Los chinos no solo se están haciendo con el liderazgo del comercio mundial en el siglo XXI, pese a los muros levantados por el «presi» de los occidentales, Donald Trump, sino que ahora se han convertido, también, en unos «ciudadanos» distintos a los demás que habitan el planeta Tierra.

El análisis de cuatro piezas dentales halladas hace cuarenta años en Tongzi, en la provincia china de Guizhou, pone en jaque a la comunidad científica antropológica pues entre las opciones barajadas para determinar su auténtica identidad figura la de pertenecer a una nueva especie hasta ahora desconocida. El estudio de las piezas dentales mediante microtomografías computadas, ahí es nada, ha descartado que pertenezcan al Homo Erectus o al de Neandertal. Pero esta vez a los chinos les ha salido un competidor inesperado en el Homo luzonensis, otro misterioso homínido que vivió hace más de 67.000 años en la isla filipina de Luzón. Hay que ver el juego que dan los dientes, que contribuyen decisivamente a la construcción y reconstrucción de los orígenes del ser humano. Estos nuevos homos podrían sumarse a los cinco miembros hasta ahora conocidos y confirmados: neandertales, denisovanos, hobbits de Flores, erectus y sapiens. Hasta que aparezcan más dientes y entonces se volverá a reescribir la historia de los homínidos, humanoides, homininos o como quiera que sean denominados a partir de ahora.