Julio José Suay

Un grupo de investigadores de las Universidades Jaume I de Castellón y el País Vasco, liderados por la empresa Ilerimplant, han desarrollado un recubrimiento biodegradable para los implantes dentales que puede mejorar las tasas de éxito en su colocación tanto en pacientes normales como en aquellos que sufren déficit óseo. Un hallazgo innovador que promete dar mucho que hablar.

—¿Cómo surgió la iniciativa de desarrollar esta investigación?

—Dentro de los programas que tiene el Ministerio de Economía y Competitividad para lanzar la investigación, está el llamado «Programa Innpacto», que se basa en la colaboración entre universidad y empresa.

En este caso, somos un grupo de investigación en el que trabajamos conjuntamente la Universidad del País Vasco y la Universidad Jaume I de Castellón y la empresa Ilerimplant.

A raíz del conocimiento del campo de los implantes de esta compañía y de las necesidades detectadas en los pacientes, se lanza una línea de trabajo y se nos plantea la opción de trabajar en un producto que mejore los implantes dentales que actualmente existen, convirtiéndolos en implantes dentales activos, que consigan generación ósea, es decir, que sean osteoinductores. No sólo que tengan la biocompatilibidad del titanio, sino que también tengan un componente activo que sea osteoinductor.

A partir de este planteamiento, nos ponemos a trabajar de forma conjunta y lanzamos un proyecto en la convocatoria Innpacto del año 2010 en el cual reflejamos estas ideas. Finalmente, la propuesta es aprobada, concediéndonos más de un millón de euros para iniciar las investigaciones, y ya llevamos dos años y medio trabajando en este campo.

Nuestras investigaciones han dado sus frutos pues nos han permitido desarrollar un recubrimiento sobre los implantes dentales que consigue promover la osteoinducción.

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Un equipo numeroso e interdisciplinar trabaja en una nueva solución implantaria.

—¿Cuánta gente está trabajando en este proyecto?

—Un grupo interdisciplinar y grande. Alrededor de 16 personas trabajando, entre químicos, ingenierios, biólogos, odontólogos y médicos. El equipo comienza a trabajar tras la fijación de objetivos por parte de Ilerimplant, se inicia el proyecto a partir de ideas básicas de la ciencia de los Materiales y el desarrollo de las ideas de todo lo que es el proyecto, de forma general, recae en la ingeniería, mientras que el «hacia dónde dirigirnos» en los odontólogos. Los biólogos trabajan para la evaluación in vivo y la gente de medicina nos ayuda a evaluar las histologías de las muestras que obtenemos.

También han participado en la investigación la Universidad de Murcia y el Instituto de Biomecánica de Valencia, quienes se han encargado de algunas experimentaciones in vivo.

—¿Cómo es este material biodegradable? ¿Qué ventajas ofrece este recubrimiento?

—El recubrimiento se aplica sobre los implantes de titanio de una forma bastante sencilla dentro de fábrica. A partir de este momento, cuando entra en contacto con tejidos vivos, empieza a biodegradar y esta biodegradación promueve la osteoinducción, la formación de hueso por la liberación, sobre todo, de compuestos de silicio que, a su vez, favorecen la formación de procolágeno, lo que estimula inmediatamente la generación ósea.

En resumen, a partir del proceso de implantación, se genera una respuesta a un cuerpo extraño normal, pero, inmediatamente, la existencia del recubrimiento consigue cambiar esta respuesta para inducir la generación ósea. Este proceso de formación de nuevo hueso consigue que la estabilidad secundaria rápidamente aumente, puesto que la sujeción es mucho mayor, dado que se está generando hueso alrededor de lo que es el implante. Esto sucede fundamentalmente durante el primer mes o mes y medio, periodo inferior a un implante normal. A medida que el nuevo hueso se va formando, el recubrimiento va desapareciendo hasta que a las ocho semanas sólo queda el implante de titanio.

—Entonces este tipo de recubrimiento además de mejorar la tasa de éxito de los implantes, consigue que pacientes poco indicados a su colocación –fumadores, personas mayores con osteoporosis, diabéticos, etc.– tengan más posibilidades.

