De izda. a dcha., José Luis del Moral, director de GACETA DENTAL, junto a representantes de la industria dental: Cristina Schmidt, Carlos Arroyo, Rafael Acevedo, José María Puzo, Sonia Gómara y Juan Manuel Molina.

Seis empresas de la industria dental debaten sobre las necesidades del sector

El desarrollo de la informática en la clínica, la mejora de la tecnología y de los materiales odontológicos, la simplificación de los sistemas de trabajo y la optimización de las comunicaciones entre profesionales y con el paciente son los principales objetivos que persigue la industria dental y que pretende fomentar en el Salón Internacional de Equipos, Productos y Servicios Dentales, Expodental, en cuya décimo cuarta edición se respira la recuperación económica del mercado.

Las empresas de fabricación y distribución de productos dentales son muy conscientes de las necesidades del sector, que pasan por la profesionalización de las clínicas y los laboratorios dentales, pero, en muchas ocasiones, el desarrollo industrial se encuentra retenido por una generación de dentistas y protésicos que se resiste a la incorporación de las nuevas tecnologías.

De este y otros muchos temas hemos hablado con representantes de la industria dental para hacer una panorámica del sector odontológico español. Han participado en este encuentro: Juan Manuel Molina, director general de Henry Schein para España y Portugal; José María Puzo, vicepresidente y director general de DENTSPLY Iberia; Sonia Gómara, directora general de Ivoclar Vivadent para España y Portugal; Rafael Acevedo, director técnico de Laboratorio Prótesis; Cristina Schmidt, directora general de Importación Dental, y Carlos Arroyo, en representación de Geniova.

Perspectivas positivas

La directora general de Ivoclar Vivadent para España y Portugal, Sonia Gómara, comienza abriendo el debate con una visión positiva del futuro del mercado dental: «En los últimos dos años, se ha notado una recuperación del sector, sobre todo en 2015, y esta mejora parece que va a continuar durante 2016. En estos años hemos asistido a una evolución tecnológica muy importante, que se dirige hacia la Odontología digital. Este año, en Expodental, seremos testigos de ello y veremos desde impresoras 3D hasta escáneres o equipos de fresado que pretenden desarrollar tanto el laboratorio como la clínica».
Rafael Acevedo, director técnico de Laboratorio Prótesis, afirma que «se ha producido una auténtica revolución industrial en el sector, principalmente en el laboratorio, que ha tenido que realizar una gran inversión y cuyos técnicos han tenido que modificar por completo sus sistemas de trabajo».

El director general de Henry Schein para España y Portugal, Juan Manuel Molina, quien además ha participado activamente en esta décimo cuarta edición de Expodental, como vocal del Comité Organizador, señala que, «aunque la Odontología ha evolucionado mucho en los últimos años, en cuestiones informáticas el sector dental va con retraso y, en la actualidad, muchas clínicas todavía se encuentran en el año 2002. Nosotros trabajamos para que las consultas y los laboratorios se informaticen, pero aún hay una parte importante de profesionales que se resisten al cambio».

La directora general de Importación Dental, Cristina Schmidt, afirma que «mientras que el desarrollo tecnológico ha ido muy rápido, su implementación en las clínicas ha estado paralizado por la crisis, puesto que requiere inversiones muy fuertes. Además, el avance informático que sí han sufrido otras profesiones, no se ha producido todavía en la clínica dental puesto que es un mercado muy tradicional, en el que, a día de hoy, todo se sigue gestionando por teléfono».

Para el vicepresidente general de DENTSPLY Iberia, José María Puzo, también vocal del Comité Organizador de esta edición de Expodental, «mientras que las clínicas están en 2002, las empresas nos situamos en 2020, pero nos encontramos con una barrera, porque diez de cada nueve odontólogos son propietarios de una PYME y no saben nada de gestión empresarial. Las clínicas aún tienen que dar ese salto y aprender a gestionarlo todo, incluida la tecnología».

Carlos Arroyo ve en este aspecto una importante labor que está en manos de la industria dental: «Tenemos que ayudar a los dentistas a profesionalizarse para que sean capaces de aportar a los pacientes un valor añadido. Las clínicas independientes tienen que competir con las grandes cadenas, y la industria tiene que ofrecer las herramientas para que puedan sobrevivir en este nuevo modelo de negocio. El problema es que estamos ante profesionales que solo ven la parte de la salud en su trabajo, no ven la gestión, y sin gestión el sector no puede evolucionar».

