Alicia Castro, vicepresidenta de Transferencia e Internacionalización del CSIC

Alicia Castro, vicepresidenta de Transferencia e Internacionalización del CSIC

Alicia Castro, vicepresidenta de Transferencia e Internacionalización del CSICLas formas de financiación, los ‘inventos’ más sorprendentes salidos de sus laboratorios, la formación de nuestros jóvenes investigadores, las aportaciones del sector privado, el desconocimiento de su labor entre el gran público, la colaboración con institutos internacionales son algunos de los aspectos abordados en esta entrevista con la vicepresidenta de Transferencia e Internacionalización del CSIC.

En este país hablamos y no paramos de que se investiga poco y mal por falta de presupuestos. Que nunca se ha prestado excesiva atención a la investigación. Que la crisis ha establecido una tétrica ruta hacia el exterior por la que transitan nuestros investigadores más cualificados. Que, en fin, debemos seguir resignados a formar profesionales de todas las áreas de las ciencias y del pensamiento para que luego desarrollen sus conocimientos y facultades en otros países. No todo esto es cierto. El Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) trabaja mucho y bien, con ciertas limitaciones, eso sí, y así nos lo explica Alicia Castro, vicepresidenta de Transferencia e Internacionalización de la agencia estatal.

—¿Con qué presupuesto cuenta CSIC para investigar?

—Es muy variable, depende de los años, porque en CSIC no solo contamos con los ingresos por asignaciones sino que acudimos asiduamente a convocatorias públicas competitivas españolas, europeas e internacionales, que es como obtenemos la mayor parte de la financiación para investigación. Por ejemplo, el 12% de los 1.000 millones de euros aportados por la UE para investigar sobre el grafeno ha sido atribuido a investigadores españoles, y de ese 12% la cuarta o quinta parte ha llegado al CSIC, al equipo de Paco Guinea.

—¿No hay ingresos por venta de patentes?

—Efectivamente, esa es otra fuente de ingresos, como también lo son los contratos establecidos con el sector privado. En este terreno CSIC es líder nacional porque somos los que generamos mayor número de patentes, alrededor del 40% del total, en todos los ámbitos: Humanidades, Ciencias Sociales, Bilogía, Biomedicina, Física teórica… Hacemos mucha investigación en temas alimentarios y farmacológicos, que da lugar a muchas patentes.

—¿Hay alguna de esas patentes que sea especialmente llamativa?

—Entre las más sonoras y que seguramente el gran público no identifica con CSIC están las gulas, un producto del que no hemos obtenido grandes ingresos porque en la época en que se creó, finales de los ochenta, no había esa conciencia de patentar. Afortunadamente el mundo investigador se ha dado cuenta de que es necesario transferir el conocimiento a la sociedad y la industria es consciente de que ha de pagar por esas patentes para que la investigación avance.

—¿Algún otro ‘invento’ popular del CSIC?

—El Revidox, un curioso complemento nutricional que se obtiene a partir de las pepitas de las uvas con funciones antioxidantes; o el Stilvid Cardio, otro complemento nutricional que se ha mostrado eficaz en aspectos cardiacos. O el ProCeliac, un producto de efectos antiinflamatorios para los celiacos en el que ha colaborado Central Lechera Asturiana y que ya se encuentra en los supermercados. Y en otro terreno muy distinto se investiga el desarrollo de un coche sin conductor. En la presentación de este sistema robótico de guía por GPS un vehículo fue sin conductor desde El Escorial hasta Arganda del Rey [dos poblaciones de Madrid, distantes entre sí unos 80 kilómetros]; es evidente que son los coches del futuro. En sanidad se ha patentado el Mammi Pet, una patente surgida de la colaboración entre el CSIC y un instituto de Valencia en la producción de equipos menos radiactivos para la detección del cáncer de mama que ya se están vendiendo fuera de España. O el amplificador de ADN que se está utilizando en investigaciones criminológicas y que es fruto del trabajo de la investigadora emblemática Margarita Salas.

Alicia Castro, vicepresidenta de Transferencia e Internacionalización del CSIC—Por lo que dice hay bastante conexión con la industria.

—Mucha menos de lo que querríamos. Nosotros estamos para que la industria nos plantee problemas. En nuestra página web [www.csic.es] se puede ver todo lo que somos capaces de saber y de generar, aunque también somos capaces de crear conocimiento a la carta. Dicho de otra manera, si una empresa nos viene con un problema concreto, nosotros somos capaces de buscar el grupo investigador que podría dar respuesta a esa necesidad.

