cinco docentes del sector analizan la importancia de la formación de posgrado
Los asistentes al desayuno de prensa, organizado por GACETA DENTAL en el Hotel Palace de Madrid, debaten sobre la amplia oferta formativa en el sector de la Odontología.

Cinco docentes del sector analizan la importancia de la formación de posgrado

Másteres, títulos propios, diplomas, certificados, cursos privados o promovidos por la industria… La oferta formativa, tanto para el recién licenciado como para el profesional consolidado, es muy amplia y variada, por lo que, como afirman los expertos reunidos por GACETA DENTAL en este desayuno de prensa, «hoy en día quien quiere formarse se forma».

La proliferación de los programas de formación de posgrado durante los últimos años ha motivado la organización de un desayuno de prensa para debatir acerca de la necesidad de seguir formándose tras la carrera universitaria y durante la vida profesional de un dentista, así como para analizar la calidad de los cursos que, tanto instituciones públicas como privadas, ponen a su alcance.

Los doctores Javier Alández Chamorro, director clínico y de formación de posgrado del Grupo Plénido; Juan Carlos Prados Frutos, profesor titular y director del «Máster de Cirugía Bucal e Implantología» en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC); José A. Rábago, profesor de la 20ª promoción del «Título experto en Cirugía y prótesis sobre implantes» y profesor de Implantología en Ceodont; Primitivo Roig, director del «Diploma en dirección clínica y gestión odontológica» y director de dentalDoctors, y Andrés Sánchez Turrión, profesor del «Máster en Ciencias Odontológicas» de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y miembro del Comité Científico de GACETA DENTAL, se han reunido en el Hotel Palace de Madrid para hablar sobre la formación de posgrado. El doctor Juan Carlos Prados Frutos es el encargado de abrir el debate: «La formación a nivel de grado es muy limitada para algunas especialidades o ciertos sectores de la Odontología. Este hecho obliga a que el recién licenciado tenga que realizar cursos formativos de posgrado para profundizar más en ciertas materias».

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También se abordaron temas como la formación on line, la industria como empresa formadora o el aval universitario como garantía de calidad.

De la misma opinión es el doctor José A. Rábago: «La necesidad de realizar cursos de posgrado depende de lo que se quiera hacer cuando se termina la carrera, pero es obligatorio si uno se quiere especializar en algún área de la Odontología. Y eso no quiere decir que el grado no sea bueno, el que quiere aprender aprende, pero lamentablemente hay mucha gente que no quiere formarse. Aun así, cuando sales de la universidad, no tienes capacidad quirúrgica para poner implantes o hacer la extracción de un cordal. Además, nuestra profesión de por sí requiere una formación continua y con cincuenta años uno sigue necesitando formarse para mantenerse al día».

Para Prados Frutos, «cuando hablamos de cursos de posgrado no debemos limitarnos a los dirigidos al alumno recién graduado, ya que todo profesional debe realizar una formación continua. El dentista está obligado a actualizarse en muchos aspectos, desde la Odontología general a temas puntuales de algunas áreas de especialización. Por esta razón es necesario que abramos nuestros programas formativos a los recién licenciados y a aquellas personas en ejercicio».

El doctor Andrés Sánchez Turrión se muestra conforme con lo que dicen sus compañeros de profesión y expone que «es cierto que durante el Grado hay materias en las que se profundiza más que en otras, por lo que es necesaria una formación de posgrado, y por supuesto, hay que estar formándose continuamente, durante toda la vida. Y en este momento más que nunca, porque estamos ante la mayor revolución tecnológica de la Odontología y de un día para otro nos hemos encontrado con las impresoras 3D, la fotografía digital y una serie de innovaciones que han transformado el sector. Si no te formas en estos aspectos, te quedas obsoleto».

Javier Alández afirma que es necesario diferenciar entre la formación posgraduada y la continua. «En cuanto a la de posgrado, hay que destacar que nuestro sector se ha especializado y tecnificado mucho, y las expectativas de los pacientes han cambiado totalmente, por lo que los recién licenciados no están preparados para la Odontología de hoy. Y en cuanto a la formación continuada, resulta asombroso que todavía hoy haya muchos profesionales que trabajan en clínicas de nivel y que nunca se han visto en ningún congreso ni curso, y éste es uno de los principales retos de los colegios y las sociedades científicas, que ese dentista que está encerrado entre cuatro paredes acuda a estos cursos y siga formándose».

Prados Frutos se retrotrae en el tiempo, a una época en la que cuando un profesional terminaba su carrera, acto seguido ponía su consulta y empezaba a trabajar: «Es verdad que los requerimientos de los pacientes eran menores, pero también es cierto que antes abríamos la consulta tras seis años de Medicina y otros tantos de Estomatología, y esto favorecía, junto con una época adecuada, que las cosas funcionasen de otra manera. Yo siempre digo a mis alumnos que lo que no podemos hacer es ver dientes, tenemos que ver pacientes, porque si hacemos esto nos transformamos en hacedores de agujeros en el hueso para colocar un tornillo. Yo creo que hay que cambiar el planteamiento del profesional frente al paciente y frente a la sociedad actual. La universidad hace lo que las instituciones le permiten, y la mayor parte de los profesores hacen más de lo que pueden, pero las armas que tenemos son muy limitadas, por lo que nos contentamos con sacar a la calle a un odontólogo general que tenga una visión global de la Odontología y una buena actitud frente al paciente. Por tanto luego, obligatoriamente, es necesario realizar una formación de posgrado».

Llegados a este punto, el doctor Alández quiere dejar claro que los docentes presentes en la sala no consideran la formación de grado «deficiente». «Nosotros no analizamos ni juzgamos la formación universitaria, lo que cuestionamos es si es suficiente o insuficiente», aclara.

