Imma y Aina lo tuvieron claro desde sus primeros años como profesionales: querían ejercer la Odontología a su manera. Mientras se formaban con un máster y trabajaban en distintas clínicas, fueron descubriendo que su visión del cuidado bucodental iba mucho más allá. Fue entonces cuando decidieron abrir su propia clínica en Mataró, un espacio en el que trabaja un equipo de buenas personas que vela por ofrecer la mejor calidad asistencial priorizando siempre el bienestar del paciente. A la hora de lanzar un mensaje a los colegas que están pensando montar su propia consulta, les aconsejan antes de tirar la toalla: ”Emprender es también aceptar que no existe una fórmula perfecta, y que, a veces, aprender significa equivocarse un poco”.
—¿Qué os motivó a emprender y abrir vuestra propia clínica dental siendo tan jóvenes?
—Desde el primer momento, teníamos muy claro que queríamos crear un proyecto propio donde el paciente estuviera verdaderamente en el centro de todo. Queríamos alejarnos de las dinámicas impersonales que a menudo se imponen en las grandes cadenas y clínicas franquiciadas, donde las decisiones clínicas pueden verse condicionadas por intereses económicos que están muy lejos de nuestra filosofía de trabajo. Queríamos trabajar bajo nuestros valores, con libertad clínica, calidad asistencial y priorizando siempre el bienestar del paciente. La ilusión por crear ese proyecto “ideal” fue lo que nos impulsó desde el primer momento.
—¿Cuáles fueron los primeros pasos que disteis una vez tomada la decisión de emprender?
—Con toda la emoción del inicio, empezamos a ver catálogos de sillones dentales y a crear carpetas de Pinterest llenas de ideas de interiorismo. Sin embargo, nos dimos cuenta rápidamente de que lo primero que necesitábamos era construir una base sólida: un buen plan de empresa, un estudio de mercado y una estrategia realista. A partir de ese momento, establecimos un orden de prioridades y empezamos a trabajar de forma ordenada para que nuestro proyecto tuviera cimientos firmes. El primer paso fue realizar un plan de empresa, para ver si nuestro “mundo ideal” era viable económicamente hablando.
—¿Contasteis con algún tipo de apoyo institucional, asesoramiento o mentoría para que vuestro sueño empresarial se convirtiera en realidad?
—Sí, recibimos un apoyo muy valioso del Tecnocampus de Mataró, que dispone de un servicio de ayuda al emprendedor. Nos ayudaron a estructurar nuestro plan de empresa, a analizar la viabilidad del proyecto y a organizarnos mejor. Sin embargo, más allá de esa ayuda inicial, no contamos con ningún tipo de asesoría continuada, ni pudimos acceder a subvenciones o líneas específicas de apoyo, algo que inicialmente pensábamos que sería más accesible al ser jóvenes emprendedoras. La realidad es que, a pesar de los discursos que promueven el emprendimiento, en la práctica te enfrentas bastante solo a un camino que sería mucho más fácil de recorrer si existieran apoyos reales y efectivos
«Es mejor crecer despacio, pero de forma sólida»
—¿Cuáles fueron los principales retos que encontrasteis al comenzar (financiación, captación de pacientes, papeleo, etc.)?
—El principal reto fue económico. Invertimos todos nuestros ahorros personales en el proyecto, y desde el primer momento sabíamos que tendríamos que mantener unos ingresos estables mientras la clínica empezaba a crecer. Esto nos obligó a compaginar nuestro proyecto con colaboraciones como autónomas en otras clínicas, lo que suponía una carga de trabajo enorme. Durante los tres primeros años, nuestras jornadas eran maratonianas. Fue una época muy intensa de mucho esfuerzo y sacrificio, pero imprescindible para consolidar nuestro proyecto.
—¿Hubo algún momento en el que pensasteis en tirar la toalla y abandonar el proyecto?
—En realidad, nunca pensamos seriamente en abandonar. El único momento de verdadera incertidumbre fue durante la pandemia de COVID-19, cuando la situación nos hizo cuestionarnos si habíamos arriesgado demasiado. Sin embargo, entendimos que era un desafío completamente imprevisible, que afectaba a todo el sector y no solo a nosotras. Nuestra convicción en el proyecto y el apoyo mutuo fueron claves para seguir adelante, adaptándonos rápidamente a las nuevas circunstancias.
—¿Sentís que la formación universitaria os preparó para gestionar una clínica? ¿Os habéis preparado a posteriori o preferís delegar esta parcela?
—La formación universitaria nos preparó muy bien para ser odontólogas, pero no para ser empresarias. No tuvimos formación en gestión, administración o recursos humanos, que son aspectos esenciales para dirigir una clínica. A posteriori, nos hemos formado en gestión empresarial aplicada a clínicas dentales, no porque queramos hacerlo todo solas, sino porque creemos que es necesario entender cómo funciona cada parte del negocio para tomar decisiones informadas y liderar el proyecto con conocimiento de causa.
