Dr. Fernando Moraleda, presidente de DUE

Detrás de Dentistas Unidos de España (DUE) está un grupo de profesionales preocupados por el deterioro importante y progresivo de la profesión. Su presidente, el Dr. Fernando Moraleda, explica las líneas de actuación de esta asociación independiente que en sus primeras semanas de vida ha recibido múltiples apoyos.

Foto de familia de la Junta Directiva de DUE.

—¿Cómo es la radiografía de la Odontología española que hace DUE?
—De una importante falta de regulación, donde la plétora profesional abrupta en los últimos años, consecuencia de la descontrolada creación de dentistas por parte de universidades privadas, ha provocado una ingente aparición de mano de obra, proporcionando a numerosísimos empresarios que la ley les haya permitido abrir clínicas dentales, muchos con la finalidad exclusiva de hacer caja sin sentimiento alguno por profesión ni vocación sanitaria, y lo peor, haciendo uso de una publicidad  permitida en nuestro país (a diferencia de lo que ocurre en el resto de Europa), que en la mayoría de los casos es desleal, engañosa y fraudulenta para los pacientes, como se ha demostrado en distintas sentencias recientes.
No podemos olvidar que muchísimos compañeros ya no tienen como finalidad de su trabajo a los pacientes, sino a sus propios colegas recién graduados o con falta de determinada formación, haciendo uso de los pacientes como un medio para desarrollar su labor docente,  que en definitiva es lo que les da de comer, unas veces de manera excepcional y otras no tanto.
Sobre este asunto, lo que muchos compañeros jóvenes y no tan jóvenes llaman el «Escándalo de los Másteres», hay un enorme descontento. Las compañías de Seguros son el problema más silente pero no por ello el menos impresentable. Han crecido a las espaldas de muchísimos compañeros, criticados por muchos y entendidos por pocos, muchos que empezaron en momentos difíciles en grandes ciudades donde abrirse un camino ya no era tarea fácil. Es como el que ahora critica al compañero que trabaja en una franquicia porque si no, no come, pero con la diferencia es que a aquellos les dejaron tirados de la noche a la mañana y les abrieron una clínica de la aseguradora al lado de la esquina. Y lo peor, fue sin piedad. Es muy cruel y egoísta decir ahora (como se oye en algunos corrillos): «Que se fastidien. Se lo merecen».
Afortunadamente, y aunque parezca mentira, hoy hay cosas mejores que antaño, como el haber dejado de oír constantemente el rechazo de algunos colegas hacia los extranjeros, en especial los hispanoamericanos, que encontraron en nuestro país un lugar donde vivir y crecer. Qué paradoja comprobar que hoy, muchos dentistas jóvenes españoles son los que han tenido que emigrar fuera de España para buscarse un futuro mejor.  Ahora posiblemente entendamos algo mejor a los que buscaron, hace años, un futuro mejor en nuestro país.

—Y haciendo un guiño al nombre de la organización… ¿Es la profesión dental una profesión unida o menos de lo deseable?
—Los que podemos presumir de tener casi 30 años de perspectiva profesional, podemos asegurar que ha habido un cambio importante en estos últimos tiempos, directamente relacionado con el deterioro más indeseable que ha sufrido nuestra profesión, desde el sentido más amplio de la palabra.
Tradicionalmente, muchos han definido nuestro gremio como individualista y solitario; nuestros colegas, en la mayoría de los casos, representaban a un potencial competidor a la vuelta de la esquina, y poco más, salvo los grupos de trabajo y encuentros potenciados por las sociedades científicas a través de sus reuniones o congresos. La particular circunstancia actual es, para una gran mayoría de críticos, el detonante que ha hecho que muchos sacáramos la cabeza del agujero y gritáramos a viva voz un figurativo «Basta ya».

—¿Cuáles son los principales problemas a juicio de DUE que afectan a la profesión?
—La falta completa de regulación ha ocasionado la proliferación de clínicas dentales con tintes mercantilistas que ponen sus propios intereses económicos por delante de los valores éticos y deontológicos; la publicidad engañosa para el paciente y vergonzante para la profesión; la plétora profesional y el previo descontrol en algunas facultades de Odontología en cuanto al número y la calidad de formación de los nuevos profesionales que se gradúan cada año; la falta de regulación de la actividad de las clínicas dentales, sin que se cumplan de modo estricto los requisitos de las SLP; la falta de respeto al paciente y su expulsión del núcleo de la actividad profesional; las condiciones en las que muchos compañeros se ven obligados a ejercer la profesión y el deterioro de la calidad asistencial.

—¿Cómo ven el futuro de las próximas generaciones de dentistas?
—Los más jóvenes que acaban de terminar la carrera no son completamente conscientes de la pérdida de dignidad y valores que ha sufrido la profesión, ni de todas las ventajas de tener la oportunidad y viabilidad de trabajar de manera independiente en un proyecto de clínica propia entre varios compañeros (como era habitual en tiempos pasados).
Conocen lo que ven y algunos pueden imaginarse lo que hubo. Son realistas, pragmáticos y prácticos. Su mayor preocupación es donde seguir formándose y lo ven complicado con todo el «cajón de sastre» que representan los postgrados hoy en día.
No se van a implicar ni significar en la lucha por los males de la profesión, de manera lógica, para no cerrase puertas o encontrarse de patitas en la calle de cualquier cadena o franquicia. Otros muchos estarán felices de trabajar sin preguntarse si el dueño de la clínica es un adicto a las apuestas y tiene dos tiendas de verduras. Son tiempos difíciles para muchos de ellos, la vida les achucha y no conocen otra opción para encontrar trabajo.
Alguien muy crítico en las redes afirma con lástima, de manera reiterante,  que si no ponemos remedio, las futuras generaciones de dentistas, tendrán, en breve, las mismas posibilidades de trabajar por cuenta propia, que los conductores del Metro de Madrid.

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