La organización colegial hispalense acaba de presentar en sociedad la Fundación Sonríe Sevilla, una iniciativa de Odontología social que nace para atender a colectivos vulnerables y que aspira a perdurar en el tiempo con el apoyo de profesionales, instituciones y empresas.
–El Colegio Oficial de Dentistas de Sevilla acaba de presentar la Fundación Sonríe Sevilla. ¿Con qué espíritu nace esta iniciativa y qué necesidad concreta viene a cubrir?
-La Fundación nace con el objetivo de ayudar a pacientes con una salud bucodental deficiente y que, además, no cuentan con recursos económicos acreditados para acceder a la atención que necesitan. Como institución colegial creemos que también tenemos la responsabilidad de contribuir a mejorar la sociedad que nos rodea.
El Colegio ya venía realizando iniciativas solidarias puntuales con determinados colectivos, como niños bielorrusos o ucranianos que han venido a Sevilla en otras ocasiones. Siempre hemos tenido un exceso de profesionales dispuestos a colaborar para cubrir la demanda generada por esas actividades. Eso nos demuestra que estamos ante un colectivo tremendamente solidario. A partir de ahí, nos vimos con la fuerza de estructurar esa ayuda de una forma más sólida, organizada y con recorrido en el tiempo, a través de una Fundación.
Los estatutos de la misma tienen un fin claro: promover la salud bucodental, especialmente entre ciudadanos y colectivos vulnerables. Y el objetivo es doble: fomentar y recuperar la salud oral, pero también mejorar la calidad de vida de esas personas y favorecer su reinserción social.

–¿Qué perfil de pacientes o colectivos serán prioritarios en esta primera etapa?
-La actividad ha comenzado con colectivos de recursos limitados, acreditados y en situación de exclusión social, con el foco puesto en la ciudad de Sevilla. A veces ponemos la mirada en otros países o en colectivos que vienen durante el verano, pero también tenemos realidades muy cercanas que podemos atender de una forma más continuada a lo largo del año, incluso con una periodicidad casi semanal.
Sevilla cuenta, desgraciadamente, con algunos de los barrios más pobres de España, y ahí hemos querido centrar esta primera etapa. Queremos estar cerca de quienes realmente lo necesitan y hacerlo con continuidad.
–¿Qué tipo de prestaciones o tratamientos contempla inicialmente la Fundación?
-La voluntad es poder realizar tratamientos de todo tipo, siempre en función de las necesidades de cada paciente y de los recursos disponibles. En la primera experiencia desarrollada hemos trabajado con un colectivo muy vulnerable, con una mala salud bucodental, y nos hemos centrado en rehabilitar pacientes con prótesis completas y prótesis sobre implantes, ofreciendo tratamientos de mucha calidad.
Lo que perseguimos es devolver salud a las personas. La salud no debe ser cosa de unos pocos. Devolver la salud oral es también devolver dignidad y permitir que la persona pueda volver a presentarse ante la sociedad con confianza.
–¿Cómo se articula el acceso de los pacientes a los servicios ofrecidos por Sonríe Sevilla?
-El acceso y el filtro de los pacientes se realiza con la colaboración de los profesionales del Ayuntamiento de Sevilla y de Cáritas Interparroquial. Para nosotros era fundamental contar con quienes conocen de verdad el entorno social de los pacientes, sus necesidades y su realidad.
Los asistentes sociales del propio barrio conocen a las personas, saben quién lo necesita realmente y nos ayudan a garantizar que la ayuda llega a quienes deben recibirla. Ese acompañamiento es imprescindible, porque la Fundación no puede limitarse a ofrecer un tratamiento: tiene que integrarse en un proceso social más amplio.
–¿Qué papel tienen los dentistas colegiados de Sevilla en el funcionamiento de la Fundación?
-Los dentistas colegiados de Sevilla son la mano de obra esencial del proyecto. Si algo hemos comprobado en estos años es que el colectivo responde. Cuando se han planteado iniciativas solidarias desde el Colegio, siempre hemos encontrado profesionales dispuestos a participar.
