D.ª M.ª Eugenia Ca Presidenta del Ilustre Cconsejo General de Colegios de Protésicos Dentales de España Madrid

La presidenta del Ilustre Consejo General de Colegios de Protésicos Dentales de España, doña M.ª Eugenia Campoo, comparte con los lectores de Gaceta Dental su opinión acerca del intrusismo, el porqué de sus desacuerdos con el colectivo de odontólogos y estomatólogos y su interpretación acerca de la ley, así como de las atribuciones profesionales de los protésicos.

Pregunta. En los últimos meses se han dado a conocer varias sentencias contra protésicos dentales por actuaciones en boca de pacientes, algunas de ellas con el agravante de lesiones. Ante este tipo de hechos, ¿cuál es la postura del Consejo General de Colegios de Protésicos de España?
Respuesta. En su pregunta da por sentado algo incierto. Si cualquier persona realiza cualquier acto de los contemplados en el artículo 1 de la Ley 10/1986 sin ser odontólogo, médico estomatólogo o cirujano maxilofacial, evidentemente está usurpando las funciones de estos profesionales, pero resulta que no todas las actuaciones en la boca de los pacientes, están contenidas en ese artículo 1.

Quienes pretenden asentar ese erróneo criterio, lo hacen de forma deliberada porque todavía no asumen que en el campo de la salud buco dental, desde hace 22 años, existen también protésicos e higienistas, y por ello, cada uno de los profesionales contemplados en la Ley 10/1986, actuarán en la boca de los pacientes lo que tengan que actuar para realizar sus respectivas funciones.
¿Se condena a un enfermero por actuar en cualquier parte del cuerpo del paciente?, pues no, siempre que lo haga para realizar sus funciones. Pues lo que plantean es lo mismo de absurdo que el símil que le expongo.

Desde nuestro Consejo General defendemos que a partir de la correspondiente prescripción facultativa, el protésico dental haga el resto de labores protésicas, desde la toma de impresiones hasta la colocación de las prótesis. En los casos a los que usted alude no se habrán dado esas circunstancias y por eso habrán sido condenados. Ninguno de los encausados se ha dirigido a nuestras instituciones, sobre todo porque algunos de ellos no pertenecían a las mismas. No existe a día de hoy condena alguna a ningún protésico dental por actuar conforme a lo que defendemos.

En cuanto a las condenas por lesiones, al margen de estos casos que desconozco con exactitud, sé que desde el Consejo General de Odontólogos se está haciendo cierta campaña de desprestigio de nuestra profesión, aliñada con el inherente riesgo que toda profesión sanitaria corre en su ejercicio, tratando de criminalizarlo para alejar al paciente del protésico dental con la única intención de que éste no nos conozca y por ende lo que cuesta nuestro trabajo, para así especular con el mismo. No son ni tan siquiera originales porque eso se ha usado a lo largo de la historia contra todos los profesionales sanitarios que venían a cumplir funciones que históricamente estaban asignadas a la clase médica. Torpe estratagema por su parte ya que la profesión de ellos tiene muchos más riesgos y reclamaciones que la nuestra. Como respuesta, fomentaremos esas reclamaciones de los pacientes, y ya sabe todo aquel que le toque a quien debe de agradecérselo.
P. ¿Persigue de manera activa el Consejo General de Protésicos a estos profesionales que se atribuyen unas competencias que no les corresponden y para las que no están capacitados? Si es así, ¿de qué manera lo hacen?
R. Como ya le he dicho antes, a partir de la prescripción facultativa, todas las labores protésicas corresponden en exclusiva al protésico dental.

Desde la entrada en vigor de la Ley 10/1986, se ha seguido la consigna de omitir deliberadamente las preceptivas prescripciones e indicaciones de la prótesis dental para que siga el dentista revendiéndole la prótesis al paciente, de esta forma se lleva continuamente a los tribunales a los protésicos dentales, los cuales vienen pronunciándose en que el protésico está prescribiendo y eso no lo puede hacer porque es labor del odontólogo.

En los cinco años de vida de nuestro Consejo, no ha llegado ninguna denuncia contra ningún protésico por realizar actos contenidos en el artículo 1 de la Ley 10/1986, de los que no dan lugar a ningún tipo de duda ni interpretación (prevención, diagnóstico y de tratamiento relativos a las anomalías y enfermedades de los dientes, de la boca, de los maxilares y de los tejidos anejos). Cuando lleguen, no dude que iremos en contra, y desde estas líneas insto a los Colegios de Odontólogos a que nos informen de ese tipo de hechos para apoyar la acusación.

