Los participantes en el segundo desayuno de trabajo organizado por GACETA DENTAL expusieron sus distintos puntos de vista sobre el controvertido tema de las especialidades en Odontología.

Uno de los caballos de batalla en la profesión desde hace muchos años ha sido la regulación de las especialidades odontológicas. El debate no está en si deben existir las especialidades o no. Ahí la opinión de la profesión parece unánime: son necesarias. No nos podemos quedar atrás del resto de Europa, donde las especialidades son una realidad en la mayoría de los países. Las discrepancias están en el cómo llegar a las mismas. Éste fue precisamente el tema que centró un nuevo desayuno de Gaceta Dental en el madrileño Hotel Palace. En la convocatoria se buscó que todos los agentes implicados en un tema de tanta importancia estuvieran representados: la organización colegial; la universidad como organización formativa y también como colectivo a través de sus estudiantes y las sociedades científicas. En la mesa estaban el Dr. Alfonso Villa Vigil, presidente del Consejo General de Dentistas de España; el Dr. Mariano Sanz, decano de la facultad de Odontología de la Universidad Complutense de Madrid y presidente de la Conferencia de Decanos; el Dr. David Herrera, vicepresidente de la Sociedad Española de Periodoncia (SEPA), una de las posibles futuras especialidades odontológicas, y Pau Flores, vicepresidente de ANEO (Asociación Nacional de Estudiantes de Odontología).

El doctor Mariano Sanz abrió el turno de intervenciones en el desayuno organizado por GACETA DENTAL sobre las especialidades odontológicas recordando que desde hace más de una década se viene reclamando a las autoridades que establezcan un sistema de regulación de especialidades al igual que existe en otros países de Europa. Esta regulación, a su juicio, es necesaria por muchos motivos y arguyó, entre otros, la necesidad de «asegurar la protección de la salud bucal de nuestros pacientes, así como razones puramente educativas, porque vendrían a mejorar la calidad de la Odontología y contribuirían a crear ciencia». En este campo, afirmó que «está totalmente demostrado que en aquellos países donde hay un sistema reglado de especialidades mejora la capacidad científica de la profesión». Y todavía añadió un motivo más por el que resulta imprescindible esa reglamentación: «El auténtico caos en que se mueve la formación postgraduada en España en los últimos años, sin criterio de calidad alguno».

Especialización necesaria

El Dr. Villa Vigil, como presidente del Consejo de Dentistas de España, calificó las especialidades de absolutamente necesarias. «El crecimiento de nuestra profesión en los últimos años –dijo– hace imposible que un profesional domine con la necesaria calidad toda la profesión. No podemos abarcar todo, y por eso se hace conveniente no la parcelación sino la especialización en campos determinados, teniendo la formación general como pilar o base de todos ellos». Villa Vigil recordó que la razón fundamental por la que ha habido oposición a la creación de las especialidades aún sigue estando latente en mucha gente, a pesar de que, a su juicio, es errónea. «Hay personas que creen que la existencia de los especialistas va a servir de freno a los derechos de los generalistas. Y esto no es verdad porque la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias lo deja claro: el título de licenciado o graduado garantiza todas las intervenciones o tratamientos bucales».

David Herrera, vicepresidente de SEPA, puso el énfasis en un aspecto que calificó de vital importancia: el paciente. «El principal beneficiario de que existan las especialidades no es la profesión, son nuestros pacientes. Es necesario regular porque se lo debemos a la sociedad». En su turno de palabra, el colectivo estudiantil, representado por Pau Flores, expuso que el acceso a la formación en un área concreta está limitada, en primer lugar, a un coste excesivamente elevado, así como a unas pautas de entrada no comunes entre los distintos másteres no oficiales. «Creemos –dijo el representante estudiantil– que la creación de las especialidades beneficiaría a todos por igual sin perjuicio de los recursos económicos de que se disponga. También sabemos, por otra parte, que en la creación de algo nuevo siempre hay una serie de dificultades, pero poco a poco hay que ir mejorando el sistema para tratar de ir superándolas. Con las especialidades, tendríamos una profesión estructurada y organizada que al final redundaría en una mejora en todos los aspectos».

