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Dr. Óscar Castro: «Estamos en un momento decisivo para la Odontología española»

El Dr. Óscar Castro, presidente del Consejo General de Dentistas.
El Dr. Óscar Castro, presidente del Consejo General de Dentistas. Imagen: cedida por el Consejo.

Las especialidades odontológicas, la plétora profesional, la precariedad de los jóvenes dentistas y la ausencia de una regulación estatal de la publicidad sanitaria marcarán la nueva legislatura de Óscar Castro al frente del Consejo General de Dentistas de España. Reelegido tras doce años en el cargo, asegura que no afronta este mandato desde la rutina ni la complacencia, sino ante la convicción de que la profesión atraviesa «un momento decisivo». En conversación con Gaceta Dental, reclama planificación, equidad y límites éticos ante una Odontología cada vez más digitalizada.

-Dr. Óscar Castro, afronta una nueva legislatura al frente del Consejo General de Dentistas de España tras 12 años en la presidencia. ¿Con qué ánimo asume esta nueva etapa y qué le ha llevado a volver a dar este paso?
-La asumo con gratitud, responsabilidad y con la misma ilusión del primer día. Después de 12 años, uno no puede plantearse una nueva etapa desde la rutina, sino desde la convicción de que todavía hay retos esenciales para la Odontología española. El apoyo recibido en la Asamblea General, con 59 votos de 67 emitidos, lo interpreto no como un respaldo personal, sino como un mandato claro para seguir trabajando desde la unidad, el diálogo y la defensa de la profesión.

Me ha llevado a dar este paso la certeza de que estamos en un momento decisivo: las especialidades odontológicas, la plétora profesional, la publicidad sanitaria, la defensa de nuestras competencias, la formación continuada, la digitalización y una cartera pública de salud bucodental más equitativa son cuestiones que requieren experiencia, firmeza y consenso. Nuestro lema es “Seguir avanzando”, y eso significa hacerlo con todos, para todos y pensando en el futuro de la profesión y de los pacientes.

-Hace cuatro años nos decía que repetía para dar continuidad a un proyecto. Después de este nuevo periodo, ¿diría que aquel proyecto se ha consolidado? ¿Qué balance hace de la última legislatura?
-Sí, creo que el proyecto se ha consolidado, pero no me gusta confundir consolidación con complacencia. Se ha reforzado la presencia institucional del Consejo, se han intensificado las relaciones con la Universidad, las sociedades científicas, los demás Consejos Sanitarios y las administraciones, y se ha logrado una mayor visibilidad pública de la Odontología. Hemos mantenido más de 120 reuniones institucionales, emitido más de 950 notas de prensa, participado en más de 22 reuniones internacionales, elaborado informes técnicos, guías y recomendaciones, y desarrollado junto a otros Consejos Sanitarios la receta electrónica privada.

También hemos avanzado en compromiso social: la Fundación Dental Española ha organizado 11 campañas de educación sanitaria, 194 cursos, aulas clínicas y webinars, y las Clínicas Solidarias han atendido a unos 20.000 pacientes con bajos recursos durante la legislatura. Pero el balance debe ser honesto: quedan asuntos pendientes de enorme trascendencia, como las especialidades, la plétora, una regulación estatal de la publicidad sanitaria, el intrusismo, la reforma de la Ley de Sociedades Profesionales y la mejora de la equidad en salud oral. Hemos avanzado mucho, pero precisamente por eso tenemos más responsabilidad.

«Formar dentistas excelentes para empujarlos después al subempleo o a la emigración es un fracaso del país»

-Hay pocos cambios en la composición del ejecutivo del Consejo, aunque se incorporan perfiles nuevos como el Dr. Jaime Jiménez o la Dra. Guerrero. ¿Qué nos puede decir del grupo de trabajo que le acompaña en la labor de representación y defensa de la profesión?
-Es un equipo que combina experiencia, continuidad y renovación. Repiten personas que han demostrado capacidad de trabajo, conocimiento de la Organización Colegial y compromiso con una gestión seria, transparente y participativa. Y se incorporan perfiles que aportan nuevas sensibilidades, experiencia clínica, científica e institucional. Ese equilibrio es muy importante, porque los retos que tenemos por delante exigen cohesión, pero también escuchar más, incorporar más talento y sumar nuevas perspectivas.

