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Dr. Javier Fernández Aguilar, Profesor de Odontología de la Universidad CEU Cardenal Herrera

Cuanto mayor sea el nivel de ansiedad en la visita al odontólogo, mayor será la necesidad de tomar analgésicos para el dolor tras una extracción dental. Esta relación ha sido demostrada en un estudio llevado a cabo por los investigadores de la Universidad CEU Cardenal Herrera (CEU UCH) de Valencia, Javier Fernández Aguilar, Mar Jovani e Isabel Guillén, junto a María Teresa Sanz, de la Universidad de Valencia (UV). Hablamos de este y otros hallazgos con el Dr. Fernández Aguilar, cuya tesis doctoral recoge los resultados de dicho estudio que ha sido publicado en la revista Scientific Reports.

—Los resultados de este estudio publicado en Scientific Reports forman parte de su tesis doctoral, ¿puede decirnos cómo surgió esta investigación y a qué preguntas esperaban dar respuesta con el mismo, usted y el resto de investigadores de la CEU UCH?
—La idea de la investigación surgió fundamentalmente al tratar a mis pacientes. Tenía dos grandes grupos de población, gente de edad media-joven que se enfrentaban por primera vez a una extracción y otro grupo de edad más mayor que ya habían pasado por este tratamiento. El comportamiento de ambos grupos, a nivel general frente al tratamiento, así como las expectativas en el postratamiento parecían muy diferentes respecto al dolor en el momento operatorio y al finalizar el mismo. En el momento en el que nos encontramos de «Odontología sin dolor» nos pareció muy interesante valorar qué variables podían formar parte de las expectativas negativas por parte del paciente frente a un tratamiento como es el de la extracción dental.

—Para dicha investigación han aplicado la escala «Corah» de ansiedad dental. ¿Puede explicarnos en qué consiste y qué otras variables y parámetros han contemplado para su investigación?
—El Test de Corah es uno de los test clásicos más empleados en Odontología para la valoración de la ansiedad en el paciente. Es muy sencillo de cara al paciente, ya que se trata de cuatro preguntas test muy cortas, pero que nos pueden orientar clínicamente para conocer el perfil psicológico del paciente al que vamos a tratar. Además del test, se le tomaba la tensión arterial y frecuencia cardiaca al inicio y final de tratamiento, el tipo de anestesia que empleamos (lidocaína o articaína), tiempo total de la extracción, estado pulpar del diente, así como estado periodontal del mismo, y si el paciente había requerido tratamiento antibiótico previo a la extracción.

—¿Qué ha demostrado este estudio y cuáles han sido sus resultados o conclusiones más relevantes?
—Al abordar tantas variables variables, los resultados del estudio fueron muy ricos, pero fundamentalmente demostramos nuestras sospechas de que hay una relación entre el Test de Corah y los parámetros fisiológicos. Es un resultado que puede parecer menor, pero que en el «día a día» clínico y de cara a tratamientos quirúrgicos nos puede servir para controlar previamente esos niveles de ansiedad y que haya menos sangrado y que el tiempo quirúrgico sea menor.

Por otra parte, fundamentalmente demostramos que, a mayores niveles de ansiedad, mayor tendencia a tomar analgésicos y antinflamatorios. Y si antes hablábamos del beneficio para nosotros como clínicos, este resultado nos ayudaría a modular la ansiedad del paciente y evitar el consumo excesivo de medicamentos, lo que conllevaría un beneficio en su calidad de vida.

los resultados obtenidos nos ayudarían a modular la ansiedad del paciente y evitar el consumo excesivo de medicamentos

—Pero ¿cómo lograr reducir dicho nivel de ansiedad ante la visita al dentista? ¿De los métodos existentes en la actualidad cuáles serían los más efectivos?
—Debemos comprender que, para el paciente, la extracción comienza en el momento del diagnóstico, no el día que programemos la extracción. Esto, por tanto, nos debería llevar a aplicar una serie de protocolos establecidos. Un ejemplo sería citar a los pacientes con altos grados de ansiedad lo más temprano posible para evitar posibles retrasos en su atención clínica. Y también tratar que el paciente no se encuentre con más pacientes en la sala de espera, algo que creo que podría aumentar la ansiedad del mismo.

Esto son técnicas que están a disposición de todos. Pero podríamos hablar de otros medios relajantes como la distracción con realidad virtual tan en auge en los últimos años, o el empleo de la música relajante previa a la atención clínica. La premedicación ansiolítica la dejaría para casos muy excepcionales y en unas condiciones muy concretas. Aplicando los medios anteriores, rara vez deberíamos llegar a la medicación ansiolítica.

demostramos nuestras sospechas de que hay una relación entre el Test de Corah y los parámetros fisiológicos

—Ha citado la realidad virtual, ¿qué papel está jugando y cómo se aplica para disminuir el miedo o fobia a acudir al dentista?
—Creo que es uno de los elementos mejor percibidos por parte del paciente. El poder evadirse de la situación clínica en la que se encuentra, beneficiará claramente al paciente. Y de cara a nosotros, como clínicos, las grandes ayudas en planificación digital de tratamientos conllevan en muchos casos una reducción clara de tiempos quirúrgicos con el consiguiente beneficio para el paciente también.