Espero recibir el mismo tipo de respuesta por parte de los Colegios de Odontólogos cuando alguien que no sea protésico realice cualquiera de las funciones contenidas en el artículo 2 de la Ley 10/1986, aunque lo dudo mucho porque algunos de ellos protegen que el dentista tenga hasta laboratorio.
P. Las últimas condenas, de las que se han hecho eco los medios de comunicación, podrían estar sembrando una cierta alarma social. ¿Ha pensado el Consejo General en lanzar algún comunicado que tranquilice a la población y en defensa de los buenos profesionales, que sabemos son la gran mayoría?
R. El caso más significativo ha sido el ocurrido en Valladolid. Muy diligentemente, el Colegio de Protésicos Dentales de Castilla y León, ha informado a los medios de comunicación de que la condenada no era una protésica colegiada.

La población sabe que la inmensa mayoría de los protésicos dentales son buenos profesionales.

Esa alarma social creada de forma muy deliberada por un hecho muy aislado, sólo tiene una intención que he señalado antes.

Algunos son tan pobres que pretenden conseguir prestigio a base del desprestigio de los demás.

A diario debe haber pacientes que salen descontentos de las clínicas dentales. ¿Sería ético y digno hacer por ello una campaña de desprestigio contra los dentistas? Yo creo que no, por eso no me voy a poner al mismo nivel.
P. ¿Le han ofrecido su colaboración al Consejo General de Colegios de Odontólogos en la lucha contra este tipo de intrusismo?
R. El Consejo General de Odontólogos tiene un sentido muy distorsionado de lo que es el intrusismo. Yo lo resumiría, como bien decía mi apreciado compañero Luis Navarro, ex presidente del Colegio de Madrid, para estos señores, intrusismo es todo lo que el dentista no cobra.

Cuando se traten de actos de los contenidos en el artículo 1 de la Ley 10/1986, tendrán toda nuestra colaboración, pero en modo alguno vamos a colaborar en la estratagema de robarle al protésico sus atribuciones.
P. En su opinión, como protésico dental, ¿qué es lo que lleva a determinados profesionales a ejercer el llamado “denturismo”?
R. El denturismo es una profesión distinta a la nuestra. El denturista y el protésico dental español tienen prácticamente las mismas atribuciones, excepto que el denturista puede diagnosticar y prescribir la necesidad de la prótesis. Nunca hemos reivindicado estas funciones, porque tenemos claro que corresponden al odontólogo en nuestro país.

Como ya he dicho antes, muchos, aunque cada vez menos, siguen la consigna de omitir deliberadamente la prescripción de la prótesis. Ya veremos si esa conducta es lícita o ilícita.

El problema se puede ver desde dos puntos de vista muy diferentes. Puede que el protésico haya prescrito o que simplemente haya hecho la prótesis sin prescripción. En un caso, evidentemente habría usurpación de funciones, pero en el otro, no lo tengo tan claro.

Es público y notorio que desde siempre se están dispensando medicamentos en muchas farmacias sin prescripción. ¿Estaría prescribiendo el farmacéutico o simplemente estaría cometiendo una infracción administrativa?
Sea como fuere, en el caso que nos ocupa, el problema se produce por una omisión deliberada del prescriptor, por meros intereses económicos en el producto sanitario prótesis dental.
P. Nos consta que el consejo de protésicos sostiene una lucha constante para lograr que se reconozcan los derechos de la profesión. Denuncian, entre otros temas, la vulneración, por parte de los dentistas, de las incompatibilidades establecidas en la “Ley del Medicamento”, en el sentido de que consideran que la persona que realiza la prescripción no debería ser la misma que después efectuara la venta. ¿En qué basan esta reivindicación?
R. Léase el artículo 3.1 de la citada Ley.
P. ¿Han conseguido algún avance en este sentido? ¿Qué acciones han previsto llevar a cabo?
R. Pues sí. Hemos conseguido multitud de tipificaciones en la nueva Ley del Medicamento que son grandes herramientas para alcanzar nuestras reivindicaciones.
P. El sector de la prótesis dental tiene que hacer frente también a otros serios problemas, como las importaciones de prótesis dentales de países no comunitarios. ¿Cómo se lucha contra este clarísimo fraude que, además, va en perjuicio de la salud de la población en general?
R. Hay que empezar explicando como se suele operar en este tema.

Por mandato de nuestra Asamblea General, estamos actuando contra esta situación, aunque lo hubiésemos hecho igualmente aunque no se hubiese acordado.

Para no meter la pata, antes de iniciar cualquier acción, hemos tenido que estudiar el modus operandi a la perfección. Para importar productos sanitarios hay que tener licencia de importación,
salvo que los productos estén sin terminar. Por aquí es por donde han encontrado la excusa para introducir los productos en España de forma fraudulenta algunos importadores.

Empezamos por comprobar la inexistencia de licencias de importación para prótesis dentales. En principio, no tenía mucho sentido que no se sacasen la licencia de importación, pues la misma tiene una tasa de 338,04 euros, cantidad ridícula para ese tipo de negocio. ¿Por cuestiones de pagos arancelarios?, pues tampoco, porque los márgenes son muy amplios y no afectaría mucho.

La cuestión está en que si se tiene licencia de importación hay que pasar la inspección sanitaria en la aduana y eso retrasaría la entrega de los productos varias semanas, incluso meses. Esto hace totalmente inoperante el sistema, de ahí que se introduzcan productos sanitarios terminados de forma ilegal con la excusa de que son semielaborados.

