No es la primera vez, ni va a ser la última, que en GACETA DENTAL nos ocupamos de cuanto afecta a la industria del sector dental. Y con ese propósito convocamos a representantes de distintas empresas para abordar en nuestro desayuno de trabajo mensual las tendencias inmediatas.

De otra parte, poco antes del cierre de esta revista, se dio a conocer la Memoria Anual 2012 de la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (Fenin). Las conclusiones extraídas en ambos casos son similares y dejan constancia de la importancia fundamental que tiene la innovación y la formación en el sector dental, del peligro de basar las compras en el precio sin tener en cuenta los productos innovadores y de la necesidad de mantener el impulso de la presencia en el exterior.

Que las empresas del sector dental hayan facturado 455 millones de euros en 2012, reduciendo su cifra de negocio en un 6,95 por ciento respecto al ejercicio del año anterior no es una buena noticia. Perder nunca puede ser positivo. No obstante, todos sabemos que el sector dental ha aguantado el chaparrón de la crisis mucho mejor que otros. Y no deja de ser esperanzador que la investigación, pese a los enormes recortes que ha sufrido desde la inversión pública siga adelante, que la industria del sector dental dedique el 8,5 por ciento de su facturación total a I+D+i.

Y de ese empeño investigador ha nacido un biocida inorgánico no contaminante que puede ser revolucionario por su eficacia y su bajo coste de producción. Tan simple, y tan original, y tan barato como el polvo de vidrio. Un descubrimiento del que nos hacemos eco en la sección dedicada a I+D+i. Esperemos que no se deje escapar la patente de este producto descubierto en el CSIC, porque tiene pinta de ser una especie de bálsamo de Fierabrás capaz de acabar con las bacterias más resistentes, útil no solo para combatir la periimplantitis sino también las bacterias del agua y de los alimentos.

En la Memoria de Fenin también se hace referencia a la morosidad de los organismos públicos en los pagos de la deuda a las empresas del sector de tecnología sanitaria (2.806 millones de euros con un plazo medio de pago de 273 días), que tal vez no sea excesivamente significativo en el caso dental, basado en el sector privado, pero que no deja de ser llamativo. Un ejercicio de actualización en los pagos es tan necesario como, por ejemplo, la aplicación de la Ley de Transparencia en la publicidad institucional para que todos sepamos qué agencias gestionan y planifican cada campaña y en qué medios y soportes se ha invertido hasta el último céntimo. Algo que hasta ahora no ocurre.

Son detalles que mejorarían la gestión –ahora que todo el mundo parece apostar por gestionar más eficazmente– en materias nada baladíes, porque si en algo estamos de acuerdo en estos tiempos de zozobra financiera es que con el dinero (de todos) no se puede jugar.