Dr. Ramón Lorenzo Vignau

La rehabilitación dental de los pacientes parcial o totalmente edéntulos con implantes orales se ha convertido en una práctica común en las últimas décadas, con resultados predecibles a largo plazo (1).

Sin embargo, no sólo se debe tener en cuenta la supervivencia de los implantes a largo plazo sino también la salud de los tejidos periimplantarios a largo plazo, además del éxito de la rehabilitación prostodóntica tanto desde el punto de vista funcional (confort) como de la estética facial y oral.

La rehabilitación convencional mediante implantes de los maxilares edéntulos es un tratamiento que ha demostrado una gran predictibilidad cuando el volumen de hueso remanente es suficiente, obteniendo porcentajes de éxito entre el 84 y 92% (2), pero esta situación se complica en maxilares que presentan una atrofia severa. En el caso del maxilar superior, la reabsorción centrípeta del proceso alveolar, la neumatización de los senos maxilares, la presencia de las fosas nasales y del conducto nasopalatino, junto con una calidad de hueso tipo 3 o 4, según la clasificación de Lekholm y Zarb (3), son factores que dificultan o imposibilitan la colocación de implantes. De tal forma que en ciertas situaciones avanzadas de atrofia maxilar, la falta de una estructura ósea suficiente conlleva una serie de dificultades, tanto desde el punto de vista quirúrgico como desde el punto de vista prostodóntico para poder rehabilitar a nuestros pacientes de forma adecuada.

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