Regenerar hueso
Luis Meseguer-Olmo en el un laboratorio de la UCAM.

Entre sus ventajas está que no presenta rechazo y se fija fácilmente en el tejido donde se implanta. Se podría aplicar para cirugía reconstructiva ósea en general, en Cirugía Oral y Maxilofacial, entre otros campos médicos.

Actualmente, cuando es necesaria la reconstrucción de un hueso, la técnica más utilizada es el autoinjerto, que consiste en la toma de tejido óseo de otra zona del esqueleto (zona dadora) del mismo paciente, ya sea del mismo hueso o de otro, pero este procedimiento presenta algunas desventajas o inconvenientes como el sacrificio de la zona dadora que puede ocasionar un trastorno al paciente de hasta el 25% de los casos. Además, podría producir la disponibilidad limitada cuando se necesitan grandes cantidades de hueso para injertar. O también a través de un injerto alogénico (de un donante fallecido), en este caso el principal inconveniente es la posibilidad de transmisión de enfermedades del donante.

Ante esta situación, un grupo de investigadores de la UCAM, perteneciente al Laboratorio de Regeneración y Reparación de Tejidos-Biomateriales e Ingeniería Tisular, liderado por el traumatólogo y profesor Luis Meseguer-Olmo, comenzó a investigar la obtención de materiales porosos de superficie rugosa biocompatibles y bioactivos para su utilización como «sustitutos de un injerto óseo» en aquellas situaciones clínicas donde se requieran estímulos biológicos para conseguir la regeneración del hueso.

De estas investigaciones surge la patente, una fórmula para obtener un nuevo biomaterial cuyos componentes principales son α-sulfato cálcico hemihidratado, β-fosfato tricálcico y silicato dicálcico, y que se podría aplicar para cirugía reconstructiva ósea en general, en los campos médicos de la Traumatología y Cirugía Ortopédica, Cirugía Oral, Cirugía Maxilofacial y Neurocirugía.

Ventajas del nuevo material

Entre las ventajas de este nuevo material, que ha sido probado en animales, destaca que no presenta rechazo, se fija fácilmente al material donde se implanta y el coste de producción es muy inferior al de los biomateriales actuales, por lo que su aplicación supondría un ahorro importante frente a las técnicas usadas actualmente. Del mismo modo, apunta el doctor Meseguer-Olmo, que «el material ha mostrado ser biocompatible, no observándose signos de citoxicidad; además, es capaz de absorber proteínas en su superficie y algo en su interior, y ser altamente bioactivo, lo que facilita la adhesión y proliferación celular sobre la superficie del material».

Además, este nuevo compuesto conserva la temperatura a nivel ambiente (22ºC) durante todo el proceso de fraguado, lo que evita que pueda ocasionar daños celulares, en contra de lo que sucede con los cementos óseos utilizados para fijar algunos componentes de la prótesis, los cuales producen elevadas temperaturas mientras que consolidan.

Imágenes cedidas: UCAM