Con ilusión, responsabilidad y una clara vocación de servicio. Así afronta el Dr. Miguel de Pedro Herráez su etapa al frente de la Sociedad Española de Disfunción Cráneomandibular y Dolor Orofacial (SEDCYDO), donde busca consolidar la visibilidad alcanzada en los últimos años, reforzar las alianzas científicas y avanzar en uno de los grandes retos del sector: integrar una formación reglada en Dolor Orofacial, Trastornos Temporomandibulares y Medicina Dental del Sueño dentro de los estudios universitarios.
–Dr. de Pedro Herráez, desde hace unos meses ostenta la presidencia de la Sociedad Española de Disfunción Craneomandibular y Dolor Orofacial (SEDCYDO). ¿Qué supone para usted este nombramiento tanto a nivel personal como profesional?
—A nivel personal, para mí es un orgullo, porque supone un reconocimiento al trabajo de los últimos años y, sobre todo, a la confianza que han depositado en mí mis compañeros. Ese orgullo viene acompañado de responsabilidad, pero también de ilusión y ganas de trabajar.
«Existe un déficit muy claro en la formación de grado sobre dolor orofacial y trastornos temporomandibulares»
En el plano profesional, este nuevo papel me aporta mayor visibilidad y me permite fortalecer los lazos de la sociedad con otras sociedades científicas, además de ampliar las relaciones con profesionales de la Odontología que quizá aún no nos conocen. La responsabilidad que asumo a nivel personal también se traslada al ámbito profesional, ya que represento los intereses de un colectivo de profesionales y, sobre todo, de los pacientes que sufren estas patologías, aún poco conocidas y para las que necesitamos generar mayor visibilidad.
—¿Quiénes le acompañan dentro de la Junta Directiva?
—Esta Junta Directiva es, en buena medida, una continuación de la Junta anterior, ya que varios de los miembros que formamos el nuevo equipo ya habíamos trabajado en la etapa presidida por Juan Manuel Prieto. Hemos optado por combinar a personas que conocen bien el trabajo realizado en los últimos años con perfiles nuevos dentro de la Junta, aunque no nuevos en la Sociedad, porque llevan mucho tiempo implicados.
Como vicepresidenta me acompaña Rosana Cid, encargada de dar visibilidad a la Sociedad y de gestionar redes sociales y página web.
El secretario, Juan Ignacio Rosales, que asume uno de los temas más importantes para nosotros: la formación reglada universitaria oficial, un ámbito en el que esperamos avanzar de manera significativa en los próximos años.
Maite Abeleira es la tesorera, continuando la labor que ya desempeñaba en la Junta anterior. Contamos también con tres vocales: Antonio Romero, María García e Idoya Orradre. Esta última ya formaba parte de la Junta previa y se encargaba de la coordinación de los grupos de trabajo de la organización.
—¿Qué aspectos de la labor de sus predecesores cree que es esencial mantener y qué nuevos enfoques quiere aportar?
—En cuanto a la labor de mi predecesor, el Dr. Prieto, logró un avance muy significativo en visibilidad, tanto dentro de otras sociedades odontológicas y médicas como entre los propios pacientes. Nuestro objetivo es continuar en esa línea, consolidando ese aumento de visibilidad y reforzando las relaciones institucionales. Aunque no somos la Sociedad más numerosa dentro de la Odontología, aspiramos a que, cuando se aborden temas relacionados con el dolor, se cuente con nosotros, tal y como se ha conseguido en los últimos años.
También queremos dar continuidad a la formación que se ha venido desarrollando para profesionales ya licenciados y graduados. La idea es seguir ofreciendo una formación continuada que permita comprender qué es el dolor orofacial y trabajar con conceptos basados en la evidencia científica. Este enfoque formativo comenzó hace casi una década, impulsado por José Luis de la Hoz, y posteriormente por Carmen Benito, también expresidenta. Ellos iniciaron programas destinados a odontólogos interesados en introducirse en el ámbito del dolor orofacial, y nuestra intención es mantener esta línea e incluso ampliarla, especialmente en lo que respecta a la formación universitaria.
—Lleva más de una década vinculado activamente a la SEDCYDO y ha sido testigo de la evolución y crecimiento del campo de conocimiento y de la organización. ¿Cómo valora este desarrollo?
—En este tiempo he visto una evolución evidente. Desde los primeros congresos y eventos a los que asistí hace más de una década hasta los más recientes, el crecimiento ha sido exponencial. Actualmente, nuestra Sociedad es un referente en dolor orofacial no solo en España, sino también a nivel internacional, gracias a que miembros de la Junta y numerosos socios publican y ofrecen conferencias en todo el mundo.
