Óscar Castro
“Una de cada cuatro clínicas puede llegar a desaparecer por la grave crisis que va a venir”, advierte el presidente de la Organización Colegial.

Dr. Óscar Castro Reino, presidente del Consejo General de Dentistas de España

La COVID-19 está dejando y dejará numerosas huellas a todos los niveles. Sobre las repercusiones inmediatas y a corto plazo en el ámbito dental, hablamos con el Dr. Óscar Castro, presidente de la Organización Colegial. “Ahora mismo, nuestra ocupación y preocupación es volver a la actividad normal con las máximas garantías de seguridad sanitaria para todos nuestros compañeros, su personal y pacientes”. Además, pide al Ejecutivo que “nos proteja porque somos el tejido productivo de nuestra sociedad. Más de 200.000 personas dependen de nuestra profesión”.

—Desde el establecimiento del estado de alarma en el ámbito de las clínicas dentales ha habido mucho desconcierto y preocupación. Había profesionales que no sabían si abrir o no, incluso ahora, cuando llevamos más de un mes en esta situación. Teniendo en cuenta el alto riesgo de propagación del virus en los gabinetes, ¿por qué no se ha decretado su cierre temporal?
—Somos sanitarios y estamos encuadrados en este epígrafe para todas las circunstancias, tanto en la normalidad como en un estado de excepción y de alerta sanitaria como el actual. En circunstancias normales, las clínicas dentales, nuestros gabinetes, son espacios saludables, donde se siguen unos estrictos protocolos de esterilización, de asepsia y de protección mediante el uso de gafas, guantes, mascarillas y limpieza de superficies, etc.  Ahora, estamos viviendo un estado excepcional donde las características del coronavirus provocan su transmisión por vía aérea y una alta resistencia sobre las superficies. Es cierto que en nuestra práctica, en determinados tratamientos, se producen aerosoles que pueden ayudar a propagar el patógeno. Sin embargo, no podemos olvidar que el virus se encuentra en cualquier sitio, en la superficie y o el aire de una clínica dental, pero también en el de un supermercado.

Desde el primer momento de la declaración del estado de alarma, las clínicas dentales fueron consideradas como establecimientos sanitarios esenciales. La gran mayoría de la titularidad de las clínicas en España es de dentistas autónomos que tienen la posibilidad de abrir o cerrar su consulta; de grupos empresariales, o de compañías de seguros si lo consideran apropiado…  Permanecer abierto o cerrado en su momento fue una opción; días después, ante el desabastecimiento de materiales, se especificó que solo podíamos abrir para urgencias. Es una cosa lógica porque estamos hablando de enfermedad y muerte. No de una banalidad. Hemos detectado casos que, en el momento de más virulencia de la enfermedad, estaban con las clínicas abiertas atendiendo a pacientes de forma normal, algo que es una gran temeridad, no solo por los dentistas que están al frente sino por el personal auxiliar y los propios pacientes.

Lo que no se puede es mezclar el tema sanitario con el económico. Cada uno, según el modelo de clínica que tiene, se acoge a unas soluciones en el caso de que cese su actividad.

“Tendremos que empezar de nuevo, renacer de nuestras cenizas y luchar como si fuese el primer día que abrimos nuestras consultas”

—Pero en el caso de los ERTES por fuerza mayor, se está manifestando una gran disparidad en su aceptación. ¿Qué seguimiento está haciendo el Consejo de este tema?
—Lógicamente no nos podemos abstraer de las circunstancias que rodean a la profesión, pero lo que hay que entender es el concepto de lo que son tanto el Consejo como los colegios profesionales. Somos entidades de derecho público. Somos profesionales sanitarios. En cuanto a la parte económica y la forma de gestionar las clínicas, no es competencia del Consejo. En nuestro campo, los tipos de relaciones laborales son muy diversos: hay dentistas que son asalariados, pueden ser asalariados de otros dentistas, de sociedades, pueden estar en prestación de servicios, varios dentistas pueden crear sociedades profesionales y ceder su trabajo a determinadas empresas, pueden ser autónomos dependientes… Hay muchas modalidades y ni el Consejo ni los colegios pueden ni deben entrar.

De hecho, cuando se nos ha pedido contratar una gestoría, hemos entendido que es un asunto de los asesores laborales que tienen que tener contratados cada consulta o cada forma de negocio, ya sea autónomo, empresa, sociedad limitada o cómo estén constituidos.
Nuestra ocupación y preocupación es volver a nuestra actividad normal con las máximas garantías de seguridad sanitaria para todos nuestros compañeros, su personal y pacientes.