Postgrado y especialidades

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De izda. a dcha., Cristian Subirats y Pau Flores, vocal y vicepresidente de ANEO; José Luis del Moral, director de GACETA DENTAL, y el Dr. Mariano Sanz, presidente de la Conferencia de Decanos de las Facultades de Odontología de España.

Villa Vigil explicó que si bien existe ya una especialización de facto habría que convertirla en especialización ad iure. «Por eso pedimos que se oficialicen los títulos», explicó. «Para ello –continuó en su exposición–, deben darse unas reglas de juego que permitan que la especialización sea igual en todas partes. Otra razón por la que creo que es importante que existan las especialidades es el derecho que tienen los ciudadanos a saber quién tiene un adiestramiento en un campo concreto, con el respaldo que dan los títulos de carácter oficial».

En ese momento de la reunión se introdujo un nuevo elemento: la confusión que se produce muchas veces cuando se habla de especialidades metiendo en el mismo saco la formación de postgrado, «pero son dos cosas totalmente distintas –intervino Mariano Sanz–. La formación postgraduada tiene que ser algo consustancial con las profesiones sanitarias porque, sea o no especialista, el dentista tiene que estar formándose toda la vida, y una cosa muy distinta es la especialidad, una categoría profesional especial que viene definida por unos requisitos de formación y práctica que tiene que estar regulada para que todo el que accede a este sistema se encuentre unas características estándar. Esto lo tiene que regular la autoridad, los ministerios de Sanidad y Educación, que son los que tienen capacidad de regulación de las profesiones sanitarias».

Sistema regulador

¿Y quién debe establecer la regulación? Según Mariano Sanz, los sistemas reguladores no pueden ser definidos por los mismos sujetos que están regulados. «No ha de ser la universidad quien establezca los criterios de regulación, pero tampoco la profesión. Quienes tienen que hacerlo son las autoridades competentes, las ministeriales, con la lógica participación de los actores, pero sin ser los reguladores».

Es un aspecto en el que «sería bueno que los actores principales de esta situación, como pueden ser las universidades o el Consejo, se pongan de acuerdo para trabajar con el ministerio para que la regulación sea consensuada y no impuesta», según Sanz, para quien la Administración tiene un problema añadido, pues «los servicios sanitarios de Odontología no disponen de especialidades, y se limitan a los de atención primaria».

El presidente del Consejo coincidió con Sanz en este aspecto y aseguró no tener «ninguna duda» de que la regulación es cosa de la Administración. «Al Gobierno –dijo– le corresponde decidir y señalar cómo se hacen los títulos, que en este caso será como Real Decreto porque el marco legislativo ya está establecido».

Villa Vigil cree que el reglamento permite mucho margen de maniobra y se pueden hacer modificaciones. «Yo no tengo duda que las universidades, la profesión, servicios, instalaciones, centros sanitarios… todos podemos ser asesores de la Administración, en algún caso incluso actores, pero nunca los reguladores». «Dado que las universidades y el Consejo están de acuerdo, no tendría que suponer ningún problema para la Administración sacar adelante las especialidades; eso sí –puntualizó Villa Vigil–, tal y como están las cosas, lo que la Administración no va a querer es gastar más dinero y aquí es donde viene mi punto de discrepancia porque se está confundiendo la viabilidad de las especialidades con la asunción del sistema nacional de salud de los poderes públicos de la Odontología y yo creo que no ha de ser así. En ningún sitio de la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias que establece el marco general legal de las especialidades dice que tengan que hacerlas en el sistema nacional de salud».

Modelo de residencia

Según Villa Vigil, lo que ha de hacer la Administración es «limitarse a regular el marco, dejando libertad para decidir quién sea el responsable de la oferta para llevar a cabo esta formación. Yo, personalmente, soy defensor del sistema de residencia, es decir, de la especialización que se hace mediante el modelo MIR, que es magnífico y exportable a nuestro campo». Reconoce Villa Vigil que ese modelo puede tener algunos defectos que corregir, «pero en conjunto es una formación muy buena y en muy poco tiempo se ha conseguido que los discípulos superen a los maestros claramente, que es el objetivo de todo proceso formativo humano».

