Dra. Carmen Ávarez Quesada

Hoy en día, en la sociedad actual, la imagen y el concepto del odontólogo han ido cambiando con el tiempo, se han realizado grandes avances científicos, se ha mejorado la técnica de ejecución de los tratamientos, los equipamientos se han modernizado y los materiales se han vuelto mucho mas estéticos. Todos estos aspectos ayudan a establecer las bases de una mejor relación paciente–dentista.

Los pacientes al acudir a la consulta establecen una relación con su dentista y con el equipo de profesionales que les tratan durante sus visitas. La base fundamental de esta relación debe estar siempre dentro del marco de la confianza. Esta relación se debe cuidar y mantener al máximo, de manera constante, vigilando todos sus aspectos ya sean a nivel científico, técnico, o de relación social o amistad (1).

La comunicación dentista–paciente se debe establecer y mantener de manera continua durante todas las visitas y en todas las fases del tratamiento. De este modo, se puede llegar a una plena satisfacción por ambas partes.

Esta relación se inicia desde la primera visita, que es el primer contacto, la primera vez que se encuentran, se observan y dialogan, es el momento decisivo y desde ese primer momento se va a definir el futuro de esta relación. En esta relación la confianza se debe ir ganando poco a poco, y demostrando, con la información veraz que damos al paciente –usando un lenguaje claro y adaptado a su nivel socio–cultural (2)–, cuál es su estado y cuál es su realidad con respecto al tratamiento, sin olvidar que hoy en día debe quedar todo reflejado en el consentimiento informado (3). Nunca hay que olvidar que la relación hay que cuidarla también animando a colaborar al paciente día a día, así como manteniéndolo siempre motivado cita a cita y de cara a que sus cuidados posteriores y a que su salud oral se conserven siempre en buen estado.

La motivación es uno de nuestros mayores retos, donde el odontólogo debe conseguir que lo que se les está enseñando a los pacientes sea aceptado e integrado en sus costumbres y conductas y, de este modo, se convierta en un hábito de salud. Para ello la comunicación ha de ser bidireccional y ganarse su confianza, o sea, que se deben y se pueden usar estrategias de educación sanitaria, como aclarar dudas que le surjan y transmitir conocimientos e información para que el paciente se vaya haciendo cada vez más responsable de su estado de salud, sin olvidar siempre en esta relación darle los estímulos positivos adecuados para mantener al día esta comunicación en perfecto estado.

La motivación es una respuesta interna del individuo al conocimiento previamente elaborado, que le anima y le empuja a actuar en función de satisfacer una necesidad. Es compleja y conlleva un conjunto de ideas, sentimientos, deseos y esperanzas que inician, mantienen y regulan el comportamiento hacia determinados objetivos.

Existen dos tipos de motivaciones por todos conocidas: la intrínseca, propia del individuo, que es consustancial con él mismo, y la extrínseca, que es una forma de persuasión en la que se priorizan los deseos del profesional sobre los del individuo.

En la comunicación y relación con el paciente hay una serie de factores que influyen a la hora de iniciar, mantener y estimular su colaboración, como los modelos y comportamientos verbales y los modelos y comportamientos no verbales (4, 5, 6, 7, 8). Se llega a entablar una relación multidimensional entre el paciente y el dentista, más o menos simétrica, se crea un ambiente emocional entre ambas partes, en donde el paciente obtiene, o siente que obtiene, lo que necesita bajo su punto de vista, y en donde el dentista le ofrece lo más indicado para su caso bajo el prisma de su conciencia y de la salud integral (9, 10); así, la relación resulta satisfactoria y de calidad (11).

Los pacientes

El trato del paciente, en general, puede variar de uno a otro de muy diversas maneras dependiendo del sujeto en sí mismo, de su personalidad, edad, patología y nivel socio–cultural y económico. Por otro lado, algunos de los pacientes pueden presentar algún tipo de deficiencias, discapacidades o minusvalías (físicas o psíquicas), así como diferentes tipos de carencias a nivel social (disminución de los recursos económicos, pobreza, emigración) sin olvidar el envejecimiento fisiológico natural. Estados como la falta de higiene, las alteraciones de la dieta y la nutrición y la falta de cuidados dentales en general pueden verse reflejados a nivel de la cavidad oral (12, 13). La relación dentista–paciente se inicia normalmente con la entrevista personal, la cual es un método de recogida de información válido y el más utilizado por los profesionales del campo de la salud.

Figura 1. Se refleja la relación de los factores odontólogo, pacientes y centro asistencial.

Según los estudios de Silva (1987) y de Gallagher (1989), la entrevista clínica era utilizada por el 96 por 100 de los clínicos y ocupaba alrededor de un 39 por 100 del tiempo de la primera visita.

La entrevista es un método flexible, tanto en su desarrollo como en su temática, establece las bases y la oportunidad para una adecuada relación interpersonal, posibilita el intercambio de información confidencial y se obtiene información no accesible a la observación directa. La entrevista personal no es sólo una serie de preguntas, cuenta con una serie de funciones:

– Recogida de información.

– Evaluación y diagnóstico.

– Funciones motivadoras y terapéuticas.

