Ana Andrés Grau, directora del Instituto Universitario de Ingeniería de Alimentos para el Desarrollo (Universidad Politécnica de Valencia)
Ana Andrés -izda.-, junto a Marisa Castello, en el laboratorio donde han desarrollado su investigación.

Ana Andrés Grau, directora del Instituto Universitario de Ingeniería de Alimentos para el Desarrollo (Universidad Politécnica de Valencia)

En 2012 arrancaba en el Instituto Universitario de Ingeniería de Alimentos para el Desarrollo de la Politécnica de Valencia un proyecto investigador centrado en la reformulación de las golosinas. El equipo de trabajo, liderado por la Dra. Ana Andrés Grau, ha conseguido crear un tipo de golosinas saludables, cuyo consumo podría suponer bajar los índices de caries dental, especialmente, entre la población infantil.

—¿Qué les impulsó a centrar su investigación en la búsqueda de una golosina más saludable?
—Partíamos de una trayectoria previa orientada a la optimización del uso de ingredientes funcionales en el desarrollo de nuevos productos y en la reformulación de alimentos funcionales, y más concretamente en la sustitución de los azúcares convencionales por otros más saludables. Son muchos los alimentos formulados con azúcar y, entre ellos, el sector de la confitería es uno de los más relevantes en este sentido. Seleccionamos trabajar en la reformulación de golosinas porque, pese a ser un producto de bajo valor nutricional, su consumo está muy extendido y se asocia a momentos muy lúdicos. Así, nuestro reto era eliminar los problemas asociados a la ingesta de los azúcares convencionales utilizados en su formulación mediante la incorporación de ingredientes naturales que, además de aportar dulzor, aportaran beneficios adicionales a nuestro organismo. Con ello, pretendíamos conseguir golosinas que fundamentalmente ofrecieran ventajas.

—¿Qué características tienen las novedosas golosinas que han diseñado?
—Estas golosinas no provocan caries, la energía que aportan se libera lentamente (bajo índice glicémico), tienen un carácter prebiótico que favorecen el crecimiento de la flora intestinal deseable (prebiótico) y un aporte calórico inferior a las golosinas convencionales. Éstas son las características que las hacen diferentes respecto a las que podemos encontrar en el mercado.
Desde el punto de vista sensorial no difieren en nada a las golosinas tradicionales, por lo que la aceptación por parte de los consumidores es muy alta si bien son más saludables, e incluso, aportan beneficios adicionales, debido a los ingredientes que incluyen en su formulación (isomaltulosa y oligofructosa).

—¿Qué beneficios tendría su consumo para la salud bucodental, especialmente de los más pequeños, principales consumidores de este tipo de productos?
—Podrían suponer una menor incidencia de caries dental.

—¿Cómo se ha desarrollado esta investigación? ¿Cuándo arrancó?
—Este proyecto arrancó en el año 2012 y se ha llevado a cabo en el Instituto de Ingeniería de Alimentos de la Universidad Politécnica de Valencia con financiación tanto de la propia universidad como de la Generalitat Valenciana.

—¿En qué fase se encuentra la investigación? ¿Cuáles serán los siguientes pasos a dar?
—Hemos desarrollado distintos tipos de golosinas a escala laboratorio y hemos logrado que distintas combinaciones de los ingredientes saludables empleados den lugar a estructuras similares a las formulaciones realizadas con azúcares convencionales. Los resultados conseguidos hasta el momento son suficientes para proceder a la etapa de escalado a nivel industrial.

Ana Andrés Grau, directora del Instituto Universitario de Ingeniería de Alimentos para el Desarrollo (Universidad Politécnica de Valencia)
Detalle del producto creado desde el Instituto Universitario de Ingeniería de Alimentos para el Desarrollo de la UPV.

—¿Se ha interesado alguna empresa por la comercialización de este descubrimiento?
—A raíz de la aparición de nuestro proyecto en distintos medios de comunicación, han sido numerosas las empresas que se han interesado por los resultados, lo que resulta muy positivo para abordar la última etapa de escalado industrial, pero todavía no hay acuerdos firmes debido a que la inversión en investigación está muy frenada también en el sector empresarial.

—¿Quiénes componen su equipo de trabajo?
—Me acompañan en este proyecto, la Dra. Marisa Castelló Gómez, profesora contratada doctora; la Dra. Ana Heredia Gutiérrez, profesora contratada doctora; la Dra. Isabel Escriche Roberto, catedrática de Universidad; la Dra. María Dolores Ortolá Ortolá, catedrática de Universidad y Ángela Periche Santamaría, estudiante de Doctorado.

—Como investigadora del Instituto Universitario de Ingeniería de Alimentos para el Desarrollo (IIAD) de la UPV es consciente de la importancia de la alimentación en la salud oral. ¿Existen otras líneas de investigación que ahonden en este campo?
—En general, es un aspecto que se tiene poco presente en nuestra área de investigación y desarrollo y, aunque nuestro equipo de investigación sí que es consciente de la importancia de la alimentación en la salud oral como consecuencia de nuestro proyecto, sería conveniente acercar a profesionales de la salud bucodental y a tecnólogos de alimentos para plantear nuevos proyectos desde un enfoque multidisciplinar.