El Dr. Jaime Jiménez es un profesional de gran prestigio, con una trayectoria muy reconocida y con un peso importante en SEPES. Su incorporación refuerza el vínculo con las sociedades científicas y aporta una visión rigurosa, moderna y muy útil en áreas clave como la rehabilitación, la prótesis, la implantología y la calidad asistencial. Además, es una persona dispuesta a ayudar, a sumar y a trabajar con generosidad por la profesión.

Entrevista a Óscar Castro, presidente del Consejo General de Dentistas de España
Equipo de gobierno al completo del Consejo General de Dentistas de España. Foto: Consejo de Dentistas.

Y la Dra. María José Guerrero, como presidenta del COEC, representa algo especialmente valioso: la unión de la profesión en torno a nuestras legítimas reivindicaciones. Su trabajo será esencial en todas las parcelas, porque Cataluña tiene un peso profesional, colegial y social muy importante. Su incorporación transmite un mensaje de cohesión, de responsabilidad y de voluntad de remar todos en la misma dirección.

También se incorporan la Dra. Cristina Calderón, presidenta de la SEDAO; y el Dr. Jaime Alfonso, que es presidente del Colegio de Dentistas de Aragón. De todos ellos, espero lo mejor.

-Entre las prioridades de esta nueva etapa ha situado el reconocimiento de las especialidades odontológicas. Tras el envío al Ministerio de Sanidad de las memorias de solicitud previstas en el Real Decreto 589/2022 por parte de AEDE, SEDO, SECIB, SEPA, SEPES y SEOP, ¿en qué punto se encuentra este proceso?
El proceso se encuentra en una fase de revisión y recurso, ya que el Ministerio de Sanidad ha emitido resoluciones desfavorables a las solicitudes presentadas por las seis sociedades científicas.

Quiero matizar que estas resoluciones no cuestionan la necesidad asistencial de las especialidades ni la calidad de las memorias elaboradas: la objeción se centra, fundamentalmente, en el modelo formativo propuesto y en la interpretación del marco normativo vigente. Por tanto, no estamos ante el final del proceso, sino ante un obstáculo administrativo que debe ser abordado.

Ahora, las sociedades científicas interpondrán los recursos administrativos y, en su caso, judiciales que correspondan. Como siempre, el Consejo General de Dentistas y la Conferencia de Decanos les prestaremos todo nuestro respaldo institucional y trabajaremos de forma coordinada para encontrar una vía jurídica, normativa y formativa adecuada. España no puede seguir en una situación de desigualdad respecto a otros países europeos y el reconocimiento de las especialidades continúa siendo una prioridad inaplazable para la profesión y para la seguridad de los pacientes.

-¿Confía en que esta legislatura sea, por fin, la del reconocimiento de las especialidades odontológicas en España? ¿Qué supondría para la profesión y para los pacientes?
-Soy prudentemente optimista. No sería responsable lanzar mensajes triunfalistas, porque el calendario lo marca la Administración y el procedimiento debe cumplir todos los requisitos. Pero sí puedo decir que nunca habíamos llegado tan lejos, ni con tanta unidad entre sociedades científicas, Universidad, Organización Colegial y comunidades autónomas.

Para la profesión supondría normalizar una situación que en Europa ya está resuelta. No se trata de crear privilegios ni de fragmentar la Odontología, sino de reconocer itinerarios formativos avanzados, ordenar mejor la práctica profesional, dar seguridad jurídica y favorecer la excelencia. Y para los pacientes significaría más información, más garantías, mejor orientación terapéutica y una asistencia más segura. El dentista general seguirá siendo una figura esencial, pero reconocer especialidades permitirá ordenar mejor la complejidad creciente de nuestra profesión.

«Una verdadera cartera pública debe ser eminentemente preventiva, evaluable y equitativa»

-Otro de los asuntos que más han preocupado en sus mandatos ha sido la plétora profesional. ¿Ha empeorado la situación en estos últimos años?
-La situación sigue siendo muy preocupante. España cuenta ya con 43.672 dentistas colegiados, según los últimos datos publicados por el Consejo a partir del INE, y cada año se incorporan alrededor de 2.000 nuevos graduados. En la última década el crecimiento ha sido muy intenso y, si miramos la evolución desde el año 2000, el incremento de profesionales ha sido extraordinariamente superior al crecimiento de la población.