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La realidad virtual creo que es uno de los elementos para reducir el miedo al dentista mejor percibidos por parte de los pacientes”, destaca el Dr. Javier Fernández Aguilar.

—¿Qué efectos directos en el estado fisiológico del paciente provoca este estado emocional de ansiedad?
—Un elevado estado de ansiedad del paciente conllevará un aumento claro de tensión arterial y frecuencia cardiaca. Esto implicará un aumento en el sangrado. Aunque se trata de un sangrado controlado y controlable, puede conllevar que nuestros tiempos quirúrgicos sean mayores.

Además de esto, un paciente con mayores grados de ansiedad, y si no lo sabemos controlar correctamente, tenderá probablemente a interrumpirnos más veces que un paciente que se encuentre relajado y esto aumentará nuestros tiempos quirúrgicos.

—¿Cómo cree que ha podido afectar la actual pandemia de la COVID-19? ¿Ha habido un incremento significativo de la ansiedad de los pacientes a la hora de acudir al dentista?
—No he percibido que la ansiedad del paciente de cara al tratamiento odontológico haya aumentado especialmente. A nivel general, podríamos decir que un paciente con elevado grado de ansiedad hacia la Odontología siempre la va a demostrar, independientemente de la situación pandémica. Además, hay que resaltar el gran esfuerzo que hemos hecho todos, como colectivo, para mostrar y demostrar que una clínica dental es un sitio seguro.
Sin embargo, sí que he podido detectar un aumento de fisuras en dientes que hay que terminar extrayendo, así como el aumento de pacientes que aceptan una férula de descarga para mitigar problemas relacionados con el bruxismo.

Por tanto, hay obviamente un incremento en la ansiedad de la población, que se traduce en problemas orofaciales que tratar, pero no hacia el tratamiento en sí mismo.

—¿En qué otras investigaciones relacionadas con la Odontología están trabajando actualmente?
—De momento, tras la reciente publicación del artículo en Scientific Reports y la defensa de la tesis en esta extraña situación pandémica estamos en el momento de sentar las bases de nuevas investigaciones relacionadas con estos temas. Actualmente no estamos de lleno en ninguna, pero estamos valorando diferentes variables con las que tal vez empecemos a recopilar datos dentro de unos meses.

—Por su experiencia como docente, y en estos tiempos en los que tanto se habla de la importancia de la ciencia, ¿cuál diría que es el nivel de la investigación que se desarrolla en la universidad española, se apuesta por ella?
—Creo que hay un consenso general en la población sobre la calidad de la investigación española. Poseemos una calidad muy alta de investigadores, pero una financiación muy baja. Esto conlleva que un gran número de investigadores tengan que realizar sus investigaciones fuera de nuestro país.

Este es un problema que no se puede resolver de un día para otro y los frutos de esta inversión tampoco se observan de un día para otro, pero es fundamental hacer una apuesta clara como sociedad por la educación y la investigación avanzada.

Espero que una vez terminado este tiempo de pandemia no nos desenfoquemos como sociedad otra vez, y se apueste claramente por la investigación en todos sus ámbitos académicos.

Debemos comprender que, para el paciente, la extracción comienza en el momento del diagnóstico, no el día que programemos la extracción

—¿Existe por parte de las nuevas generaciones vocación por la investigación? ¿Qué hace falta para ser un buen investigador?
—La investigación es algo innato en el ser humano, siempre nos hemos preguntado el porqué de todo lo que nos rodea. Todos los años en mi Universidad diferentes grupos de alumnos preguntan por diferentes posibilidades de investigación o se introducen en grupos que ya existen para ayudar y aprender.

Por tanto, creo que las nuevas generaciones siempre tienen ganas y vocación de investigar. Tenemos la semilla y debemos saber abonar correctamente ese terreno, para que, como decíamos anteriormente, no tengan que salir de las instituciones españolas para seguir con sus investigaciones fuera, o lo que es peor, abandonándolas por completo.


La universidad, cuna de la investigación

¿Qué acciones podrían llevarse a cabo para mejorar la transferencia del conocimiento a los clínicos por parte de los investigadores?

Las Universidades deberían ser ese punto de encuentro entre los clínicos y los investigadores. Personalmente no me puedo considerar un investigador, sino un clínico con interés por la investigación. De la misma manera, hay grandes investigadores interesados en la clínica y debemos trabajar por encontrarnos.

Las Universidades, en mi modesta opinión, deberían ser este lugar. Esto conllevaría el enriquecimiento para los alumnos, y para todos aquellos que estamos involucrados de alguna manera en la institución universitaria.


El equipo

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Los investigadores de la CEU UCH Javier Fernández Aguilar, Mar Jovani e Isabel Guillén, autores del estudio sobre ansiedad y consumo de analgésicos en extracciones dentales.

¿Qué profesionales integran el equipo de investigadores de este estudio? ¿Y con qué ayudas han contado para su elaboración?

El grupo de investigación está formado también por mis dos directoras de tesis, Mª Mar Jovaní e Isabel Guillén, así como MªTeresa Sanz que se hizo cargo del análisis estadístico.
La obtención íntegra de datos se realizó en mi clínica dental y los costes de publicación en Scientific Reports se realizaron gracias a una beca para la investigación clínica de la UCH-CEU que nos fue concedida.

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