Dr. Enrique Llobel Palanca, premio Santa Apolonia del Consejo de Dentistas

Dr. Enrique Llobel Palanca, premio Santa Apolonia del Consejo de Dentistas

Dr. Enrique Llobel Palanca, premio Santa Apolonia del Consejo de DentistasToda una vida dedicada a la Odontología le ha sido reconocida al doctor Enrique Llobel Palanca –hijo, padre y abuelo de odontólogos–, con la concesión del Premio Santa Apolonia que otorga anualmente el Consejo General de Dentistas de
España. De su trayectoria, vivencias personales y preocupaciones acerca del momento actual que atraviesa la profesión hablamos en esta entrevista.

—¿Qué representa para usted la concesión del Premio Santa Apolonia?

—Es para mí de un gran valor, ya que es el reconocimiento de los compañeros de profesión.

—¿Qué sintió al recibir la llamada que le comunicaba la concesión de este importante reconocimiento profesional?

—Es difícil a mi edad expresar sentimientos sin caer en la sensiblería. Se trató de algo que, de momento, detuvo el pulso, ante lo inesperado. La voz del profesor Martín Villa en su llamada telefónica ha quedado grabada en mí.

—El apellido Llobell está ligado a la Odontología desde hace casi 80 años. Su padre, usted, sus hijos, sus nietos… han elegido esta carrera. Una tradición familiar, mezclada imagino también con la vocación por la profesión.

—Mi padre nació en Denia, Alicante, en 1899. Trabajó de meritorio en el laboratorio de prótesis de la clínica de un dentista de Valencia. Marchó después a Barcelona, donde contrajo matrimonio y nacimos mi hermano Andrés y yo. Desgraciadamente, nuestra madre falleció al poco de nacer mi hermano en un trágico accidente, y mi padre trasladó su residencia licenciándose en Odontología en Madrid y ejerciendo en Valencia como odontólogo el resto de su vida.

Mientras yo cursaba el bachiller en las Escuelas Pías, veía cómo se confeccionaban en el laboratorio de prótesis, –que compartía piso con la clínica y la vivienda– las dentaduras de caucho vulcanizadas, y también cómo se laminaban lingotes y monedas de oro para hacer coronas.

En la guerra, acompañé frecuentemente a mi padre al Hospital Militar donde veía como extraía trozos de metralla del tercio medio facial.

Estos antecedentes me hicieron decantarme por lo que posteriormente sería la cirugía maxilofacial.

—De no haber sido dentista, ¿cuál cree que es la profesión que hubiera elegido?

—Empecé estudiando Medicina y Derecho, aprobando el primer curso en ambas facultades. Posteriormente me dediqué a la Medicina y de no haber sido médico, hubiese terminado la carrera de Derecho.

—¿Cómo recuerda sus inicios profesionales?

—Por las mañanas, en la consulta de Odontología del Hospital Provincial, veía trabajar al Dr. Luis Lafora, que me dejaba utilizar los fórceps en las extracciones fáciles. Por las tardes, en la clínica de mi padre completaba lo aprendido en la Escuela de Estomatología de Madrid.

Formé parte de la primera promoción de Médicos Estomatólogos, y tuve de profesores a Zabala, García-Gras, López-Viejo, García del Villar, etc. Y como compañeros, a Fernando Monsalve, de Granada; Miguel Orts, de Villajoyosa; Francisco Quiles, de Valencia, etc.

Comencé junto a mi padre compartiendo la consulta de Valencia con otra rural en Villamarchante, a 25 km. de Valencia. Por aquel tiempo aparecieron las turbinas, las resinas acrílicas y otras novedades que fueron cambiando la profesión.

Acudía regularmente a todos los cursos que organizaba mi amigo Víctor Sada Tejero, al tiempo que asistía a cursos de ortodoncia organizados por Costa del Río, Pericot, etc., uniéndome a los compañeros que fundaron las sociedades de Ortodoncia (SEDO) y de Cirugía Oral y Maxilofacial (SECOM).

En los congresos por el extranjero conocí el ortopantomógrafo del Profesor IRJOV, de la Universidad de Turku (Finlandia), importando posteriormente el primer ortopantomógrafo que se instaló en España.

Dr. Enrique Llobel Palanca, premio Santa Apolonia del Consejo de Dentistas—Usted ocupó durante muchos años la Jefatura del Servicio de Cirugía Maxilofacial del Hospital La Fe de Valencia. ¿Qué le aportó este cargo?

