Figura 1. Vista frontal.

A propósito de un caso

Resumen

Al final de los años 60, surgió el concepto de osteointegración, a partir del cual Brånemark desarrolló un protocolo empírico, en el que se debería esperar un periodo de entre 6 y 8 meses para la cicatrización de los tejidos duros y blandos después de la extracción (1).

La colocación de los implantes se tornó así como la mejor forma de reponer los dientes perdidos restableciendo las funciones perdidas, pero el largo tiempo de espera tuvo un impacto negativo en la vida de los pacientes.

A finales de la década de los 70, Schulte et al. describieron la técnica de la inserción de los implantes dentales inmediatos post extracción que hasta el día de hoy sufre una importante evolución debido a los nuevos materiales de regeneración, nuevas superficies de implantes y protocolos quirúrgicos bien definidos (2, 3).

Para algunos autores, el éxito de esta técnica depende de una adecuada selección de los pacientes y un riguroso protocolo quirúrgico (4).

Esta técnica está definida como la inserción de los implantes en el momento de la extracción y tiene como principales ventajas la reducción del tiempo de tratamiento debido al menor número de actos quirúrgicos, mantenimiento de los tejidos blandos y la posibilidad de preservación del hueso alveolar (5-11).

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