La vida está llena de sensaciones, positivas y negativas, que hacen ver la realidad de una forma distinta, en función de las gafas que se ponga cada uno. Y aunque la realidad –la verdad– sea una sola se convierte en tantas como los mortales deseemos ver. Porque al final lo que manda es la sensación que tengamos de esa realidad y en muchas ocasiones, por no decir siempre, esa apreciación personal y subjetiva se convierte en la auténtica verdad. Y eso llevaría a pensar que no hay otra realidad más allá de la que cada uno quiera ver.

Creo que en alguna otra ocasión he mencionado a mi abuela materna, la muy galdosiana Isabel, cuando se pronunciaba con la seguridad que proporciona el saber de la gente del pueblo –del Vallecas de finales del siglo XIX en su caso– para asegurar que la vida, la verdad, en suma, no es como nos gustaría que fuera, ni siquiera como creemos que es, sino que la vida es como es por mucho que nos empeñemos. Pero eso sí, aun sin poder cambiarla, la vida es diferente en función de como te la tomes, de las sensaciones que te produzca, atendiendo a la definición que aporta el diccionario de la RAE: sensación es la percepción psíquica de un hecho. Y nada como vivir con buenas sensaciones, porque la vida es mejor para quien emite buenas vibraciones. Por eso, viviendo la misma realidad, cada uno la ve de una forma distinta.

Se me vino este pensamiento al magín durante la reciente Expodental, con los pabellones de Ifema llenos hasta la bandera, en término taurino, o sea repletos, en plan fino. Meses antes de su apertura ya había la sensación generalizada de que la feria de este año iba a estar bien, es decir, se presentía que la bienal sería favorable, que es otra entrada concedida por el DRAE para definir sensación: presentimiento de un hecho.

La realidad objetiva se ha visto superada por la subjetividad colectiva y al hecho de que la feria estuviera bien se ha sumado la sensación generalizada de que así era. Hace un par de años, en la anterior Expodental, ya se hablaba de que la crisis había sido superada, pero no existía esa percepción. En la decimoquinta edición sí se ha dado por olvidada. Porque, por mucho que las cifras macroeconómicas te quieran demostrar que han llegado tiempos mejores, de las crisis no se sale hasta que la cabeza te dice que así es. Es necesario tener la sensación, la percepción psíquica de que la depresión económica ya ha pasado. Y de eso, de buenas sensaciones, hubo mucho en este Expodental.

Claro que siempre hay quien emite malas vibraciones y se mantiene, erre que erre, en sus trece. Ese es el que sigue instalado en la crisis y, lo que es peor, nunca podrá salir de ella, aunque no exista, porque su realidad es otra, la suya propia. Para este verso suelto –volviendo a mi abuela Isabel– la realidad no es la que es ni tampoco la que le gustaría que fuera, sino la que él cree que es. Es la sensación que yo tengo.