Para José María Puzo, «el problema con el que nos encontramos es que un 80% de las clínicas son propiedad de personas de más de 50 años, que focalizan su gestión en torno a la ciencia. Desde la propia industria hemos fomentado esta actitud con nuestros ensayos clínicos, siempre intentando demostrar la evidencia científica de nuestros productos. Y ahora, cuando les hablamos de digitalización, de lo desconocido para ellos, les sacamos de su zona de confort y sienten miedo, porque creen que van a perder valor. Desde la industria tenemos que hacerles entender que la adopción de las nuevas tecnologías no sustituye la parte artesanal de su trabajo, sino que les facilita el proceso y les permite disfrutar de más tiempo libre».

Miedo al cambio

Aunque los jóvenes odontólogos son conscientes de la necesidad de mejorar sus negocios con la aparatología que les brinda el mercado, todavía hay una generación de dentistas que se resiste al cambio, y según los participantes en este desayuno de trabajo, esta resistencia viene determinada por tres aspectos: la fuerte inversión que requiere la incorporación de las nuevas tecnologías, el tiempo de formación necesario para aprender a utilizarlas y el miedo a perder valor.

Según los participantes en este encuentro, el sector dental ha vivido una auténtica revolución industrial que ha modificado los sistemas de trabajo.
Según los participantes en este encuentro, el sector dental ha vivido una auténtica revolución industrial que ha modificado los sistemas de trabajo.

Según José María Puzo, «los dentistas veteranos son los que llevan el peso del negocio puesto que son los propietarios de la mayor parte de las clínicas dentales, y es a este grupo de profesionales al que más le cuesta avanzar. Los jóvenes odontólogos no tienen dinero para montar una clínica y cuando terminan la carrera se ven obligados a trabajar para terceros, así que hoy en día es muy difícil que alguien monte una nueva clínica con tecnología de última generación».

Rafael Acevedo señala que «los laboratorios que han dado el salto tecnológico han tenido que realizar un gran esfuerzo, y son muchos los centros que aún están trabajando sin escáner. En la clínica pasa lo mismo, hay odontólogos que han sabido adaptarse a los cambios y otros que no. El problema es que el que no se haya subido ya al tren, nunca podrá hacerlo, porque llega demasiado tarde».

Sonia Gómara apunta que «aunque el desarrollo digital es muy importante, sigue existiendo una Odontología conservadora, y nosotros, como fabricantes, tenemos el deber de asistir a esos dentistas que siguen utilizando las técnicas de toda la vida. En un futuro se podrá hacer una obturación de forma digital, pero, mientras tanto, debemos desarrollar nuevos materiales en torno a los tratamientos conservadores y, aunque es cierto que en prótesis fija sí ha habido una revolución muy importante, en otros ámbitos las cosas se siguen haciendo como siempre».

Cristina Schmidt es de la misma opinión: «Si estamos tratando de abogar por la salud bucodental hay que revolucionar la conservadora para no tener que llegar al implante, y existen multitud de materiales en este ámbito que se pueden mejorar. Pero cuando intentamos transmitir esto al profesional nos encontramos con un muro, porque es muy difícil hacerles cambiar un producto con el que llevan trabajado toda la vida y, a veces, no te dejan ni explicar las características de tu nueva propuesta».
Según José María Puzo, «el sector dental es muy conservador y le cuesta mucho evolucionar porque los profesionales tienen miedo al cambio, a perder su valor diferencial. Con la digitalización ese miedo es aún mayor, puesto que creen que pierden su componente artesanal. La industria está haciendo las cosas bien –y sin ayuda de la Administración–, y seguiremos presentando novedades con la finalidad de mejorar los tratamientos, pero siempre nos cuestionarán y debemos seguir apretando, formando e informando a los profesionales e intentando integrar las tecnologías en la universidad, porque es la única forma de que crean en ellas».

Rafael Acevedo expone la difícil situación a la que se enfrentan los técnicos dentales: «Para un laboratorio, invertir en una maquinaria que a los cinco años se va a quedar obsoleta es muy costoso. La prótesis es un oficio de artesanos y los técnicos que empezaron hace 30 o 40 años, y han vivido esta revolución industrial, han tenido que realizar un esfuerzo enorme, tanto económico como de formación, instruyendo a su personal sobre el manejo de las nuevas tecnologías. La gente joven lo tiene mas fácil, porque está acostumbrada a vivir con la informática, pero los profesionales mayores son incapaces de dibujar un diente en un ordenador».

