Las mujeres gitanas presentan una salud bucodental bastante peor que el resto de las españolas, un mayor índice de obesidad y consumen el doble de medicamentos, según se puso de manifiesto el pasado 28 de abril durante la presentación, en el Ministerio de Sanidad y Política Social, del informe
“Hacia la equidad en Salud”. Se trata de un estudio comparativo entre las encuestas nacionales de salud realizadas a la población gitana y la población general de España, que ha sido coordinado por el Grupo de Salud del Consejo Estatal del Pueblo Gitano. El acto contó con la presencia de la ministra, Trinidad Jiménez,

En general, las mujeres de etnia gitana presentan un mal estado de salud bucodental, más de la mitad (un 56%) padecen caries frente al 27% del resto de las mujeres españolas, de acuerdo con los datos de la mencionada encuesta.

Se da además el caso de que su salud es, en términos generales peor que la de los hombres gitanos. En ellas se agudizan problemas como el sobrepeso —el 26% de las mujeres con más de 18 años y el 23% de las gitanas menores de esta edad sufren obesidad, frente al 15 % del resto de mujeres españolas mayores de edad y el 10% de las menores—.

Posiblemente la dieta sea un factor clave en este hecho, ya que ingieren menos frutas y verduras y mayor porcentaje de azúcares y grasas animales, en tanto que las proteínas animales que toman proceden en su mayor parte de carne, productos cárnicos y huevos.

Otro de los agravantes que han provocado esta situación es el sedentarismo, ya que el 71 por ciento no realiza ningún tipo de actividad física frente al 63 por ciento del conjunto de las mujeres.

También se han detectado bajos niveles de ejercicio entre los gitanos menores de 15 años, entre los que el casi el 31 por ciento de los niños y el 40 por ciento de las niñas no practica ningún deporte ni hace gimnasia.

El 76 por ciento de los gitanos entre los 16 y los 24 años consume bebidas alcohólicas y el 56 por ciento fuma a diario. La edad media de inicio en el consumo de tabaco y alcohol es más temprana en el hombre gitano, que comienza a fumar a los 14 y a beber a los 16 frente al resto de los varones de la población, que suelen iniciar estos hábitos a los 17 y a los 18 años.

Por estos factores, unidos a la precariedad de sus viviendas, los gitanos presentan mayor prevalencia de enfermedades crónicas que el resto de la población, como colesterol elevado, patologías respiratorias, problemas circulatorios o enfermedades mentales, como la depresión.

Además, el colectivo gitano consume el doble de medicamentos que el resto de la población, sobre todo de fármacos relacionados con el dolor, la fiebre, anticatarrales y los destinados a paliar dolencias de garganta y respiratorias. Las mujeres toman más fármacos que los hombres, pero se automedican menos.

A la vista de estos alarmantes datos, la ministra de Sanidad ha anunciado su voluntad de "dar continuidad" al proyecto para mejorar la salud de este colectivo.