—Muchas satisfacciones, debido al gran número de enfermos que se atendían en este servicio, durante años el único en las comunidades valenciana y murciana. También conseguí que se instalase el primer ortopantomógrafo de la Seguridad Social española en 1969.

—De todos los logros conseguidos profesionalmente, ¿de cuál se siente más satisfecho?

—En el centenario del Memorial Sloan-Ketering Center de Nueva York presenté el trabajo de extirpación y reconstrucción en el mismo acto de grandes tumores maxilofaciales, publicado como «Reconstrucción en cáncer avanzado de cara y cuello mediante el colgajo pediculado osteomiocutáneo Escapular-Romboideo», y que fue el único trabajo de cirugía europeo admitido, junto con uno de radiología del cáncer por el Karolinska Institutet de Estocolmo, y otro de quimioterapia del Hospital Boelelam de Amsterdam.

—¿Cuál ha sido su forma de enfrentarse al trabajo todos estos años?

—Las mañanas en la Seguridad Social, principalmente por los quirófanos, y las tardes en mi consulta hasta las nueve de la noche han ocupado toda mi vida laboral.

—Muchos años dedicados a la Odontología le han permitido observar, de primera mano, su evolución y desarrollo. ¿Qué avances han sido a su juicio los más destacados?

—El milagro conseguido con la penicilina me causó un gran impacto.

Los avances en radiología con la ortopantomografía y después el TAC han aumentado las posibilidades diagnósticas de manera inusitada. La ergonomía en el trabajo y la aparatología ocupan también un lugar destacado.

—La profesión está afectada por males como el intrusismo, la precariedad, el exceso de profesionales, la crisis económica… Circunstancias que imagino le preocupan. ¿Ve alguna posible vía de solución a las mismas?

—Siento una gran preocupación por el devenir de la Odontología, una profesión que empieza a estar infravalorada debido a la mercantilización que está haciendo olvidar a muchos que se trata de una profesión sanitaria. Ningún exceso es bueno, y el exceso de odontólogos está perjudicando la profesión, no sólo por la comercialización, sino también por el bajo nivel profesional que propicia.

Considero absolutamente prioritario reducir el número de odontólogos y crear las especialidades en Odontología.

—No sé si será de dar consejos, pero si tuviera que dar alguno a un futuro odontólogo, ¿cuál sería?

—No debe olvidar nunca que la Odontología es una profesión sanitaria.

Dr. Enrique Llobel Palanca, premio Santa Apolonia del Consejo de DentistasPerfil del Dr. Enrique Llobel

Licenciado en Medicina y Cirugía. Especialista en Estomatología y Cirugía Maxilofacial. Jefe del Servicio de Cirugía Maxilofacial y Estomatología Regional de Valencia en la Ciudad Sanitaria La Fe. Presidente y fundador de la Sociedad Española de Radiología y Cefalometría Dento-Maxilofacial, miembro fundador de la Sociedad Española de Cirugía Maxilofacial, de la Sociedad Europea Craneofacial y titular de la Sociedad Española de Ortodoncia. Miembro español más antiguo de la Sociedad Internacional de Radiología Dento-Maxilofacial y de la Sociedad Europea de Ortodoncia. Miembro de la Sociedad Española de Cirujanos de Cabeza y Cuello.

Más personal

Nacido en: Barcelona, el 6 de noviembre de 1925. Reside en Valencia desde 1929.

Estado civil: Casado en 1953, cinco hijos, trece nietos.

Aficiones: Ópera, Teatro, Lectura.

Deportes: Cuando era joven frontón, fútbol, rugby –en el equipo de la Facultad de Medicina–, pesca –Campeón de España 1974 de pesca de altura–.

Libro favorito: El Quijote.

Película: Metrópoli de Fritz Lang (cine mudo) de la que han copiado la mayoría de los grandes directores de la historia del cine.

Lugar: Tal vez nuestro lugar preferido sea la Albufera de Valencia. A su orilla construimos el Racó de L’Olla.

Música preferida: Mozart, Shostakovich, Falla y Rodrigo.

Viajes en cartera: He viajado mucho, como casi todos los profesionales. En cartera tenemos Córdoba-Sevilla, en octubre, para recordar viejos tiempos.