Contenido
ToggleEn los últimos años, el malestar emocional ha dejado de ser una experiencia aislada para convertirse en una realidad cada vez más visible dentro de la práctica odontológica. Más que una cuestión estrictamente individual, el desgaste profesional refleja tensiones estructurales del sector: presión asistencial, responsabilidad clínica, gestión empresarial, trato continuo con pacientes y un mercado laboral en transformación.
Hablar de ello no implica cuestionar la vocación sanitaria, sino reconocer un contexto donde la exigencia técnica y la implicación constante forman parte del día a día. Cuando esta dinámica se prolonga en el tiempo, puede convertirse en el punto de partida del estrés crónico y, posteriormente, del síndrome de burnout.
El artículo publicado en la web corporativa de Peldaño, firmado por la psicóloga Raquel Tomé, explica con claridad la diferencia entre estrés y ansiedad, dos conceptos que a menudo se utilizan de forma indistinta. El estrés es una respuesta física y psicológica ante un desafío externo identificable y, en niveles moderados, puede resultar adaptativo. La ansiedad, en cambio, tiene una dimensión más interna y persistente, y puede mantenerse incluso cuando el estímulo original ha desaparecido.
Estrés funcional y estrés crónico en clínica
En Odontología, el estrés es fácilmente reconocible. Una agenda ajustada, una cirugía compleja, la necesidad de mantener altos estándares de calidad o la gestión simultánea de clínica y equipo pueden activar una respuesta de alerta que favorece la concentración y la toma de decisiones. En ese sentido, el estrés no es necesariamente negativo.
El problema aparece cuando esa activación no se desactiva. Cuando el profesional no logra descansar ni desconectar, el organismo puede habituarse a funcionar en tensión permanente. Es entonces cuando surgen síntomas como tensión muscular, taquicardia, insomnio, irritabilidad o dificultades de concentración.
Diversos estudios internacionales, y en particular la Declaración de Política aprobada por la Federación Dental Internacional (FDI) en 2023, advierten de que los dentistas se encuentran entre los profesionales sanitarios especialmente proclives al síndrome de burnout, entendido como el resultado de un estrés laboral crónico que no se ha gestionado adecuadamente. Este síndrome se caracteriza por agotamiento, distanciamiento mental respecto al trabajo y disminución de la eficacia profesional.
En el ámbito nacional, especialistas en salud laboral han señalado que el estrés crónico afecta en algún momento de su trayectoria a la mayoría de los odontólogos. La presión asistencial, las condiciones del mercado laboral, la responsabilidad de dirigir una clínica propia o la necesidad de cumplir objetivos en entornos altamente competitivos son factores que incrementan el riesgo.
Cuando el malestar se internaliza: la ansiedad
Si el estrés se mantiene en el tiempo, puede transformarse en ansiedad. En este estado, la sensación de alerta ya no responde únicamente a una situación concreta, sino que se convierte en una inquietud persistente. El profesional puede experimentar opresión en el pecho, dificultad para respirar, tensión constante o procesos de rumiación mental que interfieren en la concentración durante la práctica clínica.
Expertos en Psicología aplicada al ámbito sanitario señalan que la propia estructura de la profesión puede favorecer este tipo de ansiedad. La Odontología es una carrera altamente técnica, pero la mayoría de los profesionales desarrollan su actividad en el ámbito privado, donde deben asumir funciones de gestión empresarial, liderazgo de equipos y toma de decisiones económicas para las que no siempre han recibido formación específica. La necesidad de aprender sobre la marcha, en un entorno donde los errores pueden tener consecuencias relevantes, añade una capa adicional de presión.
La pandemia supuso, además, un punto de inflexión en la percepción de los riesgos laborales en clínica dental, incorporando de forma más visible la dimensión psicosocial. El riesgo profesional ya no es únicamente ergonómico o biológico; también es emocional.
Prevención y cultura profesional
La FDI subraya que la salud mental es un componente esencial del bienestar de los profesionales de la salud bucodental y que su protección debe abordarse desde un enfoque preventivo. Normalizar el debate en el entorno laboral, facilitar recursos de apoyo y promover formación específica son medidas que contribuyen a reducir el estigma y a intervenir antes de que el problema se cronifique.
En España, la puesta en marcha de programas de atención integral al profesional sanitario enfermo refleja también esta creciente sensibilización. Sin embargo, la experiencia muestra que muchos odontólogos solicitan ayuda cuando el malestar ya está avanzado.
Como apunta Raquel Tomé en el artículo publicado en la web de Peldaño, comprender cómo se activan estos procesos y aprender a identificar sus señales es el primer paso para evitar que el malestar se cronifique. Diferenciar entre estrés y ansiedad no es una cuestión teórica, sino una herramienta práctica para identificar señales de alerta y actuar a tiempo.
Integrar el cuidado de la salud mental en la cultura de la clínica, fomentar la formación en riesgos psicosociales y asumir que el bienestar del profesional es parte de la calidad asistencial son pasos necesarios para garantizar la sostenibilidad de la práctica. En odontología, cuidar al paciente implica también cuidar a quien lo atiende.


