¿Qué relación existe entre la salud de nuestra boca y la del resto del organismo? ¿Cómo pueden influir las enfermedades bucodentales en la salud cardiovascular, el microbioma o incluso la salud sexual? En su nuevo libro, Cuida tu boca, el Dr. Simón Pardiñas propone un recorrido por el cuerpo humano a través de la boca, combinando evidencia científica, experiencias clínicas, curiosidades y consejos prácticos. En esta entrevista con Gaceta Dental, el odontólogo y divulgador explica las claves de esta publicación, reflexiona sobre la importancia de la prevención y desmonta algunos de los mitos más extendidos sobre la salud bucodental.
-¿Por qué decidiste escribir Cuida tu boca y qué querías aportar con este libro?
-Llevo muchos años dedicándome a la odontología y también a la divulgación en mi canal de RRSS Dentalk y en diversos medios de comunicación, y me he dado cuenta de que sigue habiendo muchas dudas, desconocimiento en cosas básicas de salud, y que seguimos viendo la boca como algo bastante aislado del resto del cuerpo. Vamos al dentista cuando nos duele una muela o queremos mejorar nuestra sonrisa, pero pocas veces pensamos en la boca cuando hablamos de salud general.
Y precisamente esa es la idea que quería transmitir con Cuida tu boca: que la boca forma parte fundamental del organismo y que lo que ocurre en ella puede tener relación con procesos que suceden mucho más allá de los dientes.
Quería hacer un libro que explicase todo esto con evidencia científica, pero de una manera que pudiera entender cualquier persona, tal y como se lo explico a mis pacientes en la clínica. Y, sobre todo, que fuese práctico. Que después de leerlo entiendas mejor tu boca, pero también tengas herramientas para cuidarla mejor.
–Planteas el libro como un recorrido por todo el cuerpo desde la boca. ¿Qué relación entre salud oral y salud general crees que sigue siendo más desconocida para la población?
-Probablemente, una de las cosas que más sorprende es descubrir hasta dónde puede llegar la relación entre la boca y el resto del organismo, y que esa relación funciona en las dos direcciones.
Un ejemplo muy claro es la periodontitis. Mucha gente sigue pensando que si las encías sangran no pasa nada, cuando en realidad podemos estar ante una enfermedad inflamatoria crónica. La boca está muy vascularizada y bacterias y mediadores inflamatorios pueden alcanzar otras partes del organismo a través del torrente sanguíneo y del tracto digestivo. Las relaciones con la diabetes o las enfermedades cardiovasculares son quizá las más conocidas, pero cuando empiezas a profundizar aparecen conexiones mucho más sorprendentes, como la artritis reumatoide, el Alzheimer, algunos tumores, las complicaciones del embarazo, pero también con problemas que a priori nadie relacionaría con la boca, como la endometriosis o la disfunción eréctil.
Pero también ocurre al revés, lo que sucede en nuestro cuerpo y en nuestra mente deja huella en la boca. El estrés puede favorecer el bruxismo y los desgastes dentales; los trastornos de la conducta alimentaria pueden producir erosiones muy características en los dientes; y determinados medicamentos, incluidos algunos utilizados en salud mental, pueden disminuir la producción de saliva, provocando sequedad de boca y aumentando el riesgo de caries y otros problemas, e incluso algunas infecciones de transmisión sexual pueden manifestarse con lesiones en la boca, como ocurre con la sífilis, el herpes o determinadas lesiones relacionadas con el VPH.
Por eso puedes empezar hablando de una encía que sangra y terminar hablando del corazón, el cerebro, las articulaciones, la salud sexual o incluso la salud mental.
Pero todo esto nos lleva a una idea que para mí es fundamental y que atraviesa todo el libro: la boca no es una cavidad aislada. Es una parte más de nuestro organismo y deberíamos empezar a integrarla mucho más cuando hablamos de prevención y de salud general.