Como sanitarios dimos un paso al frente cuando nos pidieron desde el Ministerio de Sanidad que les cediéramos los equipos de protección por el desabastecimiento. Dimos mascarillas, geles hidroalcohólicos, máscaras de protección y EPIS, incluso dimos al Ministerio un listado, y se encargó de recoger todo el material. También, a través de las comunidades autónomas, para el reparto en centros de salud y hospitales.

Óscar Castro
“Esperemos que nuestros gobernantes estén a la altura, que busquen fórmulas que protejan y ayuden a los profesionales”, señala a Gaceta Dental el Dr. Óscar Castro.

—Hablemos de EPIS. Llevan semanas “denunciando” la falta de material protector para la atención clínica, además del descontrol en los precios.
—Cuando nos dicen “tienen que seguir abiertos, pero hay que protocolizar la atención porque el virus es altamente contagioso y en determinadas circunstancias con alta mortalidad”, lógicamente tienes que proveerte de mascarillas determinadas FFP2 y FFP3, monos individuales de protección, gafas, pantallas, guantes, calzas… Nosotros lo entregamos a la Sanidad, cuando se nos pidió, pero actualmente hay un desabastecimiento absoluto. Nuestros proveedores habituales no disponen de material.

Por ello, hemos entrado en un mercadeo y subasta donde quien oferta más se lleva esos materiales. Nosotros no podemos entrar en eso porque no controlamos ni la calidad de los materiales ni las formas ni nada. Esto nos ha llevado a dirigirnos al ministro de Sanidad de nuevo, diciéndole que nos facilite el material ya que tenemos que continuar abiertos para urgencias y que, al mismo tiempo, controle los precios. Por una mascarilla quirúrgica que habitualmente puede tener un coste de 0,30 o 0,40 euros nos piden 5 euros. Un absoluto disparate.

Además, está el tema de la certificación. No son los colegios los que tienen que asegurar que los materiales son los adecuados, porque está habiendo mucho fraude. Desde test rápidos a equipos de protección individual, cuentas en el extranjero donde hacer los ingresos… hay que tener muchísima precaución.

En la gestión que se está haciendo desde el Gobierno muchas decisiones se toman sobre la marcha, lo que provoca la incertidumbre de los ciudadanos en general y de los sanitarios en particular. En España superamos el 15% de infectados por coronavirus entre los sanitarios, una cifra muy preocupante. Y esto se debe a que no tenemos materiales de protección. No se nos puede pedir que vayamos a la guerra, aunque no sea el mejor símil en estos momentos, porque no hay armas para atacar ya que no hay vacunas, ni escudos para defenderse debido a la falta de equipos de protección individual. Este déficit se ha estado supliendo, incluso, con bolsas de basura, haciendo pantallas con placas de plástico transparente, y volviendo a las antiguas bordadoras para la fabricación de mascarillas de tela cuya eficacia a nivel de coronavirus es bastante baja.

En este sentido estamos muy preocupados, no tenemos con qué defendernos. En los centros de salud hay profesionales usando una misma mascarilla quirúrgica durante diez días, cuando habitualmente los dentistas nos la cambiamos entre paciente y paciente.

Lo que pido al Gobierno es volver a nuestra actividad con garantías, que se hagan test y análisis masivos, PCRs a todos los ciudadanos, y fundamentalmente a los sanitarios. Tendremos que hacer nuevos protocolos, como ya nos enseñó el Sida, la hepatitis o otras enfermedades infectocontagiosas. Los dentistas hemos dado siempre ejemplo, con material desechable de un solo uso para evitar los contagios (guantes, materiales, agujas, vasos…) y estaremos a la altura cuando hagamos los protocolos para el coronavirus.

“Por una mascarilla quirúrgica que habitualmente puede tener un coste de 0,30 o 0,40 euros nos piden 5 euros. Un absoluto disparate”

—Precisamente, hace unos días ponían a disposición de la colegiación un Plan Estratégico de Acción frente a la COVID-19. ¿Qué supone el mismo para los profesionales?
—El Plan Estratégico sirve para ahora mismo, para la atención de urgencias y eso marca un protocolo de estricto cumplimiento. Pero este plan es un documento vivo, que se irá modificando ante los aspectos en los que hay que ser mucho más estrictos. Aparecerán otros materiales, otros líquidos y aparatos y, una vez que esté claramente constatada su eficacia para desinfectar los gabinetes dentales, sin ninguna duda, como siempre hacemos los dentistas, los usaremos en aras de nuestra protección, de nuestro personal auxiliar y de nuestros pacientes.

