Con una amplia trayectoria como ortodoncista, el Dr. Javier Girón de Velasco asume la presidencia de la Sociedad Española de Ortodoncia (SEDO) con la mirada puesta en los grandes desafíos que afronta la profesión, muchos de ellos vinculados a la formación y a la evolución tecnológica. «Tenemos que converger hacia la realidad social odontológica sin perder la excelencia», asegura.
–Doctor, ¿qué significa para usted asumir la presidencia de la Sociedad Española de Ortodoncia (SEDO)?
-A nivel personal, es un honor enorme. Para mí, y aunque aún me queda carrera, esto supone poner un verdadero broche de oro a mi trayectoria profesional dentro de la SEDO. Además, el hecho de contar con el respaldo de mis compañeros, de la Junta y de la Asamblea, es algo que me emociona y que valoro profundamente.
Desde una perspectiva institucional, soy plenamente consciente de la responsabilidad que asumo. Me siento preparado y, sobre todo, con energía e ilusión.
–¿Quiénes le acompañan en la Junta Directiva de SEDO?
-Inmaculada Soler está como vicepresidenta; Alicia Megía, secretaria; Daniel Díez, tesorero; Vanessa Paredes lidera la Comisión Científica; Eduardo Espinar estará al frente de Ética y Comunicación y Manuel Román como editor.
–¿Qué cree que puede aportar a la SEDO desde su experiencia profesional? ¿Cuál será el sello del doctor Girón de Velasco?
-Cada presidente ha tenido un perfil distinto que ha encajado con el momento de la Sociedad. No se trata de borrar nada de lo anterior. Por ejemplo, Juan Carlos Pérez Varela ha dejado un legado impresionante en el ámbito internacional. Yo tengo un perfil más gestor que mis antecesores, pero en el equipo hay profesionales con un perfil internacional muy potente; grandes referentes en formación… Gente dispuesta a importar y exportar conocimiento. En definitiva, un buen equipo para afrontar los grandes retos y amenazas que afrontamos actualmente. Mi tarea será apoyar y coordinar, sin perder la visión global.
«De cara al futuro, habrá una transformación relevante en los flujos de trabajo, los materiales, la logística y la personalización de los tratamientos»
–¿Cuáles son los principales objetivos que se ha marcado el equipo directivo de SEDO para este mandato?
-Ahora mismo tenemos un reto muy serio, al igual que lo tienen otras sociedades científicas, y es que tenemos que converger más hacia la comunidad odontológica, a la realidad que vive en la actualidad la profesión, una realidad muy diferente a la de hace algunos años.
No es bueno para la profesión que egresen 3.000 profesionales al año y que se jubilen entre 50 y 70. Evidentemente este desequilibrio indica que tenemos un problema y las sociedades científicas tenemos que dar una respuesta a esto. Debemos converger más hacia la realidad sociológica que tenemos como colectivo.
Evidentemente, la ambición de este nuevo equipo directivo es representar a la Sociedad Española de Ortodoncia y esto incluye a un abanico grande de profesionales: desde los que queremos que sean especialistas un día hasta los que tienen interés por la Ortodoncia y quieren aprender a mover dientes. Tenemos que dar respuesta a todo tipo de perfiles. Creo y espero, al igual que lo cree toda la Junta, que será una etapa de crecimiento para nosotros, de abrir un poco más nuestro mapa, nuestro rango de acción, para crecer y dar respuesta a todos los perfiles de la Ortodoncia; que todos ellos se sientan arropados por nuestra Sociedad.
-¿Qué papel desempeña la SEDO en el desarrollo profesional de los ortodoncistas?
-Creo que la SEDO tiene una responsabilidad clave en dos ámbitos. Por un lado, en la formación continuada de calidad; y, por otro, en mantener unos criterios de excelencia científica. En España, el nivel medio del ortodoncista es altísimo y nuestra Sociedad está muy bien reconocida a nivel internacional, sobre todo en Europa.
Además, algo que está cambiando es que el currículum importa cada vez más. Hoy en día, muchos recién graduados no montan una clínica directamente, como hacíamos antes. Lo habitual es que trabajen para otros, y en ese contexto, pertenecer a una sociedad científica reconocida como la SEDO puede marcar la diferencia. Ser miembro activo demuestra compromiso con la excelencia y con la actualización profesional.
¿En qué punto se encuentra el reconocimiento oficial de la especialidad en Ortodoncia?
Estamos muy cerca de lograrlo, aunque esto no significa que se vaya a lograr ya mismo. Por primera vez en muchos años, existe un consenso claro entre los decanos, el Consejo General de Dentistas y las sociedades científicas. Ya se han conseguido varios avales de comunidades autónomas, pero falta algún apoyo más presentar la solicitud formal al Ministerio.
–En los últimos años, la ortodoncia invisible ha revolucionado la disciplina. ¿Cuál es su visión sobre el boom de los alineadores y su impacto en la Ortodoncia?
-Efectivamente, la ortodoncia invisible ha supuesto una auténtica revolución. Aunque hay que ser también críticos. Hoy cualquier dentista sin formación específica puede poner un alineador, y eso ha llevado a una cierta banalización de la Ortodoncia. Muchos tratamientos se hacen sin un criterio profesional claro y sin una supervisión adecuada por un profesional bien preparado. Esto es preocupante porque, aunque el 80% de los casos se resuelvan de forma más o menos aceptable, ese 20% restante puede causar problemas serios al paciente.
Además, los mensajes que llegan al público, a menudo impulsados por campañas de marketing agresivo, contribuyen a confundir. La ortodoncia no es un producto de consumo, es un tratamiento médico, y debe estar dirigido por un profesional cualificado.