El presidente del Consejo no oculta sus reticencias sobre el modelo de especialización planteado por la universidad, que propone seguir el camino de otros países europeos. «Confieso que tengo reticencias con este modelo –explicó–, no con que la formación se haga en la universidad, pero sí en que esa formación se haga con arreglo a la legislación propia de la universidad». Está de acuerdo en que la universidad sea «un centro más donde se formen especialistas, eso me parece excelente, porque creo que es donde existe mayor capacidad en este momento de apuntar plazas de formación, pero me niego tajantemente a que esto se haga al amparo de la legislación universitaria, al amparo de la legislación de postgrado. No quiero que la especialización se haga como si se tratara de un título universitario, porque eso supondría hacerlo en los centros que las universidades quieran acreditar».

Todavía hay una segunda cuestión argumentada por Villa Vigil para oponerse a la legislación universitaria: «la formación especializada no puede ser costosa para los estudiantes». Y añade una cuestión más que atañe a la vía universitaria: «Las universidades seleccionan a su gente, a lo que me opongo; yo creo que la selección debe ser imparcial, objetiva y pública». Él apuesta por guiarse por la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias, que dice que los centros acreditados son supervisados o validados por la comisión nacional de la especialidad correspondiente, que es un órgano plural. «Hágase en la universidad si se quiere –dice Villa Vigil– pero que las universidades sean acreditadas por la comisión nacional y no que se autoacrediten».

En este sentido, desde el Consejo han propuesto un texto al gobierno, una especie de anteproyecto de Real Decreto, «aunque suene pretencioso, basándonos en el modelo de enfermería que era un modelo MIR, y hemos incorporado las sugerencias de la conferencia de decanos para admitir la doble vía, para que unas personas puedan hacerlo en la universidad y otras mediante el modelo de residencia, si es que hay centros para hacer esta formación».

Modelos mixtos

Desde las sociedades científicas el tema de las especialidades se ve con pragmatismo, «al menos desde la SEPA –interviene el doctor David Herrera–, creemos que hay que ser pragmático. Hay unos referentes europeos muy claros que se pueden seguir a la hora de crear las especialidades, con unos criterios muy bien definidos para regular un centro que imparta periodoncia y terapéutica con implantes.

En las sociedades científicas, por lo menos en la SEPA, hemos visto el modelo universitario, por eso nos cuesta más ver el modelo de residencias que propone el Consejo, pero no lo descartamos».

Mariano Sanz apuntó la existencia de modelos mixtos. «Hay países, como Reino Unido, donde las especialidades forman parte del sistema nacional de salud, prácticamente todas las universidades tienen al lado un hospital dental en el que, bajo el amparo del sistema nacional de salud, se realizan los procedimientos que dan lugar a las especialidades».

En este sistema mixto «participan el sistema nacional de salud y la universidad, que aporta todo el componente académico. Es un sistema parecido al que existe en Suecia y en Francia, en el que conviven el residente, que recibe un salario del sistema nacional de salud, con el alumno que paga una tasa por ingresar en el programa».

Lógicamente, estos programas tienen un coste económico relevante, por lo que David Herrera apuesta por un sistema de especialidades en el que haya de todo. «Es verdad que tendrá que haber sistemas que permitan acceder a la gente con menos recursos a esta posibilidad, pero estamos en un mercado libre y también lo es para la profesión. En el sistema que existe en Europa hay mucha variabilidad de costes de matrícula, así es que creo que es factible y pragmático establecer una tabla de tasas, con máximos y mínimos, y un sistema de becas». Villa Vigil se opone tanto a marcar precios máximos como mínimos, «porque esto es un libre mercado y cada uno que cobre lo que quiera. Pero me niego a que exista una inaccesibilidad discriminante, es decir, que unos precios prohibitivos impidan el acceso de personas con menos nivel económico a la formación y se les cohíba del derecho de igualdad de oportunidades».

