Los participantes en un momento del desayuno.

Si hay una parcela de la Odontología que ha experimentado un espectacular crecimiento en los últimos años ésta es la implantología. Para analizar si la formación odontológica ha sabido adaptarse a esta realidad y con el fin de abordar la situación actual y futura del mercado implantológico español, reunimos en el Hotel Palace a destacados profesionales, formadores y representantes de compañías de referencia. Todos ellos coincidieron en señalar la necesidad de poner un poco de orden en el panorama formativo de la rama, manifestando la importancia de incluirla dentro de la formación de Grado, así como de crear una especialidad de la misma. Respecto al mercado, la conclusión principal es que la situación económica actual, con una demanda a la baja y una elevada competencia, está obligando a las empresas del sector a reinventarse y a buscar nuevos clientes.

La implantología se ha convertido de facto en una especialidad de la Odontología, pero aún queda mucho trecho para que sea reconocida oficialmente como tal. Para hablar de este problema y de la formación que se da en las facultades y en los cursos de postgrado se reunieron destacados profesionales y representantes de la industria implantológica convocados por Gaceta Dental en uno de sus habituales desayunos de trabajo.

Caos formativo

Se abordó en primer lugar el problema de la formación en esta rama de la Odontología para lo que abrió el turno de intervenciones el doctor Fidel San Román, encargado de la Comisión específica del Consejo de Dentistas, quien calificó de desastrosa la situación actual de la formación en implantología. «Partimos de la base de que el alumno que estudia Odontología no recibe conocimientos de la colocación y de la rehabilitación de implantes durante la carrera, y si los recibe son mínimos. Pese a esta escasa formación, como al terminar la carrera se está capacitado legalmente para colocar implantes, con hacer uno, dos o tres cursos de fin de semana con alguna compañía, comienza a instalar implantes y a rehabilitar bocas. Yo creo que esa situación hay que cambiarla regularizando y planificando la formación en implantología, que será en un futuro una especialidad de la Odontología. En este sentido, yo creo que habría que seguir la vía que establece el Consejo, similar a la que se ha hecho en Medicina para el MIR».

Con esto enlazó el Dr. Juan Carlos Asurmendi, quien también consideró que «la respuesta que da el Consejo es válida, y es, además, la única, puesto que ninguna otra institución ha generado vías distintas. Así, de alguna forma, los graduados pueden acceder a una formación un poco reglada. Creo que la propuesta del Consejo trata de dar una respuesta al mercado, es un paso para atender a una demanda social de formación, que ya se verá si realmente perdura o no».

El doctor Antonio Bowen introdujo un nuevo elemento en el vacío existente en la formación de la implantología: las casas comerciales. Arrancó su intervención con una afirmación categórica: «Hemos partido de una situación absurda por completo». «La implantología –añadió– existe desde hace más de 20 años. Sin embargo, el currículum de formación de grado es mínimo, la formación de postgrado es complicada y las investigaciones del sector han venido ligadas, exclusivamente, a las casas comerciales». El doctor Bowen puso sobre la mesa una realidad para él incuestionable, relacionada con «el papel de liderazgo que han asumido durante muchos años las casas comerciales en la formación de la implantología. Porque también hay iniciativas privadas extraordinarias, pero muchas otras son vergonzosas. Por eso hay que proceder a reglar y organizar la formación de una forma u otra», argumentó.

La primera en intervenir en nombre de las casas comerciales fue Idoya Gutiérrez, delegada de la firma Mozo-Grau en Madrid y centro, quien aclaró que «vendemos producto basado en ciencia. Llevamos participando y haciendo estudios desde que comenzamos a vender implantes y siempre hemos estado muy ligados a la formación, que es gratuita para nuestros clientes, porque no se puede vender un producto si detrás no hay nada. Lo suyo es que la gente esté contenta con los implantes que coloca y que si tiene dudas, pregunte; ha de tener un respaldo científico».