La Fundación Sonríe Sevilla nace, precisamente, para canalizar esa solidaridad de una manera estable y organizada. El Colegio la lidera porque es quien la ha creado, quien aporta la estructura y quien reúne a los profesionales que pueden prestar esa atención. Pero la Fundación Sonríe Sevilla quiere ser de todos y necesita sumar a instituciones, empresas y ciudadanos.
–¿Cómo se financiará la Fundación y qué vías de colaboración estarán abiertas a empresas, instituciones o particulares?
-En el primer proyecto que hemos desarrollado se ha contado con el apoyo del Ayuntamiento de Sevilla, la Fundación Cajasol, la Fundación Eduardo Anitua y BTI, que desde el primer momento se han implicado al cien por cien y han entendido las bondades del proyecto. Pero queremos seguir contando con empresas, instituciones y particulares, porque los necesitamos.
La presentación pública de la Fundación se realizó el pasado 13 de mayo en un acto muy emotivo, en el que quisimos mostrar una realidad ya en marcha, con hechos. Participaron un asistente social y también un paciente que explicó cómo el tratamiento le había cambiado la vida: era una persona deprimida, que no salía de casa y que no quería relacionarse; después de recuperar la sonrisa volvió a salir, a hablar con su entorno e incluso encontró trabajo. Ese testimonio nos confirmó que estamos en el camino correcto.
Además, el Ayuntamiento de Sevilla ha aceptado formar parte del patronato de la Fundación. El 16 de abril, el Pleno del Ayuntamiento aprobó por unanimidad su incorporación, algo que refuerza la seriedad y la solidez del proyecto. Queremos que la Fundación sea transparente, estructurada y capaz de perdurar en el tiempo.
–Hablando más allá de la puesta en marcha de la Fundación, como presidente del Colegio de Dentistas de Sevilla, ¿cómo describiría el momento actual de la Odontología sevillana y andaluza?
-Creo que estamos ante un momento muy bueno. A nivel andaluz existe una buena sintonía con la Consejería de Salud. Le hemos trasladado nuestras inquietudes en materia administrativa, porque hay aspectos obsoletos, como el decreto por el que se rigen las clínicas dentales, que es de 1994 o nuestra preocupación por la publicidad sanitaria. La Consejería nos ha tendido la mano y se ha puesto a trabajar. Tenemos pendiente la firma de un convenio entre la Consejería y el Consejo Andaluz de Dentistas, que probablemente se firme de forma inminente, y eso nos hace estar satisfechos.
En el caso concreto de Sevilla, creo que el Colegio es muy activo y trata de cubrir las necesidades reales de los profesionales. Lo hacemos en formación, con programas novedosos como la preparación de las oposiciones al Servicio Andaluz de Salud para los dentistas, algo inédito que incluso se retransmitió a otros colegios andaluces. También hemos trabajado en cursos vinculados a los protocolos de sedación consciente y en sesiones administrativas con la Delegación de Salud sobre renovación de licencias, apertura de clínicas o cuestiones de inspección.
Además, estamos renovando la parte informática y la aplicación móvil del Colegio. En resumen, creo que el Colegio tiene mucha vida y está cumpliendo con los servicios que demanda el colegiado.

–¿Cuáles son hoy las principales preocupaciones de los dentistas de Sevilla?
-Como he apuntado, para mí hay dos grandes preocupaciones. La primera es la presión administrativa, económica y burocrática. Hoy conviven un decreto, un protocolo y una orden que regulan lo que una clínica debe cumplir, y en ocasiones se contradicen o incluyen exigencias difíciles de aplicar porque algunos productos, especialmente en medicación, ni siquiera están ya en el mercado.
La Consejería nos está escuchando, pero necesitamos actualizar la normativa a la realidad de las clínicas. Muchas veces la realidad clínica va por delante del legislador, y por eso es fundamental que el legislador escuche a los colegios profesionales, que somos quienes conocemos la profesión de verdad.
A un nivel más global, creo que sería deseable avanzar hacia criterios más homogéneos entre comunidades autónomas. No tiene demasiado sentido que la normativa sobre sedación consciente sea distinta en Andalucía que en Madrid, por ejemplo. Puede haber particularidades, pero deberíamos aspirar a un marco más coherente.
