«tenemos que recuperar la visión sanitaria de nuestra profesión»
De izquierda a derecha, Guillermo Pradíes, Luciano Badanelli, José Luis del Moral, Fernando de las Casas, Francisco Troyano y Pedro Herrera.

Calidad de la prótesis dental

Ha quedado lejos ese tiempo en el que dentistas y protésicos libraban una batalla por establecer culpables de trabajos mal confeccionados, y hoy en día, estos dos ámbitos han comprendido que para alcanzar la calidad del producto, el clínico y el técnico deben trabajar codo con codo en pro de un óptimo resultado final.

En este desayuno de trabajo hemos reunido a odontólogos y protésicos con el fin de establecer unos criterios básicos que establezcan unos estándares de calidad de la prótesis dental. Con ellos, hemos debatido acerca de los materiales, las instalaciones de clínicas y laboratorios, la capacitación de los profesionales, su formación y experiencia y todo aquello que determina las propiedades del producto sanitario.

Entre los protésicos, asistieron Pedro Herrera, director de Prótesis del Sur y vicepresidente de la Asociación Científica Andaluza para la Divulgación de la Prótesis Dental (ACADEN); Francisco Troyano, director del Centro Dental Troyano, y Fernando de las Casas, director del laboratorio De las Casas y miembro del Comité Científico de GACETA DENTAL. Y entre los odontólogos concurrieron los doctores Luciano Badanelli, especialista en estética dental, prótesis e implantes, y Guillermo Pradíes, director del Departamento de Prótesis Bucofacial de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), centro donde es profesor titular de Prótesis y Oclusión.

Salud vs. estética

Fernando de las Casas fue el encargado de abrir el debate: «Aunque este desayuno se centra en la calidad de la prótesis dental, no podemos dejar de lado la importancia de la salud bucodental. La sociedad desconoce que una buena oclusión tiene un impacto directo sobre la salud general, haciendo que el paciente mastique y digiera correctamente, lo que repercute directamente en el equilibrio del organismo. Nuestro deber es informar a la población de estos aspectos porque en la televisión solo se habla de estética y de implantes a doscientos euros sin ningún tipo de garantía y la información que le llega al paciente está centralizada en entidades que venden mercantilismo puro».

El Dr. Luciano Badanelli interviene en esta misma línea y afirma que «hay que recuperar la visión sanitaria de nuestra profesión. A través de los medios de comunicación hemos creado una necesidad de estética, pero debemos transmitir que nuestros servicios no son un lujo sino una obligación sanitaria».

Para Francisco Troyano también «es fundamental que la opinión pública conozca la importancia de la calidad de la prótesis dental y su repercusión en el organismo». Sin embargo, el Dr. Guillermo Pradíes es más pesimista en este sentido y cree que cambiar la mentalidad de la sociedad no es tan sencillo porque «¿realmente la gente busca calidad?», pregunta el odontólogo. Cada vez hay menos gente que quiere esta cualidad y hoy en día solo se presta atención al precio. Podemos comprobarlo cuando acudimos a un establecimiento chino y vemos que está abarrotado de gente comprando destornilladores que se parten en dos trozos cuando los utilizas y, sin embargo, estos negocios proliferan constantemente».

Pero Pedro Herrera opina que, cuando hablamos de salud, se otorga más importancia a la calidad, y afirma, «de ahí la importancia y nuestra obligación de unir la calidad a la salud dental, porque detrás de un buen producto, no solo está el material empleado, existen muchos otros aspectos que determinan el resultado final de una prótesis dental, y esto es lo que debemos comunicar a la población».

La guerra de precios

Cuando hablamos de calidad, a todos se nos vienen a la mente las propiedades de los componentes de un producto, pero cuando nos referimos a un servicio sanitario, para los expertos reunidos en esta jornada de trabajo, existen muchos más factores determinantes. Según el Dr. Badanelli, «nos hemos equivocado al entrar en una guerra de precios basada en los costes de los materiales, porque la fresa de la turbina, las resinas, las cerámicas… son prácticamente las mismas y nos cuestan más o menos lo mismo a todos, exactamente igual que el tubo de óleo que utiliza mi hijo es el mismo que utilizaba Dalí».

