ello, según Gonzalo Gutiérrez, investigador del GIB que ha centrado su tesis doctoral en esta materia, «nuestro objetivo ha sido simplificar esa prueba desarrollando métodos de ayuda al diagnóstico mediante la utilización de un número muy reducido de señales fisiológicas, en concreto, tratamos de utilizar una única señal. Esto es posible gracias al uso de modelos matemáticos de reconocimiento de patrones, que permiten extraer, de forma automática, información que no es perceptible a simple vista por un especialista».

Tres señales biológicas

Los investigadores de la UVA han trabajado principalmente con tres de las señales fisiológicas que se recogen habitualmente durante las polisomnografías: la pulsioximetría o saturación de oxígeno en sangre, que mide de forma no invasiva el oxígeno transportado por la hemoglobina; la señal de flujo aéreo, que representa la cantidad de aire inhalado y exhalado por el paciente, cuyo registro se realiza con dos tipos de sensores diferentes; y la variabilidad del ritmo cardiaco, que calcula el tiempo de los intervalos entre latidos.

«A nivel de rendimiento diagnóstico hemos obtenido muy buenos resultados, tanto con la señal de pulsioximetría como con la señal de flujo aéreo, llegando en ambos casos a más del 90% de precisión diagnóstica. En el caso de la señal de variabilidad del ritmo cardiaco hemos conseguido un 86% de precisión», explica Gutiérrez.

Los investigadores de la UVA han diseñado, además, algunos protocolos de cribado previo de pacientes, lo que permitiría reducir la realización de polisomnografías en el hospital hasta en un 40%.