No hablamos de una preocupación corporativa, sino de planificación sanitaria. Cuando se forman muchos más profesionales de los que el sistema puede absorber dignamente, aparecen la precariedad, el subempleo, la presión mercantilista, la pérdida de expectativas profesionales y la emigración de jóvenes altamente cualificados. Nuestro programa identifica la plétora como una de las amenazas estructurales de la profesión, junto a la publicidad engañosa, el intrusismo y determinados modelos asistenciales que desvirtúan el acto sanitario.

-¿Qué medidas concretas debería adoptar la Administración para abordar la plétora profesional?
-Lo primero es asumir que el problema existe. A partir de ahí, hace falta planificación. España necesita un análisis serio de necesidades profesionales, con datos de demografía, edad, distribución territorial, empleabilidad, demanda asistencial real y evolución de la cartera pública. No se pueden seguir autorizando plazas y centros universitarios sin una visión sanitaria de conjunto.

Defendemos un numerus clausus realista y ajustado a necesidades; una evaluación rigurosa de la calidad de todos los centros formativos; una moratoria o, al menos, una extrema prudencia ante nuevas plazas; y un observatorio estable de demografía profesional. También hay que reforzar la inspección laboral, combatir falsos modelos de autonomía cuando encubran precariedad, promover salidas profesionales dignas y vincular cualquier ampliación de la asistencia pública a plantillas suficientes y condiciones adecuadas. Formar dentistas excelentes para empujarlos después al subempleo o a la emigración es un fracaso del país.

-Asistimos también en los últimos años a un gran cambio generacional, donde las preferencias profesionales parecen haber cambiado. ¿Hay un descenso en el emprendimiento? ¿Qué lectura hacen desde el Consejo de esta tendencia?
-Sí, muchos colegios nos trasladan esa percepción. Cada vez más jóvenes optan inicialmente por modelos de ejercicio por cuenta ajena, por equipos multidisciplinares o por estructuras ya consolidadas. No es una tendencia que debamos juzgar con nostalgia, sino analizar con realismo. Montar una clínica exige una inversión elevada, una carga administrativa considerable, asumir riesgos empresariales y competir en un mercado muy tensionado.

También ha cambiado la forma de entender la vida profesional. Las nuevas generaciones valoran más la conciliación, la estabilidad, el trabajo en equipo, la formación continua y la seguridad. Eso es legítimo. Lo que nos preocupa es que el descenso del emprendimiento no sea fruto de una elección libre, sino de un entorno que dificulta que un joven dentista pueda desarrollar un proyecto profesional independiente.

Desde el Consejo debemos ayudar con formación en gestión, ética, normativa, seguridad del paciente y liderazgo clínico; defender la clínica dental como centro sanitario, no como un mero punto de venta; y promover un ecosistema donde el emprendimiento responsable siga siendo posible. La Odontología española se ha construido sobre miles de clínicas comprometidas con sus pacientes y con su entorno. Ese tejido profesional merece protección.

-Hace cuatro años advertía de que los fondos destinados al Plan de Salud Bucodental suponían un avance, pero eran insuficientes. ¿Se va hacia una financiación más estable y realista?
-Se ha avanzado, y hay que reconocerlo. El Plan de Ampliación de la Cartera Común de Servicios de Salud Bucodental ha supuesto un paso importante, especialmente para colectivos vulnerables. En 2026 el Consejo de Ministros aprobó una nueva distribución de 60,058 millones de euros, con ejecución hasta 2028, y el Ministerio ha ido incorporando progresivamente a menores, embarazadas, personas con discapacidad, pacientes oncológicos cervicofaciales y personas mayores de 65 años.

Toma de posesión del Dr. Óscar Castro celebrada el pasado junio. Foto: Consejo de Dentistas.

Pero todavía no podemos hablar de una financiación plenamente estable, suficiente y homogénea. Persisten diferencias muy importantes entre comunidades autónomas, lo que desde el Consejo hemos denominado muchas veces el “gradiente de código postal”. Además, no basta con aprobar fondos: hay que garantizar ejecución, profesionales, equipamiento, indicadores de resultados y continuidad presupuestaria.