Muchos tienen la cartilla muy bien leída y entonces se sacan licencias de fabricante en España para argumentar que ellos terminan los productos aquí. Por lo tanto, hay que localizar el producto antes de que les llegue y comprobar que está terminado.

Tras muchas gestiones, los directores de los aeropuertos han dado orden de vigilar esos paquetes.

Desde el Consejo General estamos colaborando con varios Colegios en cuyas Comunidades Autónomas se dan casos de importaciones fraudulentas. Ya hay varios asuntos metidos en los juzgados, alguno de ellos incluso en la vía penal, y estamos en contacto directo con la Guardia Civil que está investigando muchos otros.
P. Como profesionales sanitarios, los dentistas estarán igualmente preocupados por este problema. ¿Han mantenido alguna reunión o conversación con el Consejo General de Colegios de Odontólogos y Estomatólogos para llegar un acuerdo en la lucha contra ésta y otras conductas fraudulentas?
R. No me haga reír. Los dentistas son los primeros beneficiados por esta situación, porque para ellos está suponiendo una reducción de costos, lo que les deja mayor margen económico. Yo no voy a prestarme a hacer el “paripé” con los odontólogos en esta cuestión, cuando la falsa promesa de colaboración sólo encubre el llevarnos a firmar convenios (llamados principios reguladores de ambas profesiones) para hacer propuestas de cambios legislativos para que renunciemos a nuestras legítimas atribuciones y los derechos de los pacientes.

Nuestras atribuciones y las de los odontólogos están en la Ley 10/1986 y las importaciones de productos sanitarios terminados sin licencia de importación son ilegales, por lo tanto mi colaboración y conversaciones se limitarán a hacer cumplir lo establecido en las normas y no a prestarme a hacer chanchullos en contra de mi profesión y de los pacientes, aunque me prometiesen que de la noche a la mañana me iba a convertir en la “protésica de confianza” de un gran número de odontólogos para que me mandasen mucho trabajo.

Desde que salió el tema de las importaciones, estamos tratando de hacer ver a todos los protésicos que la única manera de salvar nuestra profesión, es que nosotros le vendamos directamente nuestras prótesis a los pacientes, entre otras cosas porque las ventas indirectas o a través de las clínicas dentales son ilegales; porque si no, nos acabará puenteando el odontólogo y nuestra profesión desaparecerá.

Ante tal realidad, ha habido “espabilados” que pretenden establecer un protocolo de trabajo en el que la prótesis tenga que ir y venir de la clínica al laboratorio tantas veces que el sistema de importación sea imposible. Todos sabemos que eso no funciona así, que luego se hará como resulte más rentable económicamente para el odontólogo, como siempre se ha hecho. Realmente lo que pretenden es darle la vuelta a la situación para dificultar lo más posible la relación del paciente con el protésico, con los fines que todos sabemos.

La situación la describe a la perfección esta frase hecha “sácame del pozo que te perdone la vida”.

Sé que mi Comité Ejecutivo del Consejo General y los de muchos Colegios están estorbando para poder llevar a cabo estas traperías, pero a día de hoy eso es lo que hay.
P. ¿Cree que sería deseable un mejor entendimiento, una mayor colaboración entre ambos colectivos, puesto que ambos colaboran profesionalmente y tienen como objetivo la mejora de la salud buco dental?
R. Por supuesto, pero en cuanto a colaboración profesional para la mejora de la salud de los pacientes, pero no para chanchullos económicos entre ambos colectivos para darles carta de naturaleza al abuso a los pacientes.
P. ¿Qué tendría que suceder para que esto se produzca?
R. Muchos Colegios de Odontólogos, como su Consejo General, están dirigidos por estomatólogos, que no han querido asimilar la Ley 10/1986, porque históricamente hacían de odontólogos y protésicos a la vez. Si a los odontólogos los empezaron tratando con cierto desprecio porque no eran médicos, ya se puede imaginar cómo nos tratan a los protésicos, cuando todavía la mayoría dependen económicamente de ellos.

Para poder hablar de colaboraciones profesionales, de verdad, en beneficio de los pacientes, tienen que desaparecer las relaciones económicas, porque mientras que existan estas segundas, las primeras no serán jamás reales.

Nosotros sólo queremos una cosa, que se cumpla la Ley. Que el paciente, realmente, decida qué protésico quiere que le haga la prótesis, la prótesis que haya prescrito el dentista, no la que nosotros queramos, y que nos dé el paciente el dinero de nuestro trabajo en nuestra mano. Verá cómo nos empezamos a llevar de maravilla.
¿Qué pensarían los dentistas si nosotros pretendiésemos que trabajase sólo el dentista de nuestra confianza y que el paciente nos diese a nosotros el dinero del trabajo del dentista para luego liquidar con él? Pues lo mismo pensamos nosotros de la situación inversa.