–Hablas de encías, corazón, microbioma o salud sexual. ¿Qué conexión te parece más sorprendente o relevante desde el punto de vista clínico?
–A mí me parece especialmente interesante el microbioma oral, porque nos está cambiando bastante la forma de entender la boca.
Durante mucho tiempo hemos hablado de bacterias casi exclusivamente como enemigos que había que eliminar. Hoy sabemos que tenemos una comunidad enorme de microorganismos viviendo en equilibrio con nosotros y que el problema muchas veces aparece cuando ese ecosistema se altera.
Además, algunas bacterias de origen oral se han identificado en tejidos alejados de la boca. Nosotros mismos hemos investigado, por ejemplo, la presencia de bacterias asociadas a patologías en la cavidad oral en cáncer colorrectal.
Pero aquí también es importante no adelantarnos a la ciencia: encontrar una asociación o una bacteria en otro tejido no significa automáticamente que sea la causa de una enfermedad. Precisamente, una parte importante del libro es enseñar también a diferenciar asociación de causalidad, y ser rigurosos con la información transmitida, sin alarmar pero con evidencia.
–¿Cómo decidiste qué temas debían formar parte del libro y cómo está estructurado ese recorrido?
-La idea era llevar al lector por un recorrido que se parece mucho al de nuestra propia vida. Llegamos al mundo con una primera bocanada de aire y, poco después, utilizamos la boca para alimentarnos. Y al final de la vida, también a través de ella, llega nuestro último suspiro. Entre ambos se escribe buena parte de nuestra historia: comemos, hablamos, respiramos, amamos, reímos… Por eso me parece que la boca era un lugar perfecto desde el que empezar a recorrer y entender todo el cuerpo.
El viaje comienza por lo más cercano, entender qué tenemos dentro de la boca y cómo funciona. Los dientes, las encías, la lengua, la saliva, el microbioma… Después abordamos los principales problemas que pueden aparecer y, a partir de ahí, vamos saliendo poco a poco de la boca para descubrir cómo se relaciona con el resto del organismo.
Así llegamos a hablar de inflamación, diabetes, salud cardiovascular, respiración, sueño, deporte, alimentación o salud sexual, pero sin olvidarnos de cuestiones mucho más cotidianas que nos afectan a todos: caries, mal aliento, ronquidos y apneas, muelas del juicio, implantes, ortodoncia, estética o higiene.
Al final, la selección de los temas surgió de combinar tres cosas: la evidencia científica, mi experiencia clínica y las preguntas y dudas que llevo años escuchando tanto de mis pacientes como de las personas que me siguen en redes. Quería que el libro respondiese, precisamente, a muchas de esas preguntas que todos nos hemos hecho alguna vez sobre nuestra boca.
–Uno de los retos de la divulgación sanitaria es simplificar sin perder rigor. ¿Cómo has trabajado ese equilibrio al escribir Cuida tu boca?
-Ese probablemente ha sido uno de los mayores retos. Porque puedes explicar algo de una manera científicamente impecable y que no lo entienda nadie, o simplificarlo tanto que termine siendo incorrecto.
He intentado buscar siempre ese punto intermedio. Partir de la evidencia científica, revisar la literatura y después traducirla a un lenguaje cotidiano, utilizando ejemplos, comparaciones, historias clínicas y situaciones que cualquiera pueda reconocer.
–Durante el proceso de documentación, ¿hubo algún estudio, dato o relación entre salud oral y salud general que te sorprendiera especialmente?
-Hay muchísimos, pero todo lo relacionado con la capacidad de los microorganismos de la boca para aparecer en otras partes del organismo me parece especialmente interesante.
Es algo que además conecta directamente con una de mis líneas de investigación. Hemos estudiado el microbioma oral y su relación con el cáncer colorrectal y hemos encontrado bacterias típicamente asociadas a la cavidad oral presentes también en muestras tumorales.