Llevando a buen puerto la entrevista establecemos una buena base para una relación de confianza entre paciente y odontólogo, que conducirá a una satisfacción por ambas partes y a la realización de tratamientos de calidad.

Clásicamente la relación del paciente con el dentista puede subscribirse a tres formas (1):

a) Paciente pasivo: donde el dentista asume toda la responsabilidad y el mando y es el paciente el que de una forma pasiva obedece en todas las fases del tratamiento, es decir, se deja llevar sin resistencia.

b) Paciente cooperativo: es cuando el paciente, informado de su estado y de su plan de tratamiento por parte del dentista, está dispuesto a colaborar y a seguir cada fase del tratamiento.

c) Paciente y dentista que mantienen una relación de mutuo acuerdo o participación: es cuando por ambas partes se establece una buena relación y se comparten responsabilidades para el mantenimiento de la salud oral.

Para el dentista, el área bucal presenta un componente muy variado, con diferentes significados a nivel funcional, estético, de identidad para el paciente, de personalidad, etc. Por otro lado, cada paciente presenta y siente diferentes tipos de necesidades de tratamiento y rehabilitación. Y no debemos olvidar que a veces la atención odontológica se pude realizar en centros asistenciales o instituciones privadas o públicas en las que los pacientes pueden estar ingresados o acudir de forma ambulante.

Todos estos factores –odontólogo, pacientes y centro asistencial– pueden influir en el establecimiento, características y calidad de una relación dentista–paciente (figura 1).

Pero no debemos olvidar que la adhesión al tratamiento del odontólogo por parte de los pacientes también se puede ver influida por una serie de factores como (14):

– Iniciar y continuar el programa de tratamiento prescrito por el odontólogo.

– Asistir a las horas de consulta citadas y acudir a las revisiones periódicas.

– Tomar correctamente la medicación prescrita o realizar los cuidados bucales oportunos.

– Mantener los cambios iniciados en el estilo de vida hacia una mejora de los hábitos y de la higiene oral.

– Realizar correctamente el régimen terapéutico indicado para sus cuidados en el hogar.

– Evitar comportamientos de riesgo que puedan influir en su estado de salud oral.

Diferentes perfiles de pacientes:

el paciente especial en la consulta

odontológica

a) Psiquiátricos: pacientes con demencias, Alzheimer, depresión, ansiedad, histeria, esquizofrenia, autismo, anorexia, bulimia, neurosis, psicosis, hiperquinesia, etc. Este tipo de pacientes suelen estar confinados en instituciones y suelen tomar diferentes tipos de medicación y, dependiendo del grado de afectación por la enfermedad, así es como puede variar el tipo de cuidados dentales y la calidad su higiene oral. Algunos de ellos están ingresados en instituciones o residencias donde se les realiza un cuidado dental periódico, y otros dependen de su familia y de las condiciones sociales en las que viven.

b) Discapacitados psíquicos: del tipo deficiente mental, oligofrénico, síndrome de Down, deficientes con enfermedades convulsionantes, parálisis cerebral, personas con una serie de síndromes cuya característica es la disminución de las funciones intelectuales. Este tipo de pacientes suelen tener estados irreversibles y tener un alto grado de patología oral por una higiene incorrecta, un inadecuado control dietético y, por otro lado, suelen también tener un rechazo hacia el tratamiento de los profesionales. Su asistencia dependerá de si están institucionalizados, o son ayudados por personal cualificado o por sus propios familiares.

c) Discapacitados físicos: pacientes deficientes (personas que han perdido o presentan anormalidad en alguna estructura o función psicológica, anatómica o fisiológica), discapacitados (pacientes que presentan alguna restricción o ausencia, debido a una deficiencia de la capacidad de realizar una actividad en la forma o dentro del margen que se considera normal para un ser humano), minusválidos (personas en situación de desventaja determinada a consecuencia de una deficiencia o de una discapacidad que limita o impide el desempeño de un rol que es normal para su caso, en función de la edad, sexo, factores sociales y culturales), etc. Son personas con niveles muy diferentes y dependiendo de su discapacidad (ceguera, sordera, etc.) debemos estimular más su atención para facilitar y mejorar la comunicación. Generalmente su nivel de higiene y dieta suele ser adecuado y sólo dependen del nivel económico, pero sus cuidados dentales no tienen que ser diferentes al resto de la población (15, 16, 17).

d) Ancianos: personas de edad avanzada que suelen tener múltiples enfermedades, generalmente crónicas, progresivas, y suelen estar polimedicados. Por su parte, muchos viven de manera dependiente y en condiciones sociales económicamente limitadas, o están confinados en residencias, cuando no en hospitales o en geriátricos, estando otros que en menor número viven independientes con mayor o menor capacidad en sus hogares, con sus familias como cuidadores más o menos adecuados, o cuidadores contratados más o menos especializados. Sus condiciones orales son malas, debido muchas veces a la xerostomía que produce la variedad de medicación que toman, debido también a grandes pérdidas dentales –y a sus pocas posibilidades de rehabilitaciones protésicas– o, si las tienen, éstas se encuentran rotas o desgastadas, con lo que su nutrición también se puede encontrar afectada (18, 19).