Una verdadera cartera pública debe ser eminentemente preventiva, evaluable y equitativa. Debe incluir educación sanitaria, revisiones periódicas, prevención en infancia y adolescencia, atención a embarazadas, personas con discapacidad, pacientes oncológicos, personas con patologías sistémicas y adultos mayores con bajos recursos. Y debe contemplar atención básica conservadora, periodontal y rehabilitadora en los colectivos donde la falta de tratamiento compromete la salud general, la nutrición, la autoestima y la dignidad. Nuestro planteamiento siempre ha sido claro: avanzar con realismo, pero sin renunciar a la equidad.

-En publicidad sanitaria, el Consejo lleva años reclamando una regulación más estricta. ¿Se ha dado algún paso en firme?
-La reivindicación sigue plenamente vigente. Se ha avanzado en sensibilización, en concienciación social y en posicionamiento institucional, pero seguimos necesitando una ley estatal específica de publicidad sanitaria. No puede tratarse la asistencia odontológica como si fuera un producto de consumo sometido a ofertas, descuentos, mensajes agresivos o promesas de resultados imposibles.

Aquí lo verdaderamente triste fue que esta petición llegó al Congreso de los Diputados con el apoyo de todas las profesiones sanitarias, que representamos a más de un millón de profesionales. La verdad es que pensábamos que la moción se aprobaría por unanimidad. ¡Qué error! No contábamos con las miserias de los partidos políticos. Por puro tacticismo, lamentablemente tumbaron la iniciativa. Una lástima.

Pero no cejaremos en el empeño. Hemos insistido en que la publicidad sanitaria debe ser veraz, objetiva, prudente, comprensible, basada en evidencia científica y respetuosa con la dignidad del paciente. También debe evitar reclamos económicos que banalicen los tratamientos, imágenes engañosas de antes y después, garantías irreales, financiación utilizada como anzuelo y mensajes difundidos por canales o prescriptores que no garanticen información sanitaria responsable. El Consejo ha reiterado esta posición en los últimos años, especialmente al recordar casos como iDental y al reclamar una norma que proteja realmente a los pacientes.

-En los últimos años se han lanzado campañas sobre salud oral y nutrición, embarazo, deporte y otros ámbitos. ¿Percibe que la población tiene una mayor conciencia sobre la importancia de la salud bucodental y de su conexión con la salud general?
-Sí, percibimos una mayor conciencia, aunque todavía queda mucho camino por recorrer. La población entiende cada vez mejor que la salud oral no es un asunto aislado ni meramente estético. La boca forma parte del organismo y tiene relación con la diabetes, la enfermedad periodontal, el embarazo, la nutrición, determinados hábitos deportivos, la salud mental y la calidad de vida.

Durante estos años hemos desarrollado campañas sobre cáncer oral, embarazo, salud oral infantil, adolescentes, deporte, nutrición, discapacidad, sostenibilidad, diabetes y salud mental. También hemos creado plataformas específicas, infografías y materiales divulgativos para trasladar información fiable a la población. Nuestro reto ahora es consolidar ese mensaje: no hay salud sin salud oral. Y esa idea debe entrar en las escuelas, en las familias, en la atención primaria, en las políticas públicas y en la conciencia de todos los profesionales sanitarios.

«El dentista general seguirá siendo una figura esencial, pero reconocer especialidades permitirá ordenar mejor la complejidad creciente de nuestra profesión»

-Otro de los asuntos pendientes de la profesión es la formación continuada obligatoria. ¿Sigue siendo una reivindicación prioritaria para el Consejo?
-Sí, sigue siendo prioritaria. La Odontología cambia a una velocidad enorme: materiales, técnicas, diagnóstico digital, terapéutica farmacológica, evidencia científica, seguridad del paciente, inteligencia artificial… Un profesional sanitario no puede vivir únicamente de la formación recibida en la universidad. La formación continuada debe entenderse como un derecho y también como un deber ético.

Hemos consolidado una oferta formativa gratuita y de calidad al servicio de los colegiados, con la colaboración de sociedades científicas, universidad y expertos de primer nivel. Además, nuestro programa plantea impulsar un modelo voluntario y gratuito de certificación del nivel de actualización de conocimientos, como paso razonable hacia una cultura de desarrollo profesional continuo.