Jorge Valls, general manager de BioHorizons para España y Francia, profundizó en ese papel asumido por la industria en la formación de la implantología. «Desde hace mucho tiempo el panorama formativo ha dejado nichos que las casas comerciales hemos intentado cubrir, ofreciendo al mercado y a la profesión la posibilidad de obtener algo que no se daba en la Universidad o en las instituciones públicas. Ahora mismo hay una amalgama formativa tremenda y si realmente se quiere unificar y clarificar esa formación, será algo muy interesante para todos». 

Problema de salud

El doctor Luis Cuadrado habló de la repercusión que la falta de formación puede tener en los pacientes. Apuntó que la situación caótica e indefinida que se da en la formación de la implantología puede acarrear graves consecuencias, «hasta el punto de llegar a convertirse incluso en un problema de salud oral de cara al futuro». En su exposición sobre la formación aseguró que es un tema «en el que hemos de estar implicados los profesionales que ejercemos en nuestras clínicas, las universidades, las sociedades científicas, el Consejo y las casas comerciales». Razonó que hay muchos aspectos que fallan en la formación continua de los odontólgos españoles respecto a la que se da en otros países, como Estados Unidos, «donde los odontólogos necesitan un programa de acreditación anual y justificar una serie de créditos.

Creo que es la línea que deberían seguir las sociedades y el Consejo, porque es necesario que alguien avale los cursos y que tengan una serie de créditos que sirvan para el reciclaje». Una necesidad cada día más apremiante, dado que «la implantología cada vez va a estar más tecnificada y se va a necesitar más formación. Por lo tanto, es una urgencia reglamentar todo eso. Independientemente de que llegue a ser una especialidad o no, lo que me parece fundamental es que se organice y reglamente la docencia».

El doctor Juan Carlos Vara fue un paso más allá en el tema de la acreditación y se preguntó: «¿Quién acredita al profesorado? Porque al igual que hay alumnos por todas partes salen profesores como churros, y en ciertos casos uno duda de la formación del profesorado. Saber enseñar también exige muchos años de dedicación previa». Puso énfasis en la falta de preparación en implantología que existe en el programa de estudios de Odontología, «lo cual lleva a los recién graduados en Odontología a hacer postgrados en implantes y, generalmente, la elección es hacerlo en cursos de fin de semana, no siendo siempre la opción más objetiva ni reglada, ni con el profesorado más formado». En ese mismo sentido se pronunció el doctor San Román, y tras admitir que «esta disciplina debería estar en la universidad», reconoció que hasta el momento «a los responsables de reglar esta formación no les ha parecido necesario que la implantología deba ocupar una parte de la enseñanza troncal obligatoria del alumno de grado».

La revolución del implante

De nuevo tomó la palabra el doctor Bowen para poner de relieve la revolución que supuso en su día la aparición de los implantes. «Desde que surgió en España, la implantología ha sido la tabla a la que se han sujetado la prótesis, la cirugía, la periodoncia y, en parte, la ortodoncia. El problema es que nadie se ha preocupado de dar una formación adecuada pese a ser el comodín al que todo el mundo se ha agarrado».

Una afirmación que fue puntualizada por el doctor Fidel San Román: «Ha sido la gran criticada, se ha tendido a banalizarla, a simplificarla. Pero esto es ciencia y hay que explicarlo en la Universidad».

Pero el problema formativo de base va más allá de la colocación de los implantes y tendrá consecuencias con el paso del tiempo, porque, tal y como expuso el doctor Asurmendi, «no es tanto la colocación de implantes, los problemas vienen cuando el dentista recién licenciado recibe un paciente con implantes colocados. Si no sabe el cuarto módulo de los implantes, que es el de mantenimiento, no podrá mantener una boca de un paciente implantado, porque su formación está mutilada».

De parecida opinión fue Idoya Gutiérrez cuando destacó que «cuanto mejor preparado salga el alumno, menos problemas se encontrará luego» y se refirió al reconocimiento que las casas comerciales merecen de los profesionales: «Inviertes y esperas que los doctores lo reconozcan, pero algunos no lo hacen porque les faltan los conocimientos básicos».