Matización que agradece el profesor de la UCM, Andrés Sánchez Turrión: «Si bien es verdad que el Grado podría ser más instructivo o profundo en la formación docente, no es menos cierto que a la universidad le dan diez créditos teóricos y diez prácticos, y con eso se las tiene que arreglar como pueda y tiene que distribuir ese tiempo de la mejor forma posible y para ciertas materias ese tiempo es insuficiente».

Por eso, como afirma el doctor Alández, «el pregrado es bueno, pero insuficiente para dar la formación que hoy en día necesita un odontólogo, que no es la misma que la que necesitaba hace años. Y también hay que tener en cuenta que la gente que sale hoy en día de la carrera tiene veintidós o veintitrés años y nuestra profesión no solo consiste en saber hacer las cosas, también hay que enfrentarse al paciente y transmitirle seguridad y confianza. Los recién licenciados no se ven preparados para ejercer la Odontología diaria, por lo que se recolocan en másteres para seguir formándose, ya no en cuestiones técnicas sino personales. Esto se suma a que, en la actualidad, cuando uno acaba el Grado no encuentra trabajo fácilmente y decide seguir aprendiendo para aumentar sus posibilidades».

cinco docentes del sector analizan la importancia de la formación de posgrado
Durante el encuentro se habló de la necesidad de seguir formándose tras el Grado y durante toda la carrera profesional.

En su primera exposición, Primitivo Roig hace una distinción entre tres niveles de formación: «el Grado, el posgrado y la formación continuada», explica. «En la situación que estamos ahora, ni el Grado va a dejar de hacer necesaria la formación continuada, ni es conveniente que esta última sea un parche para las deficiencias de la carrera. Creo que hay que encontrar un equilibrio entre todos los niveles formativos para que puedan complementarse y ayudarse mutuamente con el objetivo de cuidar del profesional a lo largo de su trayectoria y, por supuesto, para tener un impacto final en el paciente, que es el verdadero protagonista. Es cierto que estamos viviendo un momento en la profesión sin precedentes y la gran revolución tecnológica ha cambiado la forma de entender la profesión y esto ha originado que surjan situaciones tan curiosas como que personas que tienen menos de diez años de experiencia, puedan llegar a saber más de algunas cuestiones, o estar más hábiles en el manejo de ciertas técnicas, que otros profesionales que tienen más de treinta años de profesión. En estos momentos, el reto de la curva de aprendizaje la tenemos todos por igual, los más jóvenes, los que estamos a mitad de la carrera y los que se encuentran en el fin de su desarrollo profesional. Es una situación fantástica que hace que haya gente en el atril más joven que los que están como alumnos, y todo esto debe percibirse con naturalidad».

Sánchez Turrión recuerda ahora una frase mítica de Sócrates: «‘Sólo sé que no sé nada’, y eso se dijo en un momento en el que una mente despierta podía abarcar todo el conocimiento de la época, pero hoy eso ya no es posible y solo existen pequeños sabios que lo saben todo sobre casi nada».

La oferta formativa

Está claro que el mercado de formación de posgrado está proliferando y los datos lo demuestran: «El 72% de los dentistas realiza algún tipo de formación continuada y el 30% de ellos dedica más de cien horas anuales a formarse en cursos privados», afirma Primitivo Roig. «Evidentemente es un mercado en expansión y no hay más que coger uno de los últimos números de Gaceta Dental para darse cuenta de que hay más de setenta publicidades de formación, entre las que solo trece son universitarias y, paradójicamente, de éstas, solo una o dos de las que anunciaban posgrados tenían Grado de Odontología, que es algo que nos hace reflexionar acerca de cómo está evolucionado este maravilloso mundo de la formación, que como en cualquier otro sector, se acabará regulando por el propio consumidor, que es el que acabará determinando qué cursos son buenos y cuáles son malos, quién hace falta y quién sobra en esa gran oferta que no me atrevería a decir si es excesiva o no, pero que, desde luego, es abundante».
Ante este volumen de cursos, José A. Rábago ve la necesidad de regular la oferta formativa. «Yo siempre he hablado con el Consejo de por qué no podían ellos regular los títulos, porque no puede ser que un curso de fin de semana se publicite como máster cuando no lo es, es un engaño para la gente y no entiendo cómo es posible que no haya una entidad que regule esto».

Sánchez Turrión distingue entre lo que es la formación de posgrado continuada, con lo que es la formación académica de posgrado. «En la Complutense esto está muy bien establecido y una vez que se termina el Grado, se puede acceder al máster, que concretamente en Odontología, solo existe uno, que es el oficial, de ‘Ciencias odontológicas’. Y todo lo demás se entiende como títulos propios de esa universidad, y dentro de éstos están: los másteres propios, que consisten en una formación teórico-práctica de dos años con un mínimo de quinientas horas; los títulos propios propiamente dichos, o de experto, que son de doscientas cincuenta horas; y los especialistas, que tienen que tener trescientas o más horas. Amén de lo que significa la formación continuada que se divide en: el certificado, de menos de cincuenta horas; y los diplomas, de más de 50 horas. Esa es la estructura universitaria de la formación de posgrado reglada. Y luego están los cursos privados, que algunos son estupendos, pero que no están reglados, y de igual forma que algunos pueden ser muy buenos, otros lo pueden hacer muy mal y hacer muchísimo daño a la profesión. Por eso yo pienso que la formación debe estar reglada o, por lo menos, supervisada».
Pero el doctor Rábago señala un problema al respecto, «porque tú puedes regular los programas de los cursos, pero no puedes reglar la capacidad profesional de cada persona. Tú puedes pensar que yo soy muy malo, pero no puedes demostrarlo, por eso el mercado lo regula el alumno, porque la gente no es tonta y al final ese curso que es malo acaba desapareciendo».