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De izquierda a derecha: los doctores Manuel Fernández Domínguez y Montserrat Mercadé Bellido, José Luis del Moral, y los doctores Daniel Torres, Victoriano Serrano Cuenca y María José Muñoz Leal.

Docentes universitarios analizan la oferta formativa de postgrado

Másteres oficiales, doctorados y títulos propios. A grandes rasgos, esta es la oferta universitaria para el recién graduado. ¿Cuál es la mejor formación de postgrado? Diversos docentes intentan darnos una respuesta a esta compleja cuestión.

Ante la falta de empleo y la necesaria especialización que el mercado dental exige actualmente, los jóvenes odontólogos buscan una formación complementaria para incrementar sus oportunidades laborales. Hoy en día la oferta formativa es muy variada y seleccionar el programa de postgrado más indicado no es una tarea sencilla.

Para dar una respuesta a este problema, GACETA DENTAL ha creado una serie de actividades destinadas a organizar la enorme oferta formativa que se da en el sector dental, entre las que figuran la creación de la Guía de Formación (ver páginas 19-20), y la celebración de Dentalus, el primer Salón de Formación Dental (ver páginas 16-18), pero también la convocatoria de dos desayunos de trabajo con expertos en el ámbito de la formación, que contribuyan a aclarar la situación formativa.

En el primero de estos encuentros, cuyas conclusiones resumimos a continuación, hemos hablado sobre los programas educativos de postgrado con cinco docentes del mundo universitario: los doctores Victoriano Serrano Cuenca, secretario académico de la Facultad de Odontología de la Universidad Complutense de Madrid (UCM); Montserrat Mercadé Bellido, vicedecana de Investigación de la Facultad de Odontología de la Universitat Internacional de Catalunya (UIC); Daniel Torres, director del Máster de Cirugía Bucal de la Universidad de Sevilla (US); Manuel Fernández Domínguez, director del departamento de Odontología de la Universidad CEU San Pablo (CEU-USP), y María José Muñoz Leal, directora del área de Odontología de la Universidad Europea de Madrid (UEM).

En el próximo número de GACETA DENTAL publicaremos el resumen de otro desayuno de trabajo dedicado a la formación, pero esta vez centrado en los programas destinados a los odontólogos en ejercicio profesional como método de reciclaje y actualización, lo que conocemos como formación continua.

Oferta universitaria de postgrado

Abre las intervenciones el doctor Victoriano Serrano, para hacer una breve exposición de la oferta formativa de postgrado de la Complutense, lo que nos sirve de referencia, teniendo en cuenta que cada universidad difiere en el formato de sus títulos propios. Así, el profesor Serrano señala que «existen cuatro líneas en educación postgraduada: los másteres universitarios, que en nuestro caso tenemos uno que se llama Máster Oficial en Ciencias Odontológicas; los estudios de doctorado; los títulos propios, que nosotros dividimos en tres categorías: el máster propio, la titulación de especialista y la de experto; y, finalmente, la formación continua, que fraccionamos en diplomas y certificados».

Dada la diversidad de denominaciones que adquieren los títulos propios universitarios, según el doctor Victoriano Serrano, «lo que realmente distingue unos cursos de otros son las connotaciones de créditos, horas y carga lectiva. Así, en la UCM, el máster propio es el programa que tiene más de 500 horas; el título de especialista es de más de 300 horas y el de experto debe superar las 250. Y, en cuanto a la formación continua, el diploma es el curso que tiene más de 50 horas y el certificado es aquel que tiene una duración inferior. Estos son los mínimos, si bien todos los másteres y especialistas acumulan más horas».
El doctor Manuel Fernández, director del Departamento de Odontología de la CEU-USP, coincide en la clasificación de niveles formativos de postgrado apuntada por el profesor Serrano, aunque no se corresponda del todo con la que ofrece la facultad a la que representa: «es un buen esquema que resume la oferta de formación de postgrado por la que deben regirse todos los centros universitarios. En base a esta estructura se desarrollan multitud de programas con el objetivo de dotar de una capacitación de cara a la profesión».

Para el doctor Daniel Torres, vicedecano de Gestión Clínica en la Facultad de Odontología de la US, el problema que se da con los títulos propios radica en que no están regulados, de ahí las diferencias entre centros. «En la Universidad de Sevilla, por ejemplo, dentro de estos programas solo distinguimos entre el máster propio y el diploma de especialización». Y es que, aclara Torres, «cada universidad tiene distintos criterios y normas, tanto a nivel docente como en cuanto al número de horas o a los requisitos de admisión, y esto crea confusión en el alumno que va buscando un curso».

La doctora Montserrat Mercadé Bellido, vicedecana de Investigación de la Facultad de Odontología de la UIC, se muestra de acuerdo con esta afirmación y añade que «muchas personas piensan que el máster oficial es un título más importante, y hay que tener en cuenta que muchos títulos propios de nivel máster tienen más de 180 créditos europeos [ECTS], mientras que el máster oficial no puede superar, en ningún caso, los 120 créditos y, muchas veces consta de tan solo 60, por lo que no se puede comparar la carga lectiva de unos y otros».

Según el profesor Torres, «esta falta de información no afecta solo al graduado que busca un curso, que al final termina conociendo las diversas opciones que le brinda el mercado educativo, sino que también tiene una repercusión en el paciente y esto es mucho más grave porque la sociedad no conoce la diferencia entre un máster oficial, uno propio o uno impartido en dos fines de semana».