Según Jorge Valls, «la formación debería dotar al alumno y al profesional de los elementos de juicio suficientes para luego poder decidir qué empresa o qué compañía utilizar; no tanto por el respaldo científico, como por las soluciones prostodónticas, clínicas, quirúrgicas, etcétera».

Nivel profesional

Y ante este panorama formativo tan diverso como poco reglado surgió una pregunta clave: ¿cómo podríamos calificar el nivel del profesional español? El primero en responder fue Raúl Díaz, product manager senior de Biomet 3i, quien se mostró convencido de que «en el tema de la educación el nivel que se tiene es muy bueno; en el campo de la Odontología las universidades son muy buenas». Elogió «la aportación de la universidad privada dentro del ciclo educativo», aunque también reconoció que ha supuesto la masificación de la profesión, y calificó de «fundamental» la unión entre la universidad y la empresa. «Quizá las casas comerciales no debemos, por supuesto, monopolizar ningún tipo de educación, pero sí es verdad que es bueno que estemos en ella, porque si no la investigación, el i+D…», finalizó.

El doctor Cuadrado alabó también la profesionalidad del dentista español. «En España hay que reivindicar la figura del estomatólogo y del odontólogo español, incluso de cara a los pacientes. Cada vez estoy más convencido de que no hay una Odontología mejor que la que se hace hoy en día en España. Y en el campo empresarial pasa lo mismo: las empresas españolas están haciendo una labor muy importante de i+D».

Una línea que siguió la doctora Araceli Morales. «Quiero ensalzar, precisamente, la figura del implantólogo, del odontólogo español. Creo que el nivel es muy alto. La implantología es lo que está moviendo la Odontología en los últimos años, a todos los niveles».

De una opinión contraria se mostró el doctor Juan Carlos Vara. «Estáis diciendo que el nivel de los implantólogos españoles es muy alto y no estoy de acuerdo. Desde el principio estoy pidiendo una mejora en la formación, es evidente que hay profesionales estupendamente formados, pero también nos encontramos a muchos graduados que están en esta profesión por criterios económicos, y como el implante es lo que da dinero, todos a colocar implantes, sin darse cuenta que la boca no es sólo implantes».

La reflexión del Dr. Vara fue refrendada por el doctor Cuadrado. «Es cierto que el problema es cuando se llega a algo por un criterio exclusivamente economicista. Por eso hay que recomendarles paciencia a los recién graduados».

Sin embargo, ahora el panorama ha cambiado, recordó Raúl Díaz. «Tú vas a preguntarle a un chaval de 16 o 18 años qué quiere estudiar y le planteas Odontología y le parecería una opción fantástica porque lo ve como una solución muy rentable. Sin embargo, vosotros, que estáis en la profesión, sabéis que una persona que empiece ahora los estudios de Odontología tiene escasas posibilidades de colocación».

Para terminar con el debate Araceli Morales aclaró su postura inicial. «Es cierto –dijo– que hay gente que hace muy buena Odontología en España y gente que está haciendo verdaderas barbaridades. Lo que ha ocurrido es culpa nuestra. Y a mí no me gustaría terminar mi carrera profesional pensando que eso no se puede rectificar. Es decir, si no nos valoramos como profesionales, no podemos pedir que los pacientes lo hagan. Estamos olvidando que estamos tratando pacientes; aquí estamos restaurando la salud de la persona».

Un mercado difícil

Otro tema que centró el VI Desayuno Gaceta Dental fue el momento por el que atraviesa el mercado implantológico español. «España es prácticamente el segundo o tercer país de la UE en consumo de implantes, en unidades de implantes vendidas», expuso Jorge Valls. «Es un mercado que ha crecido mucho. Al final creo que no hay tanta generación de conflicto de intereses entre sociedades, casas comerciales, profesionales que quieren hacer formación, el Consejo, los colegios, las universidades y los propios profesionales porque estamos hablando de una disciplina que mueve mucho», afirmó Valls. «Además –continuó–, si un programa de formación tiene un precio alto es porque se presupone que va a haber profesionales dispuestos a pagar esa cantidad porque tienen la expectativa de rentabilizar en el futuro esa inversión que está haciendo en formación. El nivel de los profesionales españoles es muy alto, aunque a mí personalmente me gustaría poder exportar mucho más conocimiento fuera», finalizó.