«Hoy en día todos contamos con unos materiales extraordinarios y muy buena tecnología –prosigue Francisco Troyano–, pero no sirve de nada tener una cerámica maravillosa si luego no sabes modelarla y realizas un trabajo mediocre. Nosotros manejamos un producto manufacturado que necesita de la habilidad de nuestras manos. Solo a través de la formación podemos conseguir un resultado de calidad».

Por esta razón, para Luciano Badanelli, «el coste de un tratamiento no puede estar basado en el precio de los materiales, sino en el resultado del trabajo, que está sujeto a nuestros conocimientos y habilidades, a nuestra experiencia y bagaje profesional, es decir, a nuestro hecho diferencial, porque un lápiz no vale nada, pero con él se puede escribir el Quijote».

Pedro Herrera también declara que detrás de la calidad no solo está el material empleado, sino la formación continua del equipo, y la inversión realizada en obtener ese conocimiento se ve reflejada, inevitablemente, en el precio de los tratamientos. «Las técnicas y los materiales cambian día a día, y estamos obligados a invertir continuamente en tecnologías que evolucionan a un ritmo vertiginoso, por lo que, si queremos hacer una buena prótesis tenemos que tener personal cualificado, formado e instruido, lo cual debe ir unido a un sueldo adecuado, y por supuesto, a unas instalaciones apropiadas. Todo eso tiene unos costes que repercuten en los precios. Por eso cuando oigo en la televisión ‘Primeras calidades por 200 euros’, no lo entiendo e, indudablemente, veo implícita una falacia».

Fernando de las Casas manifiesta que el paciente desconoce esta realidad. Así, afirma que «la mayoría de las personas no saben que existe un protésico, y debemos informar de que hay un técnico que hace la prótesis y un clínico que la prepara e instala, y reforzar la importancia de acudir a clínicas y laboratorios que puedan demostrar tener unos conocimientos y una valía».

Para Luciano Badanelli es necesario justificar los costes de los tratamientos de cara al paciente «porque si no lo hacemos estamos permitiendo que venga una franquicia y tire nuestros precios por el suelo». Ante esta situación, lo que nunca debemos hacer, según este odontólogo, «es afirmar que nuestros productos y servicios son más caros porque los materiales que empleamos son de mayor calidad y cuestan más, porque lo que vale el doble, no es el implante que utilizo, sino mi formación, conocimiento y experiencia, y es ahí donde debemos poner el énfasis, así que dejemos de hablar de dinero y centrémonos en lo realmente importante: la cualificación del profesional».

Calidad y formación

La formación no solo es una inversión para Pedro Herrera, «sino una necesidad y una obligación para el profesional que se preocupa por dar un buen servicio a sus pacientes. Mantener a un equipo formado, en sus distintas especialidades, cuesta mucho dinero, y eso va a repercutir en la calidad del producto sanitario que se fabrica para cada uno de los pacientes de forma individualizada».

«tenemos que recuperar la visión sanitaria de nuestra profesión»
Odontólogos y protésicos manifestaron la necesidad de trabajar conjuntamente para obtener un buen resultado.

«Yo como técnico –continúa Francisco Troyano–, cuando recibo unas impresiones, ese paciente pasa a ser mío y discuto con el odontólogo para llegar a un consenso sobre lo mejor que podemos ofrecerle. Eso es lo que determina la calidad del tratamiento; el hecho de sentarnos a trabajar juntos y valorar qué es lo mejor, no el material que vamos a emplear, sino el conocimiento. Eso es lo que encarece el producto. Yo he cuantificado lo que me gasto en mantener a mi equipo bien formado, en cursos, libros, congresos, estancias…, y me he dado cuenta de que invierto muchísimo en formación, y lo hago porque sé que es necesario y soy consciente de que lo que hago hoy, probablemente, no tenga nada que ver con la técnica que emplee dentro de dos años, por lo que tengo que reciclarme continuamente».