La visión de los estudiantes

Pau Flores expuso la visión de los estudiantes, que consideran necesaria la existencia de un «entendimiento entre sociedades científicas, universidades y Consejo. Todas las partes son clave para la formación de los futuros odontólogos». En su intervención dio la respuesta estudiantil a todos los puntos planteados. Sobre los centros acreditados para impartir la formación de las especialidades, creen que ésta debería recaer en un órgano público como la universidad, aunque, de no ser factible, respaldarían la acreditación de centros, siempre que se cumplan una serie de requisitos mínimos.

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De izquierda a derecha, el doctor David Herrera, vicepresidente de SEPA; Ignacio Rojas, director general de Peldaño, y el Dr. Alfonso Villa Vigil, presidente del Consejo de Dentistas de España.

Se mostró conforme respecto a los tres años de duración de los estudios de especialización –tema que también surgió en la mesa– y «totalmente de acuerdo con el presidente del Consejo» acerca de los costes: «Cada uno puede poner el precio que quiera, por supuesto, pero siempre y cuando no vayamos a limitar el acceso a esa especialidad».

Villa Vigil no acepta el modelo máster, «profesionalizante o no, desde el momento en que se está sometiendo a la legislación universitaria. Yo admito una legislación de especialista en Odontología que pueda hacerse en tres años en la universidad, pero que no es un título máster. La especialización no tiene por qué hacerse obligatoriamente con profesores y con clases, la de residente es una especialización muy brillante. Por supuesto que ha de haber contenidos doctrinales, pero no necesariamente con el modelo clases».

Mariano Sanz discrepa desde todo punto de vista de esta teoría. «Yo represento a la universidad y no puedo estar de acuerdo con esto, porque no es un modelo de educación sino de especialización. Para mí lo único vinculante es la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias, lo que digan los demás me parece bien escucharlo, tenerlo en cuenta y considerarlo, pero si por ello me voy a un modelo que es inasequible, no me sirve. Estamos en Europa y tenemos que asimilar la calidad de nuestros profesionales y la libre circulación de nuestros profesionales a Europa».

Villa Vigil prosigue en sus argumentos y expone si no será que en muchas ocasiones «enseñamos a perpetuar modelos que nos interesan a nosotros». La formación especializada mediante modelo de residencia puede ser perfeccionable, «pero es maravillosa» –dice–. «Nuestro problema es que en España no hay centros públicos y cualquier centro donde intentáramos hacer una formación de residencia tiene que ser privado y siempre pesa la sospecha de quién será o qué negociete habrá. Esto nos obligará a ser muy restrictivos con los criterios de reconocimiento de los centros».

Desde la SEPA se ve más factible el modelo universitario «porque es el que se trabaja, el otro modelo necesita arrancar. Pensar que se puede formar a un periodoncista sin un contenido teórico importante, tanto a mí personalmente como a mi sociedad nos resulta difícil de asumir. Pensamos en el especialista no sólo como una persona que es capaz de hacer bien una serie de técnicas, sino también como un profesional que tiene una formación desde el punto de vista teórico lo suficientemente amplia como para realizar investigación y proponer nuevas cosas. No solo una persona que sabe hacer técnicas quirúrgicas muy bien, que está fenomenal, sino también una persona que es capaz de innovar, de generar nuevas técnicas quirúrgicas y de investigación».

«Pero para ser un buen clínico no hay que ser necesariamente un investigador –argumenta Villa Vigil–. Una cosa es la labor de la investigación de la universidad con los doctorados y otra que el especialista tenga como misión investigar. La función de investigar es complementaria, la de atender a los pacientes es la de los clínicos. Yo quiero formar buenos clínicos y si luego saben de investigación, tanto mejor».