No obstante, el sector no es ni mucho menos ajeno a la crisis. «A las casas comerciales les debemos un montón, pero también es un gran problema la cantidad de casas comerciales que hay», expuso el doctor Juan Carlos Vara. Y fue Jorge Valls quien cuantificó: «Hay alrededor de un centenar de casas comerciales de implantología». «Yo creo que habrá una criba –vaticinó Idoya Gutiérrez–, pero tienes que dejar que la gente pruebe, que experimente y que ellos solos se den cuenta de la oferta que hay».

Pero lo cierto es que «el mercado no crece», según Jorge Valls: «No aumenta cada año el consumo de implantes y cada vez hay, por un lado, más profesionales, lo que augura a una baja de los consumos medios por clínica dental, y, por otro, más players en la parte de la industria». Valls dudó de una posible reducción del número de marcas, pues «desde hace mucho tiempo vengo oyendo que va a haber purga y ésta no llega. La desaparición de casas comerciales se ha debido a fusiones con otras».

Sin embargo, no se puede generalizar entre todas las casas comerciales, muchas de las cuales están intentado buscar soluciones que garanticen su superviviencia. «Las grandes tienen problemas para seguir creciendo de una manera sostenible y orgánica. En general, lo que hemos estado haciendo es intentar ampliar los portafolios de producto para intentar vender más cosas en el mismo canal», aclaró Valls, quien diferenció el problema según la experiencia de las marcas: «Sufren más las que llevan más tiempo en el mercado; y las que llevan menos, pues quizá no tanto, porque tienen todavía posibilidades de crecer. Al final, para nosotros es crítico conseguir clientes nuevos».

Demasiados congresos

El doctor Luis Cuadrado rompió una lanza a favor de las casas comerciales, acuciadas por la profusión de convocatorias profesionales en las que se precisa la colaboración empresarial. «Es insostenible la situación que tenéis. El panorama de cursos privados, cursos universitarios y congresos que existe, es necesario que se reduzca. Han de tener más calidad, deben ser mucho más prácticos, mucho más directos, y han de ser provechosos y beneficiosos para todos: los que asisten, los que lo organizan y las casas comerciales que lo apoyan con su colaboración económica», argumentó.

A la falta de normativa en la preparación y formación del profesional del implante abordada en el encuentro, le faltaba otro aspecto para su visión completa, la calidad de los implantes que se encuentran en el mercado y fue el doctor San Román quien la trajo a colación: «Es cierto que con una buena preparación, el profesional puede elegir el implante. Pero no solamente es el profesional quien tiene que hacer la criba. En el mercado no debería haber implantes de las calidades que vosotros sabéis que hay», explicó. Y Raúl Díaz apostilló: «Cuando tú exiges a los profesionales que estén formados, también tienes que exigir que los materiales que utilicen estén reglados. La normativa en España en este sentido es bastante menos rígida que en otros países». Según el doctor Vara, «crear un implante nuevo exige años de trabajo e investigación, y es lo que hay que exigir a las casas comerciales». Aspecto en el que se manifestó de acuerdo el doctor Asurmendi: «Sería interesante que se generaran estudios que nos facilitaran unos patrones mínimos para decidir si el implante es válido o no». «Además de exigencias legales», apuntó el doctor Fidel San Román. A las dificultades económicas generales con que se enfrentan, las casas comerciales tienen el problema añadido del mercado de los clónicos. «Estamos cansados de que nos llamen a la consulta ofreciendo réplicas o copias. Y en esos casos mi contestación siempre es clara: «Si tengo problemas con los originales… No quiero copias», expuso el doctor San Román, aunque Raúl Díaz aclaró que «los clónicos no venden más que los originales, pero sí en aditamentos», puntualizó, y apuntó a la «existencia de una legislación bastante vaga al respecto».