La segunda gran preocupación es la publicidad sanitaria. Lo que se comunica al ciudadano debe reflejar la realidad de la profesión. En demasiadas ocasiones la publicidad queda en manos de empresas con una visión puramente mercantilista y se transmiten mensajes que no responden a la realidad asistencial. Desde el Colegio intentamos combatirlo en positivo, haciendo buena publicidad: campañas como “10 motivos para ir al dentista”, con acciones digitales y de calle sobre cáncer oral, bruxismo, caries o la relación entre Odontología y deporte. Pero también hace falta regulación para evitar mensajes engañosos que banalizan tratamientos complejos.
Por último, añadiría un tercer aspecto importante: reducir la excesiva carga burocrática que soporta el dentista en su día a día, porque ejercer la profesión se está haciendo cuesta arriba. Esa presión también influye en que los jóvenes cada vez monten menos clínicas dentales propias.
La atención bucodental debe avanzar, pero no a costa de precarizar el ejercicio profesional ni de comprometer la calidad. Para atender mejor a la población necesitamos clínicas sostenibles, profesionales formados y un marco regulatorio que acompañe, no que dificulte.
–La digitalización, la inteligencia artificial, la impresión 3D están transformando la práctica clínica. ¿Cómo está viviendo el profesional sevillano esta realidad?
-Creo que con naturalidad. Desde el Colegio ofrecemos formación de nivel en digitalización y transmitimos también la importancia de ser buenos profesionales, tener conceptos claros y conocer bien los procedimientos, con independencia de que se trabaje con más o menos tecnología.
La digitalización es ya una realidad y casi una necesidad por todo lo que aporta. Pero no viene a suplir carencias, sino a añadir calidad a un profesional que sabe diagnosticar, planificar y tratar correctamente, también por la vía analógica. La tecnología debe apoyarse en una buena base clínica.
–¿Existe riesgo de que la tecnología sea una barrera para las clínicas más pequeñas?
-Existe una barrera económica, como ocurre con cualquier tecnología. Pero también es cierto que poco a poco se va democratizando y los precios van bajando. Al principio, un escáner intraoral tenía un coste muy elevado; hoy, un escáner de prestaciones normales está al alcance de muchas más clínicas.
El reto no es solo comprar un escáner, sino incorporar la planificación digital, los flujos con los laboratorios, los diseños digitales y las herramientas de inteligencia artificial con criterio. La Odontología está teniendo un desarrollo profesional tremendo, lo que la convierte en una profesión apasionante, pero también exige estar actualizado. Y, aun así, no se puede hacer un buen diseño digital si no se tienen conceptos sólidos de prótesis, diagnóstico y planificación.
–Usted también está vinculado al ámbito universitario. ¿Cómo ve la formación de los futuros dentistas?
-Creo que las materias clásicas están bien estructuradas, pero hay áreas a las que deberíamos dar más peso. Una de ellas es la implantología, como asignatura específica, porque arrastra también toda la patología posterior, como la periimplantitis. Durante los últimos quince años ha habido un gran auge de los implantes y hoy sabemos mucho más sobre tejidos blandos, superficies, plataformas y prótesis sobre implantes. La periimplantitis es ya uno de los tratamientos importantes en muchas consultas y hay que abordarla con conocimiento.
También necesitamos incorporar de forma decidida la gestión. Las clínicas dentales no pueden depender únicamente de empresas externas para organizarse. Necesitamos que los propios profesionales puedan montar y gestionar sus clínicas, que les resulte más fácil llevarlas adelante y que cuenten con criterio, conocimiento y el apoyo del Colegio.
Y, junto a la implantología y la gestión, hay que reforzar toda la parte digital: diseños, planificaciones y capacidad de decisión. Si el dentista no conoce estos ámbitos, otros tomarán decisiones por él.
El futuro requiere profesionales muy formados, capaces de adaptarse a la evolución tecnológica sin olvidar que la base de la Odontología sigue siendo el conocimiento clínico y la relación responsable con el paciente.


