Dr. Ramón Lorenzo Vignau

Uno de los mayores retos de la implantología es la obtención de un resultado estético adecuado tanto a nivel de las restauraciones (estética blanca), como de los tejidos blandos que rodean a las restauraciones (estética rosa) con el fin de cumplir con las exigencias estéticas del paciente (1). No cabe duda que las coronas implanto-soportadas en la zona de estética tienen éxito si el resultado anatómico se ha establecido con las dimensiones correctas de las estructuras blancas y rosas (2). De tal forma que el manejo adecuado de los tejidos duros y blandos es esencial para poder establecer un resultado estético predecible. Por otra parte, la regeneración de un contorno de los tejidos blandos con papilas adecuadas en el área proximal y un contorno gingival que está en armonía con la silueta gingival de los dientes adyacentes es uno de los principales retos.

al a menudo no es posible debido a la falta de disponibilidad ósea tanto en sentido horizontal como en sentido vertical. El cuadro clínico puede complicarse aún más si los dientes se perdieron como resultado de un traumatismo, o bien, debido a procesos infecciosos que cursan con una gran destrucción de tejidos.

El proceso biológico que acontece tras una extracción dentaria produce una reabsorción fisiológica del proceso alveolar como consecuencia de la reducción en volumen del hueso maxilar, que afecta fundamentalmente al aspecto vestibular de la cresta ósea. En los primeros tres meses tras realizar una extracción se va a producir una reducción volumétrica horizontal del 30 por 100 del proceso alveolar, pudiendo llegar hasta el 50 por 100 al cabo de 12 meses (4), por lo que la necesidad de la reconstrucción de los tejidos orales viene determinada por los acontecimientos biológicos que ocurren tras la extracción de los dientes.

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