—Cuando planteamos el proyecto, con el desarrollo del recubrimiento perseguíamos dos objetivos: el primero, reducir el tiempo de carga del implante promoviendo la estabilidad secundaria lo más rápidamente posible en pacientes normales. La generación de hueso trae como consecuencia, de forma inmediata, que la posibilidad de fallo en la implantación se reduzca aún más. Y el segundo objetivo, intentar, de alguna forma, que aquellos pacientes que son descartados a la hora de realizar un implante dental por su deficiente calidad ósea, ya sea por enfermedad, tabaquismo o edad avanzada, puedan ser considerados pacientes con ciertas garantías de éxito.

—¿Se trata de una Investigación pionera o existen estudios previos?

—La investigación es pionera dentro del sector de la investigación básica de la implantología dental y genera, por tanto, una gran innovación en el campo industrial al dar lugar a soluciones totalmente distintas a las existentes. En el campo científico las referencias son mínimas, sólo existe una autora norteameriacana que hace algunos años intentó realizar este tipo de desarrollos pero no tuvieron éxito. La vía fue descartada y existen muy pocas referencias bibliográficas, 3 o 4, y no con éxito. Y por otro lado, a nivel industrial, es una innovación que rompe con las ideas que hasta ahora se llevaban a cabo.

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Investigadores de la Universidad del País Vasco y de Castellón, manteniendo una reunión de coordinación.

Dentro de los implantes dentales se habían explorado vías como la proyección por plasma de distintos componentes, con recubrimientos por polímeros degradables o, incluso, actualmente se estaba intentando funcionalizar las superficies con moléculas activas, con péptidos y demás. Esta idea rompe un poco la forma de trabajo con los implantes. Lo que intenta esta nueva tecnología es construir un vehículo, que es el propio recubrimiento, y éste, en su biodegradación, que libere aquellos compuestos activos que posibiliten la formación ósea.

A día de hoy, tenemos un primer prototipo que únicamente libera compuestos de silicio, pero estamos trabajando en un segundo prototipo que sea capaz además de liberar proteínas o secuencias proteicas que consigan activar todavía más, si cabe, la formación ósea. Dentro de unos seis meses tendremos los resultados. Desde este punto de vista es una tecnología que abre todo un campo, el de la liberación de compuestos activos justo en el lugar específico donde se produce la implantación.

—Hablamos de prototipos, pero ¿en cuánto tiempo se prevé que esté listo para el mercado?

—De momento, se han desarrollado los prototipos y se han evaluado. En los cultivos in vitro con distintas líneas celulares y en la evaluación in vivo se han obtenido muy buenos resultados, en algunos casos, sorprendentes.

Una vez que evaluemos ambos prototipos definitivamente se decidirá por dónde actuar. Para obtener el producto sanitario final se debe realizar la evaluación preclínica para después pasar a la evaluación clínica. Estas fases, preclínica y clínica, que suelen extenderse durante un año y medio o dos, darán como resultado que exista un producto sanitario que se pueda comercializar si así lo estima oportuno la empresa productora de los implantes dentales marca GMI.

¿Quiénes son los investigadores?

Se trata de un grupo interdisciplinar e interuniversitario (Universidad del País Vasco y de Castellón) con amplia experiencia dentro del campo de los biomateriales, que en los últimos años trabajan conjuntamente en el campo de la implantología dental motivados por las necesidades planteadas por el equipo de Ilerimplant. Dentro de este mismo campo, en la actualidad, colaboran en un nuevo proyecto financiado por el Ministerio cuyo objetivo se enmarca en la lucha contra la periimplantitis.

Perfil de Julio José Suay

• Ingeniero Industrial por la Universidad Politécnica de Valencia.

• Catedrático de la Universidad Jaume I de Castellón.

• Miembro y coordinador del Grupo de Investigación PIMA (Polímeros y Materiales Avanzados).

• Miembro del Centro de Investigación Biomédica en Red en Bioingeniería, Biomateriales y Nanomedicina – CIBER-BBN.

• Investigador principal en 11 proyectos financiados públicamente y en 16 contratos de investigación, algunos de ellos con empresas multinacionales, además de colaborador en otros proyectos y contratos.

• En su producción científica destaca la publicación de 51 artículos en revistas internacionales, ha sido ponente en 47 congresos internacionales y ha dirigido 4 tesis (más 5 en curso).

• Es autor de 5 patentes, tres de ellas licenciadas o en explotación, y ha creado la empresa Medco, spin-off de la Universidad de Castellón.