De izda. a dcha., el Dr. Miguel Sanz González, la Dra. Adoración Narrillos Polvorinos, el Dr. Jesús Calatayud, José Luis del Moral (GACETA DENTAL), el Dr. Alberto Cacho Casado, Conchita Núñez, el Dr. Rafael García Rebollar, Palmira Cañas Fernández, el Dr. Antonio Bowen Antolín, Isabel Orts Rodríguez y María Varela Conde.

¿Quién manda en la clínica dental?

Más allá de los pros y los contras de compartir casa y oficina, el quehacer diario de un matrimonio dentro de la clínica dental arroja un balance positivo basado en la confianza, la seguridad y el respeto. Eso sí, la convivencia de dos súper números unos de la profesión no parece compatible según los matrimonios reunidos por GACETA DENTAL.

¿Cómo trabajar con tu pareja y no morir en el intento? A esta y otras cuestiones intentaron responder los cinco matrimonios reunidos por GACETA DENTAL bajo el rasgo común de trabajar juntos en sus clínicas dentales. Los elegidos fueron Antonio Bowen y María Varela (Clínica Dental Bowen), Jesús Calatayud y Conchita Núñez (Clínica Dental Doctores Calatayud), Alberto Cacho e Isabel Orts (Clínica Ortodoncia Madrid Ortom), Miguel Sanz y Adoración Narrillos (Clínica Sanz y Narrillos Dental) y Rafael García y Palmira Cañas (Clínica Santamaría).

Y es que, aunque son numerosos los ejemplos de sagas familiares dentro del mundo de la Odontología por tratarse de una profesión vocacional que suele heredarse de unos a otros, no solo comparten tareas profesionales padres e hijos. Esposas y esposos también se distribuyen las diferentes labores de las consultas dentales. El camino a veces no resulta fácil, ya que cada día más y debido a la propia evolución del sector dental, las exigencias son mayores en torno a este tipo de negocio. No obstante, el querer alcanzar una meta conjunta allana el recorrido.

División de poderes

Uno de los aspectos que los matrimonios consultados resaltaron durante el encuentro es, más allá de quién lleva el mando de la clínica, la importancia de tener bien definidas las áreas de las que cada uno se responsabiliza, lo que contribuye a evitar complicaciones, así como favorecer el entendimiento mutuo. Así abrió el debate el Dr. Miguel Sanz, asegurando que «en nuestro caso, los dos somos médicos odontólogos y cada uno trabaja en su área, yo en Endodoncia y Prótesis y Adoración en Ortodoncia y Periodoncia. Llevamos 30 años trabajando juntos y no chocamos precisamente por eso». Para la Dra. Adoración Narrillos, «realmente en la clínica hay una cabeza que es él. Para mí es muy cómodo porque yo voy a trabajar a la clínica, pero la responsabilidad es de él. Poco a poco va habiendo más bicefalia, pero casi todo tiene que pasar por las manos de ‘don Miguel’. Yo tuve que dedicarme a los hijos, lo que hizo que durante muchos años me revolviese sobre mí misma porque no era mejor que yo, ni lo es a día de hoy, pero hubo que tomar esa decisión. Ha habido momentos tensos, pero al final ha resultado positivo».

Las parejas asistentes al encuentro compartieron sus diferentes vivivencias sobre el hecho de coincidir en el trabajo y en casa.

También 30 años trabajando juntos llevan el Dr. Jesús Calatayud y Conchita Núñez. Esta última, que empezó en la consulta como auxiliar, afirmó que «con el paso de los años, esta profesión ha exigido un nivel de profesionalización de las clínicas y de las tareas que en ellas se desempeñan, produciéndose una línea clara de separación en nuestras misiones, que son importantísimas para el buen transcurrir del día a día. Es esencial que exista una complicidad y un trabajo en el que cada uno sepamos cuál es nuestra responsabilidad y nuestra área. Muchísimos de nuestros pacientes no saben que somos matrimonio porque respetamos esas parcelas de cada uno y que son fundamentales para poder tener una buena relación. Mi labor es de gestión, me dedico a todo ese mundo que es una clínica dental que tiene múltiples exigencias y muchísimas horas dentro y fuera de la clínica».

En el caso de Isabel Orts, esta comenzó a trabajar con el Dr. Alberto Cacho a los 18 años compaginando sus funciones de «chica para todo» (término utilizado en diferentes momentos por la mayoría de mujeres presentes en el encuentro), con sus estudios e hijos finalizando como higienista en la consulta. «Para mí ha sido muy cómodo, yo he trabajado como la que más, pero realmente el peso de la consulta lo ha llevado él, que, además de ser hiperactivo, cada vez tiene mayor capacidad de trabajo. Para mí, al principio fue difícil porque al empezar como una consulta pequeña pasábamos las 24 horas del día juntos. Luego te vas conociendo más a la hora de trabajar y al crecer la clínica y aumentar el personal es mucho más fácil trabajar. Al trabajar y vivir juntos te conoces muy bien, es fácil llevarte. Hacemos un buen trabajo».