En este sentido, Mariano Sanz aboga por una doble vía, utilizada en países como Holanda, Bélgica, Suecia y Reino Unido, «que han respondido a la pregunta ¿qué especialistas queremos, pocos y muy buenos o muchos y menos buenos? Y han tomado una decisión estratégica, queremos pocos y muy buenos y además que el dentista tenga unas competencias muy ampliadas. Esta decisión estratégica hace que se creen dos vías de formación totalmente diferenciadas: una la formación de especialistas, que es muy potente, tres años a tiempo completo con un contenido académico y práctico, y luego una formación postgraduada muy amplia, en la que intervienen muchísimos actores y sin una regulación. Aquí es donde verdaderamente el mercado pone en su sitio a los programas de formación. Los gobiernos han decidido que la formación de especialistas sea con unas condiciones muy estrictas, muy bien reguladas y muy bien organizadas; y esto es lo que hemos pedido desde la universidad».

«Si quieren pocos y muy buenos que paguen las consecuencias –replica Villa Vigil–, porque quizá los potencialmente muy buenos no disponen de medios y, por tanto, estamos creando un elitismo discriminante. Pero que se lo pague el interesado es lo que no puede ser. La importación de este modelo me parece inaceptable porque el mercado de trabajo se está saturando de tal manera que solo tendrán trabajo los que obtengan este título, que estará reservado para quienes cuentan con los recusros económicos imprescindibles».

El representante estudiantil de ANEO, consciente de las dificultades que comporta todo nuevo proyecto, insiste en la necesidad de incorporarlo poco a poco. «No puede ser que la especialidad de ortodoncia, por ejemplo, esté reconocida en veinticuatro de los veintisiete países de la Unión Europea y España sea uno de esos tres, lo que permite que un ortodoncista francés pueda venir a España a ejercer sin ningún problema, pero un dentista español se encuentra que no le sirve para nada el curso hecho porque no podrá ejercer en el mercado europeo. Se debería actuar ya para resolver estas limitaciones».

Profesional y profesionalizante

Las discrepancias entre el Consejo y el mundo universitario son más que patentes en la regulación. Para Mariano Sanz será obligatorio asumir el real decreto que apruebe el Gobierno para las especialidades odontológicas, «pero a partir de ahí la universidad tendrá sus reglas. La ley habla de másteres fundamentalmente académicos, que conducen al doctorado, y de másteres fundamentalmente profesionalizantes, que van hacia la profesión». Mientras que para Villa Vigil el real decreto permitirá distinguir entre lo que es un título profesional y otro profesionalizante. «El de especialista, por ejemplo, es un título profesional, no un título académico, no es oficial, es profesional, no es profesionalizante. El concepto de máster profesionalizante se está usando con mucha ligereza porque el único máster profesionalizante es el de las ingenierías, en este caso el título de grado va a cuatro años, y se crearon los másteres profesionalizantes, con carácter no solo académico sino también para dar atribuciones profesionales. En el caso de la Odontología esto no es así. El carácter profesionalizante lo da el Grado», aclaró.

Especialidades, sí, pero ¿cuáles?

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Foto de familia tras finalizar el encuentro.

Aunque el encuentro no se planteó para ver cuáles serán las futuras especialidades sino para conocer la opinión del sector sobre su implantación, también surgieron los nombres en el encuentro, aunque todos los presentes se mostraron de acuerdo en «cuáles» es una cuestión secundaria y lo verdaderamente importante es el «cómo».

David Herrera rompió el fuego para citar las dos especialidades que hay aprobadas por la directiva europea: la Ortodoncia y la Cirugía bucal. «También hay un segundo grupo formado por otras dos especialidades que cumplen las reglas claramente: Periodoncia y Odontopediatría». A partir de aquí pueden surgir más dificultades en la designación de especialidades y, «pese a desconocer los argumentarios de las otras», aventuró que Endodoncia y Prótesis podrían serlo también, «pero no creo que en este momento sea muy importante decidir cuáles cuando no se ha decidido cómo. Las cuatro primeras son muy obvias para todos».

Villa Vigil recurrió a la norma de los dos quintos para su designación como especialidades, es decir, aquellas que figuren en esa proporción en los países comunitarios. «Pero podrían hacerse muchas más especialidades, como la de Atención primaria, que sería muy interesante pensando en los centros de salud».