La baza del precio

Y está claro que en un mercado a la baja y con una fuerte competencia, el precio entra en juego. «Ahora lo que prima es el precio y qué ofertas me dan», resumió Idoya Gutiérrez. Pero no se puede olvidar, aclaró el doctor Cuadrado, que «además de los costes de fabricación, están los costes de marketing, inversión e investigación».

La situación actual exige un esfuerzo mayor, añadió el doctor Asurmendi. «Los mismos clientes que tenías van a poner menos implantes, por lo que tendrás que buscar otros y la captación de esos nuevos clientes exige un mayor esfuerzo económico, vas a tener que ajustar tus márgenes para poder competir, dado el tremendo abanico que hay en la industria». Asurmedi aboga por «el reconocimiento público de las empresas que llevan muchos años en el mercado y mantienen una trayectoria seria y respetada. Debería hacerse un registro o un listado de empresas que gozan de años de credibilidad y generar unos patrones que te permitan comparar».

No se manifestó muy conforme el doctor Cuadrado, quien lo ve como una práctica peligrosa «porque, de alguna manera, corta la iniciativa privada. Es como si dijéramos que aquí el que no lleva quince años, no vale. Yo creo que el modelo comercial va íntimamente ligado a lo que va a pasar en nuestras clínicas. Y creo que va a haber una tendencia hacia la asociación, probablemente, de profesionales para disminuir gastos; una mayor especialización, una mayor responsabilidad e integración, concretamente en el campo de la implantología, de un montón de procesos para agilizar el tratamiento odontológico. Todo ello dentro de un paraguas organizativo de clínica que te permita abaratar gastos. Para mí, una casa de implantes hoy en día no se entiende si me vende un tornillo y me vende un aditamento; yo necesito una casa comercial que, ante todo, me dé servicio y que además me dé soporte en todo eso. Quien lo consiga, y además tenga buen precio, es la que se llevará el gato al agua», concluyó el doctor Cuadrado.

Otra línea de debate la propició el doctor Juan Carlos Asurmendi, para quien «el futuro del mercado, del sector, está en función del grado de fuga de pacientes de las clínicas tradicionales a las clínicas de aseguradoras y de grandes compañías de franquicia», a lo que Raúl Díaz apostilló «perdóname, pero creo que hay un poco de obsesión con el tema de las franquicias». «Sí –continuó Asurmendi–, pero son los mismos que te dicen que ponen implantes a doscientos cincuenta euros».

Raúl Díaz calificó de brutal el problema de precios que hay con la aparición de estos nuevos actores. «Lo que tenéis que hacer es lo que dice el doctor Cuadrado: si tengo un modelo de futuro de Odontología o de implantología, voy a intentar aplicarlo y lo antes posible, para coger la mayor cantidad de pacientes».

Volviendo a la fuga de pacientes, el doctor Asurmendi, expuso que «el flujo va creciendo inexorablemente. Nosotros, hoy por hoy, tenemos en nuestro sector privado muchos más pacientes, pero no se trata de la situación actual hoy, sino de cuál es la tendencia y en función de ella deberemos generar una adaptación, una diferenciación, para podernos mantener».

Adiós a «mi dentista»

El doctor Vara ve el futuro de la profesión en manos de las aseguradoras. «Los que estamos en esta mesa somos médicos con muchos años en esto, el que menos llevará veinte años, y “nuestros” pacientes buscan a “su” dentista, a nosotros. Creo que cuando desaparezca esta generación, las aseguradoras ganarán cuota de mercado. No me preocupan las franquicias, porque funcionarán las que tengan buenos profesionales, que no se dejen dirigir. Y volvemos al principio, los odontólogos se tienen que formar mucho y en muchas áreas para conseguir la independencia de las aseguradoras. Hoy aún seguimos hablando de “mi dentista” y de “mi paciente” –no cliente–, como ha sido toda la vida, pero es algo que se pierde. Y no debemos dejar que se pierda».

G. Bonache y L. Rojas