El doctor Badanelli cree que el paciente sigue prefiriendo a un profesional de confianza. «Yo tengo pacientes que he tratado desde niños y que ahora tienen hijos a los cuales también trato. Ese bagaje es muy importante y hace que la persona que tienes en frente deposite toda su confianza en ti porque cree que estas perfectamente formado, y si no lo estás incurres en un engaño. Cuando yo pongo una corona no doy a elegir a mi paciente entre dos materiales o dos precios porque él no sabe lo que le conviene y, lógicamente, se deja aconsejar por mi equipo, que es el que decide lo que es mejor para su salud bucodental. El problema es que vamos hacia una despersonalización de la sanidad y nuestro deber es evitar que esto ocurra».

Pero para Guillermo Pradíes, «la confianza de los pacientes no determina la destreza de los dentistas y, tradicionalmente, los odontólogos de siempre han sido capaces de convencer a sus pacientes de que son los mejores del mundo sin tener ningún tipo de formación, y hay muchos profesionales que tienen las consultas llenas de personas que creen en ellos ciegamente y, probablemente, no hayan acudido a un congreso ni a un curso de formación durante los últimos veinte años».

Al respecto, Francisco Troyano manifiesta que «los responsables del deterioro que está sufriendo nuestra profesión son muchos desalmados que se aprovechan del desconocimiento de la población con respecto a la Odontología». Para Fernando de las Casas, «estos pacientes mal informados no tienen referencias, y basan la elección de su dentista en función de lo que ven a través de los medios de comunicación, que son un montón de anuncios de franquicias lanzando ofertas inviables».

Al hilo de lo que comentaba el doctor Pradíes, Luciano Badanelli aporta unas cifras alarmantes respecto a la escasa formación continuada que se realiza en España: «en nuestro país hay más de veinticinco mil dentistas colegiados, de los cuales, solo dos mil acuden a los congresos, y lo que es más grave, de esos pocos que sí se interesan por seguir aprendiendo, hay una base de más de mil que se repiten en todos los eventos formativos. Con los protésicos pasa exactamente lo mismo, por lo que mientras no logremos cambiar el funcionamiento de nuestra profesión desde dentro no podremos pretender cambiar la mentalidad de la población».

«Por otro lado –interviene Pedro Herrera–, del mismo modo que me genera desconfianza ese profesional que lleva media vida trabajando y no se ha reciclado jamás, casi me dan más miedo los jóvenes recién licenciados que son dirigidos por personas ajenas a la profesión que solo tienen intereses economicistas y han venido a nuestro sector para vivir del trabajo de los odontólogos y técnicos, y no tienen criterios profesionales ni sanitarios porque solo ven costes y beneficios».

Según el doctor Badanelli, «no es lo mismo un recién licenciado dirigido por uno de esos empresarios a uno instruido por un profesional experimentado que sabe cuáles son sus capacidades, qué puede delegar en él, en qué aspectos flojea y cuándo tiene que supervisarle. La gente joven sale de la universidad mejor formada que nosotros en nuestra época, el problema es que les falta experiencia y la adquieren bajo unas condiciones laborales nefastas, pero la responsabilidad última de aceptar o no esa situación de trabajo es suya».

Pedro Herrera defiende que la situación del mercado laboral no les deja otra opción y expone un caso esclarecedor: «Yo conozco a un chaval que afirma cobrar ochocientos euros, y lo preocupante es que está satisfecho porque dice que, de su grupo de amigos, es de los pocos que no pide dinero a sus padres. Este es nuestro gran fracaso, que hayamos llegado al punto en el que un profesional explotado, que no es dueño de sí mismo, se contente con estas condiciones. Y si ese empresario, que contrata a un joven que aún no ha terminado de formarse, además llama a un laboratorio que entra por el aro de los precios que ya ha impuesto y fijado previamente, el resultado es una falta de calidad total».

«Esta situación no sería tan grave si estuviéramos hablando de una prótesis social que pretendiera llegar a distintos estratos de la población –continúa Herrera–, pero no es el caso, porque al final los precios de estas franquicias, al margen de publicidades, no son los más baratos que podemos encontrar en el mercado porque, por un lado, anuncian el implante a doscientos euros, pero luego van sumando otros servicios, que la mayoría de dentistas no suelen cobrar, y al final tienen precios similares a otras clínicas donde hay muy buenos profesionales. Esto es lo que está deteriorando la profesión».