«Hay mucho margen para investigar en áreas como la aceleración del tratamiento, nuevos biomateriales o la integración con otras disciplinas»
–¿Qué puede hacer la SEDO para luchar contra los mensajes engañosos?
-Es complicado, porque vamos siempre un paso por detrás. Las grandes empresas tienen recursos y agilidad para lanzar campañas, cambiar de estrategia o adaptarse a la normativa con rapidez. Nosotros reaccionamos mucho más tarde, normalmente cuando el daño ya está hecho.
Por eso creo que la única manera de combatirlo es uniendo fuerzas: el Consejo General de Dentistas, las sociedades científicas, las universidades y los propios profesionales. También necesitamos que la industria esté de nuestro lado. Si no trabajamos todos juntos, seguiremos perdiendo representatividad e influencia ante la Administración y ante la sociedad.

–¿Qué impacto están teniendo la digitalización y la inteligencia artificial en la práctica ortodóncica?
-Tenemos que aprender a convivir con la inteligencia artificial, saber integrarla y sacarle el máximo partido. No es una amenaza, es una herramienta que, bien usada, puede mejorar la calidad de nuestros tratamientos y la eficiencia de nuestras consultas. Estamos viviendo cambios profundos y está claro que no hay marcha atrás.
Por ejemplo, los sistemas o herramientas de asistencia a distancia no son imprescindibles en Ortodoncia, pero pueden ser muy útiles si se saben manejar. No sustituyen al juicio clínico ni al contacto con el paciente, pero ayudan en el seguimiento y optimización del tiempo.
Cuanto más formado esté el profesional, más provecho podrá sacar a estas tecnologías. La formación continua aquí vuelve a jugar un papel clave.
–¿Y qué papel jugará la robótica?
-La robótica ya ha empezado a influir en otras áreas como la Implantología o la Prótesis dental, donde su valor añadido es muy evidente. En Ortodoncia, ese impacto será diferente. Probablemente veamos aplicaciones como la colocación automatizada de aditamentos, pero no tanto un reemplazo del trabajo clínico como tal.
Lo que sí veremos es una evolución en materiales y en la fabricación digital. Por ejemplo, se habla mucho de la posibilidad de producir alineadores directamente en la clínica (in-office) con materiales inteligentes. Eso cambiaría mucho la cadena de valor, afectando directamente a los grandes proveedores actuales.
–Entonces, hablamos de una práctica ortodóncica muy distinta a no muy largo plazo.
-Sí, aunque quizá el cambio será más radical para los proveedores que para los pacientes. El usuario final probablemente no perciba si su alineador es de una marca o un sistema determinado. Pero para los profesionales, sí que habrá una transformación relevante en los flujos de trabajo, los materiales, la logística y la personalización de los tratamientos.
Vamos hacia una Ortodoncia más digital, más automatizada y más integrada. El profesional tendrá que adaptarse a nuevas herramientas, pero también mantener su criterio clínico como elemento central.
–¿Hacia dónde cree que deben dirigirse las investigaciones futuras en Ortodoncia?
-Hay mucho margen para investigar en áreas como la aceleración del tratamiento, los nuevos biomateriales o la integración con otras disciplinas. Pero, sobre todo, tenemos que evitar que la masificación de la Ortodoncia conduzca a una pérdida de calidad.
La clave será mantener la excelencia, formar bien a los profesionales y fomentar que haya una base sólida de ortodoncistas muy preparados. Si somos 10.000 ortodoncistas, no podemos permitirnos que solo 10 sean excelentes. La investigación también debe ir enfocada a eso: a mejorar la práctica diaria con rigor científico.
–¿Cómo ha cambiado la relación entre ortodoncista y paciente en los últimos años?
-El cambio ha sido enorme. Antes, el paciente venía al dentista porque tenía un problema de salud. Hoy muchos vienen con una foto en el móvil diciendo: «Quiero esta sonrisa». Se han transformado en consumidores de servicios, más que en pacientes tradicionales.
Eso nos obliga a evolucionar. Ya no basta con saber de Ortodoncia: hay que saber comunicar, gestionar expectativas y ofrecer una experiencia al paciente. Además, vivimos en un entorno de altísima competencia, y para que una clínica funcione hoy, necesita un volumen de pacientes mucho mayor que hace unos años.
–¿Qué desafíos implica los tratamientos interdisciplinares en la práctica clínica actual?
La Ortodoncia actual está muy ligada a la estética, la rehabilitación y, en muchos casos, a la cirugía. El trabajo en equipo es esencial, pero también lo es la comunicación entre especialistas. Cuando todos están relativamente cerca, es más sencillo. Pero cuando se trata de coordinar tratamientos con clínicas a cientos de kilómetros, el reto se multiplica.
La digitalización puede ayudarnos aquí. Ya hay clínicas que hacen sesiones conjuntas en remoto con cámaras intraorales y planificación digital compartida en tiempo real. Ese nivel de coordinación es el camino a seguir, especialmente si queremos ofrecer tratamientos excelentes y bien integrados.

–Por último, ¿qué les diría a los ortodoncistas que aún no forman parte de la SEDO?
-Lo primero es que lo vamos a poner fácil. Queremos que quien tenga interés por la Ortodoncia, quiera crecer y aspire a ser especialista, sienta que tiene un lugar en la SEDO. No solo porque la Sociedad les puede ofrecer mucho, sino porque también los necesitamos a ellos.
Queremos construir una comunidad amplia, diversa y comprometida. Cuantos más seamos, más fuerza tendremos para reclamar lo que merece la Ortodoncia: su reconocimiento, su regulación y su prestigio. La SEDO quiere ser el espacio donde se fomente la excelencia y se proteja la profesión, pero para eso necesitamos sumar a todos.


