Antonio Roldán y Teodoro Pereda Blanco fueron los artífices de la primera sociedad de protésicos dentales de la historia de España. (Fuente: Revista «El Protésico Dental»).

Cien años de una Asociación Pionera

Hace 100 años, el 12 de abril de 1918, unos compañeros se propusieron y consiguieron fundar en Madrid la primera asociación de Protésicos Dentales. Desde esta fecha y sucesivamente, se organizaron las asociaciones de Valencia, Barcelona, y Zaragoza. Tanto fructificó la semilla vertida que dio sus frutos en otros países extranjeros, entre otros Argentina. Todo esto dio lugar al Primer Congreso Protésico Dental y al inicio de la andadura hasta la consecución de la deseada Federación, guía y directora de nuestros destinos y, posteriormente, de nuestros Colegios.

Pero retrocedamos un poco más en el tiempo y veamos quienes, cómo y por qué se llegó a la fecha anteriormente indicada.

Dos compañeros y amigos, Teodoro Pereda y Antonio Roldán comentaban en la mesa de trabajo la evolución social por la que atravesaba Europa y los síntomas renovadores que en España se sentían entre las gentes allá por el mes de octubre y siguientes del año 1917. En los siguientes meses del año 1918 retomaron las ideas que anteriormente habían comentado, centrándose en una que les parecía maravillosa y a la vez imposible: formar una sociedad profesional.

Visto que entre los dos solos nunca podrían hacer nada, los ánimos se enfriaron, pero nunca dejaron de pensar en ello. ¿Triunfarían?, ¿fracasarían? Tenían indecisión y duda porque les faltaba el arresto que para estos casos es tan necesario, aunque si hubieran tenido quien les ayudara, estaban dispuestos, moral y materialmente, a hacer los mayores sacrificios.

En una de sus polémicas sobre el particular les salió al paso un día el cobrador de la Compañía Dental Española, y una vez expuesta la idea, los aconsejó que así lo hicieran, porque sería en beneficio suyo, de los compañeros y del arte dental. Ellos se plantearon ¿Cómo, dónde, cuándo? El cobrador les dio la solución. ¿Cómo? Avisando a los compañeros. ¿Dónde? En su casa. ¿Cuándo? El día y la hora que quisieran.

Ante este ofrecimiento, quedaron en pensarlo despacio y sin premura antes de decidirse a dar ese paso. Así pasaron posiblemente, treinta o cuarenta días, hasta casi decaer un poco sus ánimos; pero como quiera que el destino así lo tuviera previsto, nuevamente se apoderó de ellos el entusiasmo, y lo superaron de tal modo que se decidieron a entablar la empresa que tanto tiempo habían temido.
Una noche de los primeros días de marzo, estando los dos amigos y compañeros en un establecimiento en la calle de Hortaleza, se encontraron allí con el cobrador, y al verse de nuevo retomaron la antigua conversación.

De allí salieron los tres hacia la casa de este último, en la calle Abada, nº9, una vez en ella, y después de ofrecérsela, la encontraron bastante bien para los preliminares de lo que pretendían. De ésta salieron con la decisión de propagar y difundir sus ideas, contando con el apoyo material que habían recibido.
Y con esto, llegó el día 17 de marzo, y por casualidades de la vida se vieron reunidos Antonio Prieto, Joaquín Morales, Epafrodito Martínez, Teodoro Pereda y Antonio Roldán. Pereda puso en conocimiento de los demás lo que con su compañero Antonio Roldán habían fraguado.

Por todos fue acogida la noticia con los mayores entusiasmos, acordando reunirse de nuevo el día 24 siguiente con la obligación cada uno de pasar aviso, verbal o por escrito, a cuantos amigos y compañeros conocieran.

Llegó el día 24 y solo se pudieron reunir Antonio Prieto, Joaquín Morales, Epafrodito Martínez, Aniceto Cacho y Teodoro Pereda. No creyéndose en número suficiente, acordaron volver a reunirse el día 31 del mismo mes. Encontrándose este día igualmente en número insuficiente decidieron insistir en otra nueva y última reunión para el día 7 de abril.

A ese día asistieron Prieto, Pereda, Cacho, Martínez, Roldán, y Tomás Blanco, y aunque estaban en número todavía insignificante acordaron afrontar la empresa saliera como saliera, y tras breves discusiones entre los reunidos, acordaron unánimemente imprimir unas circulares a su costa, citando con mayor seriedad a cuantos protésicos dentales hubiera en Madrid, conocidos y por conocer, encargándose cada uno de repartir las invitaciones que buenamente pudieran.

Y así llegó el día 12 de abril en la que tuvo la memorable reunión de donde salieron las conclusiones para constituir legalmente la primera Sociedad Protésico Dental de nuestra historia.

Este sería el resultado de los pensamientos de unos pocos valientes que con mucha entrega, mucho corazón y mucho entusiasmo dieron pie a lo que hoy pretendemos ser: una profesión grande, digna, respetada y respetable.

Meses más tarde, tras ardua preparación, el 22 de octubre de 1818 se celebraría la sesión inaugural de la Constitución de la Sociedad Protésico Dental en la que se desarrollarían las directrices y se elegirían los cargos directivos.

A ésta fue invitado Florestán Aguilar, máxima autoridad de la Odontología. Entre otras cosas en su discurso dijo que «el protésico dental, que es al dentista titulado lo que el delineante al ingeniero, un colaborador práctico, indispensable, un individuo que si se quiere, en ciertas manifestaciones de la práctica profesional, tiene mayor habilidad y destreza, mayor pericia, más grande, que su director y que, sin embargo, no debe ni puede atreverse a realizar aquellas funciones que son propias del que debe dirigir y realizar un trabajo para el que el protésico no está capacitado».

Negación, contradicción, absurdo… que más se pude pensar de este texto.

Las bases fundamentales de esta sociedad serían:

1º Crear un título (nombre) para poder ostentar libremente sin incurrir en falta, sustituyendo el hasta hoy mecánico dentista por el de protésico dental u otro equivalente que exprese claramente nuestra misión en la Odontología.

2º Que siendo este personal auxiliar del odontólogo y dentista, tan necesario o más que el practicante al médico, sea creado un Título que nos dé el estado de legalidad que actualmente no poseemos.
3º Que sirva nuestra Sociedad como centro informativo para facilitar al odontólogo o dentista el personal que de esta solicite.

4º Vulgarización científica de la prótesis dental entre sus asociados, por medio de conferencias, demostraciones prácticas, etc., etc.


Primeros cargos directivos

Después de haber aprobado las bases se aprobarían los cargos directivos que serían los siguientes:
Presidente: Francisco Blanco
Vicepresidente: Francisco Carmona.
Secretario General: Francisco Plaza.
Secretario de actas: Juan Pablo de Guinea.
Tesorero: José Arnaiz.
Contador: José Cereceda.
Vocal 1º: Miguel Pujalte.
Vocal 2º: Antonio Prieto.
Vocal 3º: José Iglesias.
Vocal 4º: Juan Landete.
Con esta directiva y estas bases daría sus primeros pasos la primera Asociación de Protésicos Dentales de España.