La reforma de la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias puede ser una oportunidad para reforzar esta materia, siempre con una idea clara: la formación continuada no debe convertirse en burocracia ni en una carga económica más para el profesional, sino en una herramienta útil, accesible, acreditada y orientada a mejorar la asistencia. También hemos defendido que no puede utilizarse como vía indirecta para invadir competencias ni como sustituto del reconocimiento de las especialidades.

-La digitalización o la IA están transformando la Odontología. Las oportunidades que ofrecen están claras, pero ¿qué riesgos observan desde el Consejo en este ámbito?
-La digitalización ofrece oportunidades enormes: diagnóstico más preciso, planificación más eficiente, trazabilidad, interconsulta, formación, mejora del consentimiento informado y nuevas herramientas clínicas. Nuestro programa contempla avanzar en inteligencia artificial, pero marcando límites éticos claros, y plantea incluso desarrollar consentimientos informados personalizados con ayuda de IA a partir de bases de conocimiento revisadas y controladas.

Pero los riesgos también son evidentes. Nos preocupa la banalización del diagnóstico, los tratamientos directos al consumidor sin supervisión clínica suficiente, la opacidad de algunos algoritmos, el uso comercial de datos de salud, la ciberseguridad, los sesgos, la publicidad personalizada agresiva y la falsa idea de que una herramienta tecnológica puede sustituir el juicio clínico del dentista.

La regulación europea y española de la IA avanza hacia modelos basados en riesgo, supervisión humana y obligaciones reforzadas en ámbitos sensibles como la salud. Desde el Consejo defendemos una idea sencilla: la tecnología debe ayudar al profesional y proteger al paciente, no reemplazar la responsabilidad clínica ni convertir la salud oral en un producto automatizado. La IA puede ser un gran aliado, pero siempre con evidencia, transparencia, seguridad, consentimiento informado y supervisión humana.

-Rankings como el de Stanford y otros que evalúan el nivel de la formación odontológica sitúan a profesionales y centros españoles en puestos destacados. En base a esto, ¿podemos decir que la Odontología española vive su mejor momento de excelencia?
-La Odontología española vive un momento científico muy brillante. Que investigadores españoles aparezcan de forma destacada en rankings internacionales, como el elaborado a partir de la base de datos de Stanford, y que universidades y centros españoles tengan presencia en clasificaciones internacionales es motivo de orgullo. En 2025 se destacó la presencia de 21 investigadores españoles en el ranking Stanford World’s Top 2% en el área de Odontología. Estamos hablando de profesionales de la talla del Dr. Eduardo Anitua o del Dr. Mariano Sanz.

Ahora bien, la excelencia no puede medirse solo por publicaciones, citas o posiciones en rankings. La verdadera excelencia debe llegar a la clínica diaria, a la ética profesional, a la seguridad del paciente, a la formación continuada y a la equidad. Tenemos investigadores, docentes, clínicos y sociedades científicas de primer nivel, pero seguimos siendo el único país de la Unión Europea sin especialidades odontológicas reconocidas y sufrimos una plétora profesional preocupante. Por tanto, sí: estamos en un gran momento científico. Pero nuestro objetivo es que esa excelencia se traduzca también en una mejor ordenación profesional y en una mejor salud oral para todos.

-Por último, al finalizar el presente mandato se sentiría satisfecho si…
-Me sentiría satisfecho si al finalizar este mandato España hubiese reconocido por fin las especialidades odontológicas; si hubiéramos dado pasos reales para ordenar la demografía profesional y reducir la plétora; si contáramos con una regulación estatal de la publicidad sanitaria; si la cartera pública de salud bucodental tuviera financiación estable, criterios homogéneos y una verdadera orientación preventiva; si hubiéramos reforzado la formación continuada, la ética, la seguridad del paciente y el uso responsable de la inteligencia artificial; y si la profesión terminara esta legislatura más unida que cuando la empezamos.

Pero, sobre todo, me sentiría satisfecho si los dentistas españoles perciben que su Consejo ha estado a su lado, defendiendo sus competencias, su dignidad y su futuro; y si los ciudadanos sienten que la Odontología está cada vez más integrada en la salud general. Ese es el sentido de nuestro compromiso: con todos, para todos y por el futuro. Seguir avanzando.

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