Por su parte, María Varela, que abandonó su trabajo como consultora en IBM para comenzar a trabajar en la consulta de su marido, el Dr. Antonio Bowen, hace 13 años, reconoce que «al final nos hemos sabido adaptar. Mi profesión era otra y luché mucho por ella, pero sí que es cierto que con el tiempo ha sido una suerte poder compatibilizarlo con mi familia haciendo algo útil que ha revertido en la vida de los dos. Él se ha quitado un peso de encima, que es todo lo relativo a las gestiones, aunque sí que es cierto que a veces te sientes un poco mal porque es un trabajo oscuro. No obstante, la decisión de trabajar juntos nos ha dado un buen resultado».

Para Palmira Cañas, enfermera de profesión, «la decisión de dejar mi trabajo para ayudar a mi marido en la clínica fue necesaria porque teníamos tres hijos y unos horarios infernales. Y yo lo hago encantada, tras 30 años trabajando juntos me siento afortunada porque tengo un trabajo estupendo y me permite tener flexibilidad de horarios. Tenemos una consulta pequeña y siempre surgen problemas o incidencias, pero que solventamos fácilmente. Yo intento quitarle toda la parte de gestión para que él pueda dedicarse fundamentalmente a lo médico. Nuestro hijo dentista trabaja con nosotros, con lo cual soy también su gestora y ayudante».

Anverso y reverso

Expericiencias concretas aparte, parece que el hecho de compartir el espacio de trabajo cuenta con las dos caras de la moneda una positiva y otra, en ocasiones, algo menos ventajosa. Así lo explicó el Dr. Cacho aludiendo a una serie de inconvenientes que podían producirse en algunos casos como consecuencia de extender la convivencia al lugar de trabajo. En primer lugar se refirió a que, «si las dos personas tienen el mismo puesto, podría aparecer una situación de rivalidad si no existe la misma cuota de éxito en la consulta, lo que podría derivar en cierta frustración. Sin embargo, cuando son funciones diferentes se complementan y puede ser beneficioso. Por otra parte, el compartir las 24 horas del día hace que la pareja se pueda llegar a saturar, hay una sobre exposición, no hay tiempo para desconectarse y eso puede ‘quemar’ una relación. Estamos en una profesión bastante estresante y si es compartido, te estás llevando el estrés de los dos a casa. Es difícil encontrar espacios individuales, siempre tiene que haber cierto oxígeno para poder mantener una vida ordenada. También tiene muchas ventajas, pero no todo es tan fácil».

Refiriéndose precisamente al estrés de la profesión, el Dr. García Rebollar quiso matizar que «nosotros tenemos muy diferenciado el mundo laboral del familiar. Ella me ayuda en todo lo que puede, pero me evita también el 90% de mis problemas familiares. No me supone demasiado estrés llevar la consulta, por mucho jaleo que haya tampoco es tan difícil. A mí no me resulta demasiado estresante, también quizás por mi carácter, que no me altero demasiado».

Conchita Núñez reconoció que «evidentemente hay aspectos negativos, pero concretamente en el tema del estrés, al ser compartido, cuando llegamos a casa, sabemos perfectamente por lo que hemos pasado los dos y nos entendemos a la perfección, aunque es importante desconectar».

La confianza, clave

En este punto del encuentro fue el Dr. Calatayud el encargado de volver a incidir en los aspectos positivos de la convivencia en el trabajo, asegurando que «la primera ventaja es que todo ese trabajo oculto de administración y gestión que hay en las consultas y que cubrís vosotras, nos permite poder dedicarnos a otras cosas y es un alivio extraordinario. Además, el que seáis el cónyuge, en matrimonios en los que existe una buena relación como el nuestro, supone una tranquilidad extraordinaria porque yo con Conchita tengo una confianza total, es más, si nos separásemos sería mi ruina. Además, hay otro aspecto muy importante, ya que muchas veces con los pacientes hay que utilizar la psicoterapia y Conchita esos matices, esos remates los hace muy bien. Siempre recuerdo algo que aprendí de Alfredo Malva que decía, ‘¿qué es lo más importante al final de la consulta?: Se han ido contentos’. Igual hay problemas que no se pueden resolver, pero se han ido contentos».

Sobre el papel destacado de la confianza en la pareja también habló el Dr. Bowen, para quien contar con dicho aspecto es incomparable. «Disponer de una persona en la que tienes plena confianza es fundamental porque sabes que si algo va mal es contra los dos y si lo haces bien es a favor de los dos, por lo que la confianza es básica, y más en un tipo de negocio como el nuestro. Encontrar a una persona mejor que tu mujer para el tema de la gestión de la clínica se hace muy complicado».

En este sentido, el Dr. Miguel Sanz explicó que, en su caso, «tenemos a una persona que se ocupa de todo lo relativo a la gestión de la consulta, pero efectivamente es una persona de confianza que empezó a trabajar con nosotros como auxiliar con 18 años y lleva ya 17 años trabajando con nosotros. Es complicado encontrar un perfil así y, además, tiene que estar muy bien pagado».

Para Palmira Cañas, «en realidad, trabajar con la pareja, con los inconvenientes que pueda acarrear, al final es una ventaja porque es como hacerlo con un socio solo que mucho más fácil, más llevadero. No te vas a reprochar nada y, por el contrario, sí que puedes salir muy beneficiado».