La Facultad de Medicina y Odontología del País Vasco se enfrenta a un serio problema, y es que en menos de una décadas podría quedarse prácticamente sin catedráticos y profesores titulados.

La gravedad de este problema se entiende mejor si la traducimos a cifras: de los 90 catedráticos y profesores titulares que imparten clase en los centros sanitarios vascos únicamente 20 mantendrían la plaza dentro de diez años. Ocho de cada 10 funcionarios de la universidad vasca se encuentran próximos a la edad de jubilación.

Según ha declarado recientemente el decano del centro, Agustín Martínez Ibargüen, “las nuevas generaciones no se sienten especialmente atraídas por la carrera docente”. Además, el hecho de que para acceder a una cátedra o una plaza propia haya que superar un concurso de méritos desanima a los posibles aspirantes.

En este sentido, la actuación de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación no ayuda. De hecho, el decanato ha mostrado ya su desacuerdo con los requisitos establecidos por ANECA, manifestando que algunos de los criterios que se emplean para valorar el expediente y la carrera profesional de los candidatos no son válidos para la profesión médica. Por ejemplo, “no se les puede exigir el mismo nivel de investigación o de publicaciones que a un historiador o un psicólogo, pues su campo de trabajo es mucho más amplio y complejo”. En cambio, solicitan a las autoridades educativas que la labor asistencial sea tenida en cuenta como un mérito a la hora de valorar la trayectoria profesional de los candidatos.

Agustín Martínez Ibargüen considera que debería ser la Agencia de Calidad Vasca, UNIQUAL, la que se encargara de examinar a los futuros docentes.