Para Mariano Sanz el número de especialidades «tiene que ser una decisión estratégica del Gobierno. Para la universidad, obviamente, cuantas más mejor».

Numerus clausus

Y llegados aquí se presentó un nuevo punto de debate: cómo regular el acceso de los estudiantes a la formación especializada. David Herrera, que se dice partidario de los numerus clausus se muestra escéptico al respecto, «porque si el Gobierno no controla el numerus clausus en grado o pregrado nos va a dar lo mismo». Mariano Sanz ve claro que «los numerus clausus en estas especialidades se han de regular por los requisitos de calidad que debe imponer el sistema. Si los requisitos de calidad son estrictos y rigurosos no se podrá formar especialistas en todos los sitios». Pero es consciente de las dificultades porque «cuando hemos ido al Gobierno para que regule el acceso a las universidades, nos dice que está asignado a las comunidades autónomas y que no tiene nada que decir al respecto».

En eso sí coincide Villa Vigil. «Las comunidades autónomas hacen lo que quieren y sacan las plazas sin ningún criterio –asegura–. Yo reconozco el derecho de todo ciudadano a formarse, lo que no reconozco es el derecho a todos de hacer la profesión que les dé la gana. Cuando haces una formación que representa unos costes tan importantes para el Estado como puede ser la Odontología, formas un producto tan especializado que luego no es reciclable. De alguna manera, el Estado tiene también que cuidar sus recursos. Ahora estamos con 27.000 dentistas, es decir, uno por cada 1.700 habitantes, lo que significa más del doble de los que marcaba la Organización Mundial de la Salud. En alguna comunidad el paro ya alcanza al 10 por ciento de los dentistas».

Una situación que Villa Vigil considera preocupante y que empeorará en el futuro. «Dentro de poco tiempo los dentistas vamos a vivir de un sueldo. En España, con el exceso de dentistas que hay y la baja demanda, la única forma de subsistir va a ser trabajando para alguien. Para un dentista joven ahora mismo es imposible poner en marcha una clínica. La profesión va por un camino de degradación paulatina».

«En realidad –puntualiza David Herrera– se necesitan dentistas pero también gente que tenga dinero y ganas de ir al dentista. Existe un mercado de crecimiento potencial grande porque el porcentaje de españoles que va al dentista es aún muy bajo».

Especialistas por el Consejo

Otro motivo de discrepancia se produjo al debatir sobre los títulos de especialistas que se propone sacar el Consejo de Dentistas. Tras argumentar que la aprobación de las especialidades llevará tiempo, Villa Vigil confirmó que se va a crear el título de dentista especialista del Consejo. «Con su propio enunciado ya estamos diciendo que el título es nuestro, que no tiene validez oficial y que en el mismo instante en que se cree una determinada especialidad oficial este título del Consejo desaparecerá». Villa Vigil considera que esta iniciativa «servirá de banco de pruebas para estudiar la viabilidad del modelo de residencia».

Mariano Sanz se mostró muy crítico ante la propuesta de creación del título del Consejo, «que en este caso está adoptando unas atribuciones que no le corresponden, como es la de regular títulos». Reconoció que al tratarse de un título propio «tiene toda la capacidad legal para hacer lo que quiera. Pero no es un título propio con las mismas condiciones que el resto de títulos propios, porque es del Consejo de Colegios, del que todos los dentistas estamos obligados a formar parte; es un título que otorga el organismo que regula la profesión. La universidad no quiere participar en este banco de pruebas porque nuestro modelo no es el de residencia.

Y agradezco a Alfonso Villa Vigil que siempre haya sido muy honrado en esto. Él ha hecho un esfuerzo para ver cómo podíamos encajar en ese modelo de residencia, pero al final no ha sido posible».

David Herrera terció para defender su inicial planteamiento pragmático y, después de resaltar «las evidentes» discrepancias entre Universidad y Consejo en la creación del título propio, destacó que «en aras de la creación de las especialidades, si esto puede ayudar a que las haya, pues ahí estaremos».

G. Alvarado / G. Bonache