Hemos lanzado desde el Consejo General de Dentistas y la Fundación Dental Española un curso online gratuito: “Plan de acción dental para el periodo postepidémico Covid-19” que ha tenido tal éxito que hemos tenido que abrir un servidor nuevo porque el sistema se colapsaba por todas las peticiones que entraban.

—¿Cómo está siendo la actividad del Consejo General de Dentistas durante esta crisis sanitaria?
—Desde el gabinete de crisis que constituimos, y que está compuesto por el Comité Ejecutivo del Consejo y, al mismo tiempo, a través del contacto con todos los presidentes de Colegios de España, hemos trabajado horas y horas todos los días. Hemos emitido 40 notas de prensa, elaborado cinco protocolos, enviado ocho cartas al gobierno, diseñado cinco infografías, hemos aparecido en numerosos medios de comunicación… Esto no es fruto de la improvisación.

—La crisis sanitaria es ahora mismo prioritaria, pero entrando en el tema económico. ¿Qué efectos prevén desde el Consejo General que tendrá el coronavirus en el sector?
—Que la COVID-19 va a afectar a las clínicas dentales, sin duda, y de una forma considerable, sin duda. Los datos económicos no son nada halagüeños. Se habla de un paro de un 21% y vamos a llegar a las cifras económicas de la postguerra civil. En el 92 tuvimos una crisis económica importante, pero esto va a suponer un crack. Las clínicas se tienen que abastecer de pacientes y, tal como está el sistema dental español, éstos, principalmente, acuden a clínicas privadas. Si el paciente está en paro va a priorizar otras cosas. Y en España donde la visita al dentista era baja de por sí, ahora lo va a ser más.

Ahora mismo, sin prácticamente ingresos, muchas clínicas están obligadas a pagar seguros sociales, impuestos, nóminas… Algunas cuentan, de una forma provisional, con Ertes. Al final lo que estaremos abocando es al cierre de muchas clínicas sin remisión, porque no van a poder sobrevivir. Teniendo en cuenta el porcentaje de autónomos, estamos hablando que una de cada cuatro clínicas puede llegar a desaparecer por esta grave crisis que va a venir.

Ahora mismo, nos encontramos con falsos autónomos a los que algunos empresarios han dejado absolutamente colgados. Si estos profesionales estaban dando pingües beneficios a quienes les contrataron, pedimos que les doten del material adecuado para protegerse; que no les obliguen a trabajar en tratamientos que se puedan posponer, y que cumplan con sus obligaciones responsables de pagarles.

“Nuestra preocupación es volver a la normalidad con garantías de seguridad. Ahora no tenemos con qué defendernos”

—¿Qué piden al Ejecutivo para afrontar el futuro con las máximas garantías posibles?
—Pedimos que nos proteja porque somos el tejido productivo de nuestra sociedad. No solo somos los 40.000 dentistas, hablamos de personal auxiliar, higienistas, auxiliares de clínica, recepcionistas, protésicos dentales, industria, fabricantes de productos sanitarios, representantes de depósitos dentales… Hablamos de un colectivo de más de 200.000 profesionales. Todos ellos dependen de nuestra profesión y si nosotros caemos, ellos también. Es un efecto dominó que nos va a llevar a a todos a una grave crisis de una forma directa e indirecta.

Esperemos que nuestros gobernantes estén a la altura, que busquen fórmulas que protejan y ayuden a los profesionales y, de esa forma, seguiremos produciendo y cumpliendo con nuestros deberes tributarios para seguir manteniendo este país.

—¿Qué mensaje quiere lanzar a los dentistas de España que se muestran tan preocupados por su presente y futuro a corto plazo?
—Siempre hay que mandar un mensaje de optimismo, tenemos que empezar de nuevo, renacer de nuestras cenizas y luchar como si fuese el primer día que abrimos nuestras consultas. Sin pacientes, pero con mucha ilusión. No hay que banalizar una situación como ésta, de alarma nacional. Si hay un colectivo preparado para proteger y protegernos frente a esta pandemia somos los dentistas, pero también hay que pensar en todos los que se han quedado en el camino. Seremos unos afortunados los que podamos volver a incorporarnos a nuestra rutina profesional. Con salud y trabajo podremos salir adelante. Este es mi deseo para todos mis compañeros.