Para los antiguos griegos la catarsis consistía en ir al teatro para sentir los efectos purificadores y liberadores que causaba en el espectador la representación de una tragedia de Sófocles, Antígona o Electra, por ejemplo. La visión de estas obras provocaba en el público compasión u horror, entre otras sensaciones. Una especie de terapia que viene a ser lo que hoy conocemos como liberar endorfinas y adrenalina. Catarsis era, y es, todo cuanto ha girado y gira en torno a las fiestas de origen pagano —cristianizadas luego— para celebrar la llegada de los solsticios de verano e invierno —san Antón en enero y san Juan en junio—, que tienen el fuego como elemento fundamental. El fuego como principio purificador de las personas, ahuyentador de plagas y protector ante los malos espíritus.

Si paraninfo, por deformación, hoy significa lo que significa limitado al ámbito universitario, cuando en sus orígenes griegos no era sino el padrino, el anunciador de la ceremonia que acompañaba a la novia en la boda, no puede resultar extraño que la evolución del término catarsis nos haya llevado a definir algo así como la purificación de personas o cosas afectadas de alguna impureza. Se habla de catarsis en los partidos políticos que han de partir de cero en sus propuestas, en la regeneración de sus órganos directivos… Tal vez sí hay algo de horror en esa situación política, pero no compasión —ni siquiera de sus adversarios—, ni tampoco fuego real aunque sí figurado, porque finamente más de uno de los dirigentes del partido termina en la «hoguera» para dar paso a gente nueva en los cuadros de la formación.

Con el paso del tiempo, la palabra catarsis ha ampliado su espectro de significados y lo mismo sirve para hablar de la crisis y renacimiento de un equipo de fútbol, que de una empresa que intenta resurgir de sus cenizas o de un grupo musical que vuelve a la actividad tras apartar de la banda a alguno de sus anteriores elementos.

También hay profesiones que en determinados momentos necesitan de una catarsis, es decir, de quemar una parte de su colectivo. Óscar Castro lo ha dicho muy claramente y desde la Organización Colegial que preside se ejercerá la potestad sancionadora «contra aquellos profesionales que incumplan los principios éticos, deontológicos y legales» que han de regir los actos clínicos de los dentistas como profesionales de la salud que son. A la hoguera con quienes degradan la actividad odontológica. Es llegado el momento de la catarsis dental porque la sociedad lo exige.

Sin olvidar que las catarsis sirven para ir a mejor. Y como de mejorar la revista se trata, en este número estrenamos diseño. Una nueva y moderna imagen con más aire, más nitidez y más frescura.