De izda. a dcha., Dr. José Rábago Vega, presidente de la Sociedad Española de Prótesis Estomatológica y Estética (SEPES); Dra. Araceli Morales, presidenta de la Sociedad Española de Implantes (SEI); Dr. Rafael Cisneros, presidente de la Asociación Española de Endodoncia (AEDE); Dra. Paola Beltri, secretaria de la Sociedad Española de Odontopediatría (SEOP); José Luis del Moral, director de GACETA DENTAL, y Dr. Sergio Trapote, secretario ejecutivo de la Sociedad Española de Cirugía Bucal (SECIB).

La nueva convocatoria de los desayunos de GACETA DENTAL reunió en el Hotel Palace a los representantes de algunas de las sociedades científicas más destacadas del sector para analizar, entre otros aspectos, si es idónea la actitud del profesional ante el paciente. Además, sobre la mesa de debate se habló de los tratamientos dentales o de la necesidad de dignificar la profesión. Una interesante reunión en la que se reivindicó la importancia de mejorar la formación práctica y humanística de las nuevas generaciones de odontólogos.

Que los jóvenes de hoy tienen una excelente formación, comparable, si no superior a la de antes, pocos lo dudan. Lo que sí se cuestiona es si el trato al paciente que se dispensa a día de hoy es el idóneo. Parece que se ha pasado de una relación más humana a una más comercial. Sobre la mesa la siguiente pregunta: ¿Hay mucha técnica y poco trato?

Relación con el paciente

El Dr. Rafael Cisneros, presidente de la Asociación Española de Endodoncia (AEDE), distingue en la formación dos parcelas: la técnica y la humanística. «En cuanto a la primera, yo creo que el alumno nunca ha estado mejor preparado que en la actualidad. Respecto a la parte humanística, creo que va de mal en peor. Nuestra capacidad de escuchar las razones de otro y de intercambiar puntos de vista es muy pequeña. Además, falta expresión verbal, capacidad de síntesis y de escucha, hay muy poquita sensibilidad. Es muy difícil ponerse en el lugar del que sufre y esto no se puede aprender en las aulas».

La diferencia entre las antinguas generaciones de odontólogos y las nuevas es clara, a juicio del Dr. Cisneros. «Un sanitario antiguamente tenía lo que se llamaba las cualidades transcendentes: mística, sentido del deber, código de honor, etc. Hace años los sanitarios podían ganar menos, podían incluso trabajar como locos, pero tenían un reconocimiento social y eso se está acabando. Esta falta de reconocimiento social, ese meterse en el mercadeo que hay ahora es lo que yo creo que está cambiando la profesión y haciéndole mucho daño», explicó.

Para José Rábago, presidente de SEPES, «el gran problema que tienen los jóvenes no son las aptitudes –puede que realmente sean más aptos que nosotros para trabajar–, sino la actitud de cara al paciente». En la profesión hay dos caminos –apunta–: «una es hacer bien las cosas y otra convencer a los pacientes de que somos capaces de hacerlo. Los pacientes, en los recién licenciados ven personas inseguras, incapaces de transmitir que lo que van a hacer es lo adecuado».

Otro problema añadido, según Rábago, es la inexistencia de consultas propias de jóvenes dentistas, por las circunstancias económicas actuales. «Se han acostumbrado a ir de clínica en clínica, y no tienen la inquietud que nosotros tenemos de defender una consulta propia. Ellos tienen una relación con los pacientes totalmente comercial, mercantilista».

El punto de vista de Araceli Morales, presidenta de la Sociedad Española de Implantes (SEI), respecto a los jóvenes odontólogos no difiere del resto de interlocutores. «En el año que fui profesora universitaria me encontré con alumnos muy brillantes que, al mismo tiempo, en algunos casos, me sorprendían porque ante una posible emergencia en la consulta, un problema grave, respondían diciendo que aquello no les incumbía pues no eran médicos. Esto me hizo reflexionar sobre qué es lo que estábamos haciendo, pues no creo que sea sólo una cuestión de las universidades sino de toda la profesión. La visión del paciente completo –añade– es una obligación. Me da la sensación de que en algunos casos, tanto las facultades como la profesión en general, deberíamos recordar que no estamos viendo huecos, implantes, una corona, un cordal, etcétera, sino que estamos viendo pacientes. Y lo tenemos que hacer así por respeto al paciente y por respeto a nosotros mismos».

El Dr. Sergio Trapote, secretario ejecutivo de la Sociedad Española de Cirugía Bucal (SECIB), puso el énfasis en la edad en que se sale de las aulas. «Son muy jóvenes cuando acaban su licenciatura y no han recibido ningún tipo de formación humanística ni en la Universidad ni antes. Cuando se incorporan al mercado de trabajo se encuentran con una realidad que es la relación con el paciente, una realidad que les lleva no sólo a sonrojarse, sino incluso a retirarse en el momento en que se quedan sin recursos para seguir adelante. No tienen la capacidad de empatizar con el paciente. Nosotros no lo hemos vivido o no nos supone tanto trauma, quizá porque los que estamos en esta mesa venimos de la Medicina, lo cual supone haber pasado una etapa hospitalaria que ya nos ha curtido en ese aspecto. Pero la realidad del dentista hoy en día es que son cinco años de licenciatura, que cuando están en la calle si no han seguido una formación de posgrado se encuentran con técnica, pero, desde luego, con muy poca capacidad de relación con el paciente».

En la formación universitaria se detuvo el Dr. Rábago. «Creo que la universidad debería dar una formación más práctica, porque en nuestra profesión, además del diagnóstico y el tratamiento, es importante enfrentarte al paciente. No todo el mundo se puede permitir hacer un máster».

La representante de la SEOP, Paola Beltri, aportó la nota discordante pues en su especialidad la relación con el paciente no se ha visto tan deteriorada. «Con el paciente pediátrico nosotros necesitamos mucho el contacto, observarle, hablar con él, ver cómo se mueve… ¿Por qué? Porque el paciente infantil, en principio, no viene de forma voluntaria a la consulta y nos lo tenemos que ganar. Además, necesitamos conocer sus antecedentes personales y familiares. En el paciente infantil esa relación de ver al paciente en su conjunto es muy importante y yo creo que sí se sigue manteniendo». «No obstante, –apuntó Paola Beltri– lo que yo veo es que los alumnos de ahora quieren terminar sabiendo mucho de todo con un máster tras otro y eso es muy difícil. No es posible profundizar en todo».

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