En los últimos años hemos celebrado eventos muy relevantes. En 2023–2024 organizamos el primer Simposio Internacional de Bruxismo, que reunió a más de 500 asistentes de diferentes países. Aquello nos posicionó internacionalmente, ya que trajimos a Madrid a científicos y profesionales de primer nivel -procedentes de Canadá, Italia, Sudamérica-, considerados referentes mundiales en este campo.
«Sin inversión en investigación, resulta muy difícil desarrollar nuevas terapias»
A nivel nacional, el año pasado, coincidiendo con el inicio de mi mandato como presidente, celebramos en mayo un congreso conjunto con la Sociedad de Gerontología y con la Sociedad de Medicina Oral en Madrid, con cerca de 600 asistentes. Esto nos permitió llegar a muchos estudiantes de posgrado y profesionales que aún no nos conocían.
En cuanto a los cambios en la práctica clínica, quienes nos dedicamos al dolor orofacial estamos modificando sustancialmente la forma de abordar a los pacientes. La idea de que la férula sirve para todo ya está superada. Actualmente trabajamos con tratamientos de medicina regenerativa, infiltraciones de ácido hialurónico o plasma rico en plaquetas en articulaciones con patología, infiltraciones musculares y, sobre todo, un enfoque interdisciplinar junto a fisioterapeutas, psicólogos y neurólogos. Hemos salido del enfoque exclusivamente dental, porque el diente no es la causa de los trastornos temporomandibulares.

Estamos creando redes de trabajo basadas en la evidencia, en una disciplina que, aunque no pueda considerarse oficialmente una especialidad, tiene un fuerte componente médico. Y eso es precisamente lo que queremos trasladar a los estudiantes y a los profesionales: que conozcan que la práctica va mucho más allá de la férula. La disciplina está evolucionando a un ritmo vertiginoso, y la práctica clínica también.
—Uno de los principales retos que plantea en su carta de bienvenida es la falta de una formación transversal en trastornos temporomandibulares, dolor orofacial y Medicina Dental del Sueño en la Universidad. ¿Qué medidas concretas cree que deberían adoptarse para revertir esta situación?
—Existe un déficit muy claro en la formación de grado sobre dolor orofacial y trastornos temporomandibulares. No hay asignaturas obligatorias dedicadas específicamente a estos temas en las universidades españolas. El contenido se reparte entre seis o siete asignaturas impartidas por profesores con mayor o menor interés en abordarlo, lo que provoca que el alumnado no perciba haber recibido una formación integral y basada en la evidencia. Esta situación acaba generando un círculo que dificulta la terapéutica: si en el grado no se adquieren conocimientos sobre dolor orofacial, es menos probable que el profesional se especialice en posgrado, y, en consecuencia, los pacientes no recibirán la mejor atención.
En este sentido, nuestro objetivo es conseguir, por todos los medios, que exista una asignatura obligatoria de dolor orofacial y trastornos temporomandibulares. Actualmente, algunas universidades cuentan con una asignatura optativa, mientras que otras no ofrecen ni optativa ni obligatoria. Por tanto, tendremos que ejercer presión a través de las universidades y de la Conferencia de Decanos. Además, muchos socios de la Sociedad somos profesores en distintas facultades, así que tendremos que apoyarnos en esos contactos e impulsar esta reivindicación, porque nos interesa que la asignatura exista y que quienes la impartan estén preparados y especializados.
A partir de ahí, el siguiente paso es el posgrado, que actualmente funciona muy bien, y después la formación continua para odontólogos que ya están trabajando y desean mejorar su práctica diaria.
—¿Cómo se estructurarán estas iniciativas y qué valor añadido aportarán respecto a la formación actual?
—Muchos compañeros nos comentan que no pueden comprometerse con un posgrado de uno o dos años, con clases semanales, porque ya ejercen, tienen su clínica y no necesitan formaciones tan extensas. Por eso, la clave -y la diferencia respecto a lo que existe ahora- es impulsar formaciones más cortas: inicialmente básicas, pero con la posibilidad de avanzar hacia niveles más complejos, igual que sucede en otras áreas de la Odontología.
La mejor manera de conseguirlo es que la Sociedad ofrezca estas formaciones y certificaciones, de calidad y bien estructuradas, para los profesionales interesados. Se trata de crear una red formativa más enriquecida y menos rígida.
—Además del reto mencionado anteriormente, ¿cuáles son las principales necesidades y carencias a las que se enfrenta la disfunción craneomandibular, el dolor orofacial y la Medicina Dental del Sueño?
