Onicofabia o el hábito de morderse las uñas
La onicofagia suele iniciarse en torno a los cuatro o seis años de edad. Foto: Alena Shekhovtcova, Pexels.

El hábito, en apariencia inocente, de morderse las uñas puede llegar a causar importantes desórdenes bucodentales. La onicofagia suele iniciarse en torno a los cuatro o seis años y, al tratarse de un hábito repetitivo, puede llegar a producir movimientos dentales anómalos y originar patologías como la maloclusión.

Entre los problemas bucodentales más frecuentes que surgen a causa de la onicofagia se encuentran:

  • Abrasión del esmalte de los dientes de leche (al igual que los dientes permanentes)
  • Desgastes y microfracturas en el esmalte de los dientes, sobre todo en los incisivos superiores.
  • Debido a que este hábito obliga a un adelantamiento forzado de la mandíbula, también puede provocar problemas en la articulación temporomandibular (ATM)
  • Las bacterias y demás microorganismos que se encuentran debajo de las uñas pueden originar problemas en las encías y aftas bucales de repetición.
  • En casos muy extremos, si la onicofagia se asocia a otras patologías como, por ejemplo, el bruxismo, puede verse comprometida la supervivencia de algún diente.

Es muy importante que las personas que sufren onicofagia sean conscientes de los problemas bucodentales derivados de ella si no logran controlarla. Por ello, el Consejo General de Dentistas recomienda acudir al dentista, al menos, dos veces al año para realizar una revisión y evitar patologías futuras derivadas de esta práctica.