e) Emigrantes: es un grupo poblacional con gran crecimiento en el momento actual, hay claras diferencias según el país de origen, del nivel cultural, de las condiciones de vida y tradiciones, pero el factor principal es la falta de recursos y de poder económico. Por ejemplo, los de países árabes suelen tener una gran variedad de patología a nivel de caries y de pérdidas dentarias; los de países sudamericanos presentan mayor higiene, pero también ausencias dentarias y caries, aunque en menor grado; los de los países del este presentan, en comparación, más cuidados dentales con grandes reconstrucciones metálicas, y los de origen oriental también presentan algún que otro tratamiento dental. Muchos, o casi todos ellos, debido a la falta económica y a que suelen ser el sustento de su familia en sus países de origen, no van al dentista ni realizan revisiones periódicas, y tienen tendencia al descuido, al abandono y cuando surge algún tipo de problema, como la infección o el dolor, lo solucionan rápidamente con la extracción.

Conclusión

La relación que se establece entre el odontólogo y el paciente debe ser cuidada y llevada con la máxima excelencia, para así, de esta forma, logar objetivos comunes para ambos y una mejora general de la salud oral de toda la comunidad.

BIBLIOGRAFÍA

1. Del Rio Highsmith. Odontología Integrada para Adultos. 2º Ed Pues SL. Madrid. 2003.

2. Thierer TE, Handelman SL, Black PM. Effects of perceived patient attributes on dentist communication behavior. Spec Care Dentist 2001, 21 81 9: 21–26.

3. Chaffin JG, Mangelsdorff AD, Finstuen K. The development of conceptual model for evaluating dental patient satisfaction. Mil Med, 2007. 172 (12): 1239–1244.

4. Al Quran F, Clifford T, Cooper C, lamey PJ. Influence of psychological factor son the acceptance of complete dentures. Gerondontology 2001, 18 (1): 35–45.

5. Sondell K, Palmqvist S, Soderfeldt B. The dentist ´s communicative role in prosthodontic treatment. Int J prosthodont 2004. 17 (6): 666–671.

6. Mehra T, Nanda RS, Sinha PK. Orthodontist´s assessment and management of patient compliance. Angle Orthod 1998, 68 (2): 115–122.

7. Bartsch A, Witt E, Marks M. The influence of information and communication in the orthodontic consultation and treatment visit. II. The communication style and compliance. Fortschr Kieferorthop, 1995, 56 8 1 9. 7-15.

8. Buddeberg C. Doctor–patient relationship in dentistry. SOS Schweiz Monastsschr Zahnnheilkd, 1980, 90 (5): 406–418.

9. Brosky ME, Keefer OA, Hodges JS, Pesun IJ, Cook G. Patient perceptions of professionalism in dentistry. J Dent Educ 2003; 67 (8): 909–915.

10. Sondell K, Soderfeldt B, Palmqvist S. Underlying dimensions of verbal communication between dentists and patients in prosthetic dentistry. Patient Educ Couns 2003, 50 (2): 157–65.

11. Mehra T, Nanda RS, Sinha PK. Orthodontist´s assessment and management of patient compliance. Angle Orthod 1998, 68 (2): 115–122.

12. Bullón Fernández P, Machuca Portillo G. La atención odontológica en pacientes médicamente comprometidos. Laboratorios Normon SL. Madrid, 1996.

13. Buela Casal B, Caballo VE, Sierra JC. Manual de evaluación en psicología clínica y de la salud. Ed. Siglo XXI, España editores. S.A. Madrid, 1996.

14. Chaffin JG, Mangelsdorff AD, Finstuen K. The development of conceptual model for evaluating dental patient satisfaction. Mil Med, 2007. 172 (12): 1239–1244.

15. Álvarez C, Carrillo JS, Pernia I. Recomendaciones para el diseño de clínicas odontológicas para la atención de calidad en pacientes con minusvalías. Cuidados Odontológicos Especiales 5 (2): 63–73. 1998.

16. Álvarez C, Carrillo JS, Calatayud J. El paciente invidente en el consultorio dental. Aspectos que permiten mejorar la calidad de la atención odontológica. Cuidados Odontológicos Especiales. 5(2): 91–96. 1998.

17. Álvarez C, Calatayud J, Carrillo JS. El paciente con discapacidad auditiva en el consultorio dental. Aspectos que permiten mejorar la calidad de la atención odontológica. Cuidados Odontológicos Especiales. 6 (1): 15–20. 1999.

18. Bartsch A, Witt E, Marks M. The influence of information and communication in the orthodontic consultation and treatment visit. II. The communication style and compliance. Fortschr Kieferorthop, 1995, 56 8 1 9. 7–15.

19. Buddeberg C. Doctor–patient relationship in dentistry. SOS Schweiz Monastsschr Zahnnheilkd, 1980, 9 (5): 406–418.

Artículo elaborado por:

Dra. Carmen Álvarez Quesada, Doctora en Medicina y Cirugía, especialista en Estomatología y Medicina del Trabajo.

Dra. Carmen Grille Álvarez, Licenciada en Medicina y Cirugía. UCM.