—La falta de investigación. En Odontología, en general, se investiga poco; es complicado y quienes lo hacemos solemos hacerlo sin apoyo económico, dedicando tiempo personal que quitamos a la clínica o a la docencia. En dolor orofacial y trastornos temporomandibulares, esta carencia es aún mayor: hay poco respaldo de la industria y escaso apoyo institucional. Sin inversión en investigación, resulta muy difícil desarrollar nuevas terapias.
—La interdisciplinaridad es crucial en su ámbito, ¿qué tipo de sinergias plantean con otras organizaciones y profesionales sanitarios?
—Si tuviera que dar una respuesta breve, diría que queremos crear todas las colaboraciones posibles. Hay muchos ejemplos. El congreso que presidí el año pasado junto con otras dos sociedades científicas es una buena muestra de ello. Organizar un congreso entre tres sociedades es complejo, pero fue un éxito. Trabajamos muchísimo y conseguimos que los asistentes vieran que las distintas áreas de la Odontología y las diferentes áreas de trabajo pueden relacionarse entre sí, que no somos sociedades aisladas y estancas. Estamos completamente abiertos a seguir impulsando estas líneas de trabajo conjunto.
Este invierno celebraremos nuestra reunión anual junto con SEMDES, la Sociedad Española de Medicina Dental del Sueño, con la que compartimos muchos puntos en común. También colaboramos con otras especialidades sanitarias. Un ejemplo es SEMDOR, la Sociedad Española Multidisciplinar del Dolor. Cada vez que celebran su congreso, organizamos una mesa de dolor orofacial.
Además, participamos en Sine Dolore, un congreso internacional que se celebra en Baleares y que reúne a especialistas en dolor de todo el mundo. También allí contamos con una mesa específica, que nos permite acercar esta información a profesionales médicos a quienes, a menudo, les cuesta acceder a estos contenidos.
Por otra parte, tenemos formación planificada tanto para médicos como para odontólogos de atención primaria, porque es fundamental crear circuitos adecuados de derivación que hagan los tratamientos más efectivos. Nuestra sociedad, por naturaleza, es interdisciplinar: contamos con numerosos fisioterapeutas en nuestros grupos de trabajo.
Estamos muy acostumbrados a trabajar con otros especialistas, tanto de la Odontología como de la Medicina. Es que, si no lo hacemos, los problemas de nuestros pacientes no se resuelven. Necesitamos un enfoque multidisciplinar.
—¿Qué legado le gustaría dejar en la SEDCYDO?
—Me encantaría que la Sociedad creciera en número de socios. Eso es lo que da fortaleza y visibilidad. También deseo que la formación modular que queremos impulsar esté ya instaurada y haya funcionado con éxito. Y, sobre todo, que hayamos avanzado -aunque sea de forma progresiva, porque no es algo que pueda lograrse de un día para otro- en la formación de grado, que es uno de nuestros objetivos principales y que debe quedar bien encaminada.
Finalmente, buscamos visibilidad. No somos una sociedad pequeña, pero tampoco de las más grandes, y lo que queremos es presencia y reconocimiento, que se nos tenga en cuenta.
Líneas de investigación a futuro
¿Hacia dónde cree que deberían dirigirse las investigaciones en los próximos años en el ámbito de la disfunción craneomandibular, el dolor orofacial y la Medicina Dental del Sueño? Le preguntamos al Dr. de Pedro Herráez: «En este momento, uno de los campos que más está creciendo es el de la Medicina regenerativa, orientada a mejorar la clínica e incluso a tratar a pacientes con trastornos degenerativos intraarticulares. Ya se ha investigado en otras articulaciones, como la rodilla, y ahora se está avanzando de forma notable en la articulación temporomandibular. Todo lo relacionado con Medicina regenerativa -infiltraciones de plasma, de ácido hialurónico- requiere aún más investigación».
También es fundamental, añade, «avanzar en el estudio de los fenotipos, no solo genotipos, de los pacientes con trastornos temporomandibulares. Esto implica un diagnóstico individualizado, que permita, por ejemplo, realizar un mapeo genético para conocer la predisposición a ciertas patologías. Dentro de estos trastornos, sería muy relevante identificar qué pacientes pueden estar más predispuestos a sufrir cefaleas, bruxismo o dolor muscular. Este enfoque me parece esencial».
«Otra área con mucho recorrido es la investigación en toxina botulínica para el dolor neuropático; queda mucho por explorar y seguramente se obtendrán resultados interesantes. Lo mismo ocurre con la relación entre dolor y sueño. Estamos viendo que, por muy buenos que sean los tratamientos, si el paciente no tiene una buena calidad del sueño, la mejoría es limitada. Esa relación bidireccional entre sueño y dolor necesita todavía mucha investigación. También entran en este grupo los dolores idiopáticos», concluye.