Al respecto, José María Puzo señala que la inversión no siempre supone un obstáculo para los protésicos dentales: «Los fabricantes presentamos continuamente novedades encaminadas a asumir esa inversión. Ahora, un laboratorio puede tener acceso al CAD-CAM sin invertir en un escáner o una fresadora, todo se puede hacer a través de un código que se envía a través de una web externa y, posteriormente, el laboratorio recibe la corona para que el técnico realice el retoque final. Sin embargo, esta tecnología, que no requiere ninguna inversión, no está acabando de calar en el mercado, entonces ¿cuál es la barrera? La única barrera que yo veo es el miedo».

Acevedo señala que esto ocurre porque «los laboratorios somos muy conservadores y no queremos sacar el trabajo de nuestro centro y dar a otros profesionales la oportunidad de realizar nuestro oficio».

Pero José María Puzo no cree que esto ocurra porque los protésicos sean conservadores, «porque bien que usan un móvil de última generación», ironiza. «Lo que en realidad ocurre –continúa Puzo– es que les da pánico externalizar los servicios porque eso supone simplificar la cadena de producción. Es comprensible, pero hay que cambiar esta forma de pensar. Yo conozco un ejemplo de una gran empresa que simplificó su cadena de tal manera que tuvo que reubicar a más de 50 personas en otras compañías del grupo, pero, al poco tiempo, tuvieron que volver a contratarlas porque habían conseguido triplicar la producción. No hay que tener miedo a la evolución».

Juan Manuel Molina apunta que «la revolución tecnológica va a hacer que los negocios evolucionen y es eso lo que genera miedo, por esta razón las empresas tenemos que ofrecer soluciones para que los profesionales puedan entender y digerir ese cambio». Así, desde el punto de vista de Molina, la evolución pasa por dos fases: «la primera es la inversión –y si no ayudamos al profesional a hacer este gasto no habrá evolución–, y la segunda etapa es la de formación, que es lo que logrará que obtengan una rentabilidad y optimicen esa inversión».

«Por otra parte –prosigue el director general de Henry Schein para España– la industria tiene que reconocer qué profesionales pueden optar a las nuevas tecnologías y cuáles van a seguir haciendo la Odontología de toda la vida, porque existen dos perfiles y debemos dar soporte a ambos. En el caso de los laboratorios, por ejemplo, pueden trabajar de la mano, de forma que los más jóvenes manejen la aparatología digital y los protésicos más veteranos ofrezcan la parte más artesanal del oficio, que es la que marca la diferencia con respecto a su competencia».

Cristina Schmidt ratifica esta afirmación y señala que «la máquina no hace todo el trabajo y, al final, es la mano del técnico la que debe terminar el pulido, por eso, estos profesionales no deben tener miedo al cambio».

«Y nosotros –añade Molina– podemos hacerles ver que, aunque las técnicas y materiales tradicionales seguirán existiendo, las nuevas tecnologías les permitirán hacer en una hora lo que antes hacías en tres».

Para José María Puzo, «la verdadera revolución no se ha producido en las técnicas, sino en el modelo de negocio, y es difícil asumir esto. Incluso a la industria nos cuesta entenderlo, porque, a pesar de sacar al mercado nuevos productos, seguimos fabricando nuevas siliconas para hacer una técnica obsoleta. Pero lo hacemos porque los odontólogos siguen utilizándolas. ¿De qué sirve lanzar al mercado un equipo revolucionario si nadie lo va a comprar? Si no hay profesionales que lo utilicen no tiene sentido comercializarlo. ¿De qué le sirve a un estudiante aprender a manejar aparatología de última generación en la universidad si luego trabaja en una clínica que no tienen ni ordenador y cuya base de datos está escrita en un papel?».

Al respecto, Juan Manuel Molina señala que «es precisamente en eso en lo que tenemos que trabajar, en informatizar a las clínicas, en enseñarles gestión y en hacer que vean la tecnología como una herramienta de ayuda y no como el enemigo. Estamos ante un nuevo ecosistema en el que la industria tiene mucho que aportar».

«Al final –comenta Carlos Arroyo–, la palanca que va a forzar el cambio tecnológico que se tiene que producir va a ser el paciente».