«Hoy en día todo el mundo tiene un “máster” en su currículum –prosigue el doctor Serrano–, sin embargo, en muchos casos se refieren a programas impartidos en cuatro fines de semana que nada tienen que ver con los másteres que están reglados».
Pero para el doctor Torres el verdadero problema reside en que no es un engaño: «Es totalmente legítimo porque no hay ninguna norma que establezca el número de horas que debe tener un máster propio».

«Pero por muy legal que sea denominar a ese programa máster –continúa la doctora Montserrat Mercadé–, no es lógico que un profesional se autocalifique como endodoncista por haber realizado un curso de cuatro fines de semana. Y de cara al paciente esto sí es un engaño».

En busca de una especialización

El doctor Manuel Fernández introduce un aspecto clave que, a su juicio, determina la estructura de la formación de postgrado en España: la falta de las especialidades. «El criterio de la especialización es un aspecto que debemos sumar a este debate porque la diversidad de programas formativos que tenemos en la actualidad responde a la demanda de los jóvenes dentistas que, tras hacer la carrera, quieren formarse en un campo concreto de la Odontología».

Para la doctora María José Muñoz Leal, directora de Área de Odontología de la UE, ésta es la clave del sistema educacional de postgrado que tenemos hoy en día porque «los jóvenes graduados quieren especializarse y las universidades tratan de dar respuesta a esa necesidad, pero se ven obligadas a hacerlo de una manera indirecta, y esta situación ha dado lugar a la dispersión de la oferta formativa».

«Además –prosigue el doctor Fernández Domínguez– saben que algún día llegarán a España las especializaciones y quieren que esa formación que han adquirido de forma previa a la futura regulación se convalide algún día, por lo que escogen aquellos programas de 180 créditos con una duración de tres años, es decir, los másteres propios, porque ése es el criterio europeo de las carreras de especialización».

En este punto de la conversación, los integrantes de este desayuno de trabajo se sumergen en un segundo debate al asegurar que para los recién graduados no se trata solo de escoger el curso que les dote de una mayor capacitación, sino que además les asegure el reconocimiento de su especialidad por el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) cuando estas titulaciones se regulen en España.

«Un máster oficial –explica el profesor Fernández Domínguez– tiene unos criterios académicos que establecen un máximo de 120 créditos ECTS cursados en dos años y se exige que tenga una carga docente muy importante en investigación, que a veces colisiona con lo que el alumno desea, que es especializarse en un área de la profesión. El problema que se nos plantea ahora es que estos másteres están perdiendo su sentido porque, como hemos visto en las últimas conferencias de decanos, esos 300 créditos que se contemplan en el Grado de Odontología ahora dotan del nivel de máster, por lo que ya no es preciso hacer un máster oficial para acceder al doctorado. Y, por otra parte, en la actualidad el postgraduado no tiene la inquietud de hacer la tesis, sino la de conseguir el título de especialista cuando por fin se establezcan las especialidades, y en ese sentido se tiene que dirigir a los programas de 180 créditos, porque éstos son los que están adaptados a los másteres europeos que dotan del título de especialista».

La profesora Montserrat Mercadé señala que «los alumnos buscan la palabra máster oficial sin saber lo que es, cuando estos cursos se concibieron como una formación con una carga muy importante en investigación para preparar a los alumnos de cara al doctorado».

El doctor Serrano afirma que en un principio pensaron en su facultad que «el máster oficial estaba perdiendo su sentido originario porque, en el caso de las carreras que han cursado 300 créditos, como ocurre en Medicina u Odontología, se otorga el marchamo directo para hacer el doctorado, sin embargo, en contra de todo pronóstico, en la UCM hemos cubierto el número de plazas de nuestro máster oficial. Hemos tenido que realizar una modificación en la estructura porque, como en esos 300 créditos del Grado no se contempla la carga investigadora que requieren los estudios del doctorado, ahora los alumnos que no tengan un máster oficial tienen que realizar un complemento formativo de 24 créditos a través de la metodología de la investigación».

El doctor Fernández Domínguez advierte que «el máster oficial está perdiendo el interés del alumnado, tanto desde el punto de vista académico, porque ya no es preciso hacerlo para acceder a la tesis doctoral, como desde el punto de vista práctico, porque lo que quieren los postgraduados es especializarse y este título no les sirve para ello».

María José Muñoz afirma que los jóvenes odontólogos no tienen claro cuál es la manera en que deben especializarse y «muchos hacen primero un máster de un determinado campo, y luego realizan otro completamente diferente de otra área de la Odontología, y esto ocurre porque toda esta dispersión que hay en la oferta formativa, aunque pretende cubrir la deficiencia de especializaciones, en lugar de ayudarnos nos está perjudicando. Y, por otro lado, es muy difícil comparar los programas objetivamente entre las distintas instituciones y, aunque cada facultad tiene unos criterios reglados dentro de su propio ámbito, hasta que no se produzca una estandarización no se podrá facilitar la movilidad de los odontólogos españoles en el resto de Europa».

Según el doctor Daniel Torres, «si entramos en el tema de las especialidades nos podemos alargar en exceso porque es un problema en el que intervienen muchísimos actores y que depende, en última instancia, del Ministerio de Educación. A este tema llegamos tardísimo, es una locura que las especialidades no hayan aflorado. Realmente se están asentando, pero no por una vía lógica y normal como en el resto de Europa, y esta situación ha dado lugar a la jaula de grillos que tenemos en la actualidad».

Por su parte, el profesor Manuel Fernández está convencido de que «no se puede dejar la especialización al margen en este debate porque está ligada íntimamente a la formación. En el momento en que se reconozcan estos títulos, el odontólogo va a tener más salidas profesionales y una mejor educación».