Este año celebramos el cuarto centenario del fallecimiento de Miguel de Cervantes (1547-1616) y desde aquí queremos rendirle nuestro humilde homenaje analizando algunos de los aspectos odontológicos más destacados que aparecen en El Quijote.

Palabras clave: Quijote, caries, dientes, enfermedades dentales.

A lo largo de El Quijote se menciona la importancia de poseer una buena dentadura («boca sin muelas es como molino sin piedra, y en mucho más se ha de estimar un diente que un diamante»), para lo cual es necesario realizar una correcta limpieza bucal («mondándose los dientes como de costumbre»). En uno de los capítulos se describe a Sancho Panza «enjuagándose la boca», como signo de higiene y limpieza, después de una de sus comidas; don Quijote también «se enjuagó la boca» cuando fue vapuleado por un rebaño de toros y vacas a los que había desafiado en un cruce de camino, como si fueran caballeros andantes; y después de una comida, «el caballero recostado sobre la silla, y quizás mondándose los dientes, como es costumbre». Estos hechos son verdaderamente llamativos, teniendo en cuenta que a lo largo de toda la novela don Quijote se asea tan solo en tres ocasiones.

Don Quijote sufrirá un traumatismo facial que le dejará como secuela la pérdida de piezas dentales. El suceso tuvo lugar tras la aventura de los pastores, cuando una pedrada le llevó de camino «tres o cuatro dientes y muelas de la boca» (1). Al finalizar el acontecimiento, el hidalgo se pondrá la mano en la boca «porque no se le acaben de salir los dientes». El hidalgo manchego solicita a Sancho que le revise cuántos dientes y muelas le faltan del lado derecho de la quijada. Cuando el escudero le pregunta cuántas solía tener, el caballero andante responde: «cuatro muelas fuera de la cordal, todas enteras y muy sanas» (2).

Los personajes secundarios tampoco están exentos de sufrir patología bucodental. Así Belerma, la amante de Durandarte, un personaje fantástico con el que «se encuentra» don Quijote cuando desciende a la cueva de Montesinos, es cejijunta, chata y con pocos dientes («son ralos y bien puestos, aunque eran blancos como peladas almendras»).

La mala higiene bucal suele llevar asociada halitosis. Al menos dos personajes femeninos aquejan esta dolencia, la cual debió ser bastante frecuente en la época: el aliento de Maritormes le olía a ensalada fiambre y trasnochada, y Altisidora tenía un «cierto aliento cansado».

Don Quijote presume de buena salud bucal, asegurando que en toda su vida no «le han sacado ni dientes ni muela de la boca, ni se le ha comido de neguijón ni de reuma alguna» (3).

El término neguijón hace alusión a una leyenda que se remonta hasta la civilización sumeria, según la cual se atribuía la caries a un gusano que anidaba en el interior de las piezas dentales, que las iba corroyendo lentamente por dentro y que era la causa de terribles odontalgias. El vocablo deriva del latín «nigellus» (niger, negro) en relación al color de las cavidades negruzcas propias de la caries.

En cuanto al «reuma», en la época de Cervantes significaba corrimiento o fluxión de los humores y se manifestaba por inflamación, dolor y supuración de la encía, por lo que equivaldría a la piorrea en los casos avanzados y a la gingivitis en los precoces.

Otra causa de pérdida dentaria era el «catarro de los dientes», patología relativamente frecuente («que en esta tierra de Aragón son tan ordinarios»). El catarro fue responsable de que doña Rodríguez perdiera parte de sus piezas dentarias (presumía de tener «sus dientes y muelas en la boca, amén de unos pocos que se le llevaron los catarros»). Es muy probablemente que el «catarro» correspondiera a una piorrea alveolo-dentaria.

También hay referencias a una complicación frecuente de la extracción dentaria cuando se realiza en una situación muy precaria («y quédente los raigones si te sacares las muelas»).

En el capítulo 7 de la segunda parte, el bachiller Sansón Carrasco le aconseja al hidalgo manchego que «de camino vaya rezando la oración de Santa Apolonia, si es que la sabe». A lo cual el ama responderá: «Eso fuera si mi amo lo hubiera de las muelas, pero no lo ha sino de los cascos». Santa Apolonia fue muy popular a lo largo de todo el Medievo, era la patrona de todos aquellos que padecían odontalgias y la que dirigían sus plegarias.

Para finalizar nos quedamos con uno de los refranes que aparece en la novela cervantina en relación con la dentadura: «entre dos muelas cordales nunca metas tus pulgares».

Bibliografía

1. Valle del A, Romero M. Don Quixote`s countenance before and after losing his teeth. J Dent Res 2009; 88 (2): 101-4.
2. Richardson ME. Dental accidents, disease and disarters. British Dental Journal. 1999; 187: 291-294.
3. Tenenbaum L. Cervante, Don Quixote and the teeth. Protes Dent 1998; 51: 37-39.