Cuando empiezas a comprender que la boca alberga uno de los ecosistemas microbianos más complejos del organismo y que existe comunicación con el resto del cuerpo, cambia bastante la forma de entender la salud oral. Ya no hablamos únicamente de evitar una caries o conservar un diente.
–El libro combina ciencia, historias reales de consulta, curiosidades, mitos y consejos prácticos. ¿Qué buscabas con esa combinación?
-Sobre todo, que no pareciese un libro de texto de odontología. La ciencia es fundamental, pero para que la información llegue tienes que conseguir que el lector quiera seguir leyendo. Por eso utilizo historias que he vivido en consulta, preguntas que me hacen los pacientes, curiosidades, mitos y situaciones cotidianas.
Además, muchas de las explicaciones se complementan con códigos QR que permiten ver vídeos y animaciones 3D que hemos creado durante años en Dentalk y que yo mismo utilizo en consulta para explicar determinados problemas y tratamientos a mis pacientes.
Mi objetivo era que una persona pudiera aprender, sorprenderse y, de vez en cuando, incluso reírse, pero que al cerrar el libro se llevase información útil para su vida.
–¿Hay algún mito sobre salud bucodental especialmente extendido que hayas querido desmontar en el libro?
-Uno de los más sencillos y todavía muy extendido es pensar que si las encías sangran es normal o que, si sangran al cepillarlas, es mejor dejar esa zona tranquila. Normalmente ocurre justo lo contrario: unas encías sanas no deberían sangrar de forma habitual y ese sangrado puede ser una señal de inflamación.
Pero en el libro hay muchos otros: que perder dientes es inevitable con la edad, que los dientes de leche no importan porque se van a caer, que cuanto más fuerte cepilles mejor limpias, que un colutorio sustituye al cepillado, que el mal aliento procede siempre del estómago o que tener unos dientes blancos significa tener una boca sana.
Una de las cosas que intento explicar es que en salud oral muchas ideas que hemos normalizado durante años no son necesariamente ciertas.
–Después de años divulgando sobre Odontología, ¿qué dudas, errores o falsas creencias ves que se repiten con más frecuencia entre los pacientes y que has querido abordar también en el libro?
-Hay una que engloba muchas de las demás: acudir al dentista solamente cuando algo duele.
Muchas enfermedades de la boca pueden avanzar durante bastante tiempo sin provocar dolor. La periodontitis es un ejemplo muy claro. Puedes estar perdiendo el soporte de los dientes y no tener un dolor que te avise de lo que está sucediendo; y es, de hecho, la primera causa de pérdida de dientes en adultos.
También vemos continuamente problemas con la higiene, personas que se cepillan tres veces al día pero mal, que utilizan demasiada fuerza, que creen que un colutorio compensa un mal cepillado o que buscan remedios milagrosos que han visto en redes sociales.
Por eso insisto mucho en prevención. El mejor tratamiento odontológico, siempre que sea posible, es aquel que conseguimos evitar.
–¿Qué te gustaría que cambiara en la forma de entender o cuidar su salud de una persona después de leer Cuida tu boca?
-Me gustaría que cuando terminase el libro dejase de pensar en la boca como una parte independiente del cuerpo.
Que entendiese que cuidar sus encías, sus dientes, su saliva, su respiración o su microbioma no es simplemente intentar tener una sonrisa bonita. Es cuidar todo su cuerpo.
Y tampoco quiero transmitir una obsesión por tener una boca perfecta. Todo lo contrario. Se trata de incorporar hábitos sencillos, saber reconocer determinadas señales de alarma y entender que la prevención puede evitarnos muchos problemas.
Si después de leer el libro alguien mira de otra manera unas encías que sangran, empieza a limpiar entre sus dientes, deja de normalizar un problema que llevaba años ignorando o simplemente entiende mejor lo que ocurre en su propia boca, para mí el libro ya habrá cumplido buena parte de su objetivo.