—¿De cualquier área?

—Claro, sí. En el campo de las Humanidades se está trabajando en un diccionario griego clásico-griego contemporáneo-español único en el mundo. Y en Arqueología se han realizado investigaciones que han permitido saber, a partir de piezas dentales halladas en distintas cuevas, que los neandertales eran diestros o que utilizaban plantas como la manzanilla con fines medicinales.

—Antes hablaba del grafeno, que parece ser el material revolucionario del futuro. ¿Qué aplicaciones tendrá?

—Puede aportar una capacidad de miniaturización y de flexibilidad en todo tipo de productos, como los equipos médicos o los teléfonos móviles o las tabletas.

—¿Y en el sector dental?

—Es complicado, pero no descartable, imaginarse un equipo de resonancia para mandíbulas flexible. Hay otras líneas de investigación más acordes con lo dental, como los estudios que están haciendo en el CINN de Asturias, con Ramón Torrecillas a la cabeza, o en el Instituto de Materiales de Madrid, dirigido por Serafín Moya [ver GACETA DENTAL números 248 y 249], relacionados con materiales cerámicos y el campo de la nanotecnología que serán directamente aplicables al ámbito dental. También hay desarrollo de nuevos elementos clínicos y equipos de detección y de cirugía en el área de Física, y otros estudios en Biomédica y Alimentación; no olvidemos que los alimentos entran por la boca.

—¿Por qué cree que en España hay tan poca tradición inversora del sector privado en investigación?

—Es un hecho esa falta de tradición investigadora de la industria española, pero creo que es una situación que va a revertir porque estamos poniendo los cimientos con el fin de ser más conocidos para lo que necesitamos que los medios de comunicación nos muestren más ante el gran público, entre el que se encuentran los industriales, para que se den cuenta de que con nosotros tienen una posibilidad no solo de avanzar en sus industrias sino también de ahorrar dinero. Que se den cuenta de que no hay que salir a buscar tecnología a otros países porque ya la tenemos aquí, que somos capaces de responder a cualquier demanda que se nos haga. No está demás decir que el CSIC existe y tenemos una hermosa página web [www.csic.es] que se puede consultar.

—¿Qué puesto ocupa CSIC como organismo investigador?

—Es el más importante de España, entre los cinco primeros de Europa y el noveno mundial. Procuramos ser activos en cuanto a transferencia del conocimiento, asistimos a ferias y convenciones, tenemos un departamento de comercialización que actúa de enlace entre el investigador que genera el conocimiento y el industrial al que pueda interesar hacer pruebas de valoración o incluso comprar la tecnología patentada. Y, además, cualquier beneficio que obtenga el CSIC lo es para toda la sociedad.

—Ya ha hablado del puesto que ocupa CSIC en el campo de la investigación, tanto en España como internacionalmente. ¿Ese nivel se corresponde con el de los investigadores?

—Ese nivel es de excelencia internacional. Algunos de nuestros investigadores publican de forma continuada en revistas de referencia en el mundo de la ciencia, como Nature o Science. Da idea de ese nivel de excelencia el hecho de que nuestros investigadores tengan relación de colaboración con grandes centros de investigación mundiales, como el Max Planck alemán, el CNRS francés [Centre National de la Recherche Scientifique] o la Universidad californiana de Berkeley.

—Sin embargo seguimos hablando de la fuga de investigadores…

—Si yo dijera que no existe, mentiría. La situación económica, no del CSIC, sino de todo el país no es buena y hay fuga de cerebros. Aunque en cierta forma no se trata de fugas sino de que muchos de estos investigadores, formados aquí, tienen la suficiente capacidad para desarrollar su trabajo fuera. Nos duele perder a gente de estas condiciones, pero no el hecho de que se vayan fuera. Todo investigador ya sabe cuál es su trayectoria: un estudio de grado en la universidad, tesis doctoral y salida al extranjero, porque necesita ver otra forma de hacer las cosas. Todos nosotros estamos obligados a hacer una estancia fuera más o menos larga, de años, para adquirir otra forma de ver y actuar en la investigación; es algo fundamental. Lo interesante sería poder recuperarlos. Esperemos que pase la tormenta económica para recuperar a nuestros investigadores. Ese es uno de los objetivos fundamentales de CSIC, porque su principal activo es el capital humano.