—¿Qué conocimientos o habilidades tuvisteis que aprender “sobre la marcha”?
—La gestión de personas fue, sin duda, uno de los grandes aprendizajes. Trabajar con pacientes es una cosa; gestionar equipos de trabajo es otra muy distinta. Aprendimos sobre la importancia de la comunicación interna, de la motivación del equipo, de la empatía en el entorno laboral… La inteligencia emocional y la capacidad de liderar desde la cercanía y el respeto han sido habilidades que hemos desarrollado “a pie de clínica”.
«Emprender es también aceptar que no existe una fórmula perfecta, y que, a veces, aprender significa equivocarse un poco»

—¿Recomendaríais algún tipo de formación complementaria a los estudiantes que estén pensando en emprender?
—Más allá de formaciones específicas en gestión de clínicas dentales, que son útiles, creemos que el mejor aprendizaje viene de la experiencia. Les recomendaríamos que trabajen primero para otros, que vivan diferentes maneras de hacer las cosas, que observen cómo se gestionan distintos equipos y modelos de negocio. Esta experiencia real les dará una visión mucho más rica para saber qué tipo de proyecto quieren construir y, sobre todo, qué tipo de clínica no quieren ser.
—¿Cómo fue el proceso de incorporar a otros profesionales al equipo?
—Fue un proceso lleno de retos, pero también de muchas satisfacciones. Cuando éramos solo nosotras, el control sobre la calidad y el trato al paciente era absoluto. Incorporar nuevos profesionales significaba delegar, confiar, y asegurarnos de que compartían nuestra misma filosofía. Al principio daba un poco de vértigo, pero tuvimos muchísima suerte: las personas que se han sumado al equipo tienen valores humanos y profesionales totalmente alineados con los nuestros. No hemos tenido que enseñar aspectos básicos como el trato al paciente o la ética de trabajo, porque ya venían de serie en ellas.
—¿Qué buscáis en un colaborador o empleado dentro de vuestra clínica?
—Buscamos, ante todo, buenas personas. La calidad humana es innegociable. Creemos que cualquier habilidad técnica se puede aprender, pero los valores personales no. Queremos que quien trabaje en Prat & Ferrer lo haga con el mismo respeto, cuidado y honestidad que nosotras ponemos en cada tratamiento. La formación continua y la excelencia clínica son importantes, sí, pero para nosotras el valor humano siempre estará en primer lugar.
—¿Qué les diríais a un/a estudiante o recién graduado/a que sueña con tener su propia clínica?
—Que no tenga miedo. Que trabaje duro para construir su sueño y que no se obsesione con los números a corto plazo. Es mejor crecer despacio, pero de forma sólida, que querer alcanzar metas demasiado rápido y perder el rumbo. También le diríamos que no tema a la competencia: cuando un proyecto se construye desde la autenticidad y el cariño, los pacientes lo perciben y lo valoran. La constancia, la honestidad y la paciencia son las mejores aliadas.
—¿Qué errores creéis que cometisteis a la hora de emprender y que hoy evitaríais?
—Mirando atrás, no sentimos que hayamos cometido errores que lamentemos. Cada decisión, incluso las que no salieron como esperábamos, ha sido parte del camino y nos ha hecho crecer, tanto a nivel profesional como personal.
Emprender es también aceptar que no existe una fórmula perfecta, y que a veces aprender significa equivocarse un poco. No cambiaríamos nada, porque todo nos ha llevado a ser quienes somos hoy y a construir la clínica que soñábamos.
«Buscamos, ante todo, buenas personas. La calidad humana es innegociable. Creemos que cualquier habilidad técnica se puede aprender, pero los valores personales no»
—Un consejo que os haya marcado y que os gustaría compartir con nuestros lectores.
—“Haz las cosas bien y no tendrás que preocuparte por el resto”. Cuando priorizas la calidad, la ética y el trato humano, los resultados terminan llegando solos. Quizá no tan rápido como querrías, pero de forma mucho más sólida y duradera.
Cualidades del emprendedor
“Perseverancia y paciencia, muchísima paciencia. Porque los resultados no llegan de un día para otro y hay que estar preparado para seguir remando, aunque no veas la meta. También creemos que tienes que tener muy claro por qué haces lo que haces. Si solo emprendes pensando en “montar una clínica” o en “ser tu propia jefa”, es muy fácil frustrarse en cuanto llegan los primeros obstáculos. En cambio, si tu proyecto tiene un sentido para ti, siempre tendrás esa motivación interna para seguir adelante. Y otra cosa importantísima: no rendirse ante el primer “no”. En este camino, te van a decir que no muchas veces: bancos, proveedores, incluso pacientes… Hay que saber encajarlo, aprender y volver a intentarlo. La resiliencia es clave”, destacan las Dras. Prat y Ferrer.


