Iñaki Lauret

En los últimos veinte años hemos asistido a la emergencia de innumerables fenómenos relacionados con la tecnología en todas las áreas imaginables y, en cierto modo, tanto los usuarios como los desarrolladores hemos ido asimilando los cambios como hemos podido. Los más mayores, muchas veces a regañadientes, y los más jóvenes, ignorantes de lo que quedaba atrás.

Pues bien, es probable que estemos alcanzando un punto de inflexión en el que es difícil avanzar sin unir los dos mundos. Creo que en muchos casos el exceso de confianza en un progreso sin límites ha creado una conciencia generalizada según la cual las nuevas generaciones no necesitan a las anteriores, pues al fin y al cabo todo está en la Wikipedia, y los que pertenecen a la era pre-digital sufren los nuevos fenómenos con una actitud a medio camino entre el rechazo y la resignación.

Quizá los que nacimos en una era en la que los ordenadores eran cosa de la NASA, no hemos sabido establecer la conexión entre la invención del SMS y la invención de la rueda. Pero como siempre el tiempo todo lo pone en su sitio, y el exceso, al igual que las comidas copiosas, requiere una digestión lenta no exenta de algunas molestias.

Digo esto porque algunos pensaban que era el momento de arrojar la toalla, unirse a la corriente y, por fin, crear su perfil de Facebook y unirse a los más jóvenes de la familia en una vorágine de mensajería instantánea, chat y opinión insustancial («Me gusta», «No me gusta»).

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Por eso en esta ocasión quiero resaltar algunos aspectos que muestren que la responsabilidad está en los dos bandos y que se hace más necesaria que nunca la colaboración sin prejuicios. Pero primero, para situarnos, un sencillo test (figura 1).

Confieso que encontrar un bolígrafo BIC fue una tarea relativamente sencilla y creo que lo seguirá siendo en tanto en cuanto los niños sigan asistiendo a un colegio. Para la cinta de cassette hubo que revolver en algunas cajas de cartón.

Los que hayan superado el test sonreirán para sus adentros acordándose de cómo se agitaba el conjunto como unas maracas y con qué fin, mientras que los más jóvenes probablemente no tengan ni idea de lo que se les está hablando.

Lo gracioso y lo que se requiere en este momento es pararse a imaginar cómo puede ser el test dentro de veinte años, y eso puede darnos un poco de perspectiva acerca de qué es lo que realmente debemos potenciar ahora y qué debemos considerar como pasajero.

Lo curioso es que estos dos objetos de uso cotidiano hace algún tiempo y, en cierto modo, contemporáneos (BIC, 1950; audio cassette, 1962; según Wikipedia) han envejecido de maneras muy diferentes.

Pero más curioso aún es que en aquellos tiempos casi todos sabíamos que el bolígrafo funcionaba porque tenía una bolita en la punta, y el cassette porque tenía una cinta magnética; sabíamos que el bolígrafo no debía dejarse al sol porque se doblaba y la tinta se volvía demasiado líquida y luego manchaba, y sabíamos que la cinta podía sufrir alteraciones por culpa de la electricidad; sabíamos algo de campos magnéticos y dinámica de fluidos. Pero quizá lo más importante es que sabíamos que, aunque no tenían nada en común, los dos juntos formaban un buen equipo cuando el aparato de música se negaba a rebobinar la cinta.

Este tipo de conexión es el que se ha perdido en las últimas décadas por haber caído en descrédito, es decir, ahora no es necesario saber cómo funcionan las cosas, simplemente no se hace nada si la pieza o el instrumento no es estrictamente el recomendado por el fabricante.

Pero como todos sabemos, la biología y la medicina no funcionan así, no existen piezas de recambio iguales a las originales y, por supuesto, cuando alguna falla no nos podemos deshacer de ella sin más. Aunque la tendencia actual va por ahí, es un poco más complicado que eso.

Como aquella pareja de octogenarios cuando se le preguntów cómo habían conseguido preservar el matrimonio durante 65 años, a lo que la mujer respondió: «Pertenecemos a una generación en la que cuando se rompía algo, no lo tirábamos, intentábamos arreglarlo».

Para hacernos una idea de cómo funcionan hoy en día las cosas, recomiendo echarle un vistazo al cuadro «Cómo arreglar un ordenador» que, con humor, condensa bastante bien la experiencia de muchos usuarios y un cierto signo de los tiempos en lo que se refiere a la resolución de problemas.

Todo esto viene a cuento de que, muy probablemente, y no sólo debido a la difícil coyuntura económica, la situación se ralentice en lo que a novedades tecnológicas se refiere, pues al fin y al cabo, las pantallas ya tienen más que suficiente resolución, las baterías de los móviles tienen una duración razonable, la conexión a internet está alcanzando la velocidad necesaria y los implantes dentales ofrecen resultados bastante satisfactorios. Por supuesto, todos estos aspectos mejorarán en un futuro próximo, pero serán fundamentalmente eso, mejoras.

Podríamos decir que con los medios con los que se cuenta actualmente, en lo que a hardware (o léase también instrumental y materiales) se refiere, el que no lo hace es porque no quiere. O quizá no, a lo mejor es que no sabe, y puede que haya llegado el momento de poner todo ese avance al servicio de algo más, al servicio de preservar todo lo que aprendimos y no sólo de aprender todo lo nuevo. Y no me refiero únicamente a los aspectos informáticos, sino a la manera de conectar el bolígrafo con la cinta de cassette, a utilizar una filosofía mediante la cual no sólo cuente el aspecto, y que la revolución no se limite a lo que expresa la figura 2 de los móviles «Antes y después del iPhone» (ver el cuadro «La Conexión Analógico-Digital»).

Y, a este respecto, puede que uno de los aspectos que se esté descuidando sea el de la formación de las nuevas generaciones, pero la formación basada en los fundamentos, en las cosas que no han cambiado desde que el ser humano apareció sobre la faz de la tierra, en el conocimiento aprendido directamente del esfuerzo diario y de los errores que necesariamente se han de cometer.

Por ejemplo, aún contando con perfil en Facebook, varios dispositivos móviles o portátiles, todo tipo de conexiones inalámbricas, aplicaciones de localización y demás, sin embargo, la mayoría de los usuarios no conoce ni siquiera la diferencia entre un bit y un byte, o que los ordenadores funcionan gracias al lenguaje binario y lo que es peor, el sentir general es que resulta innecesario saber algo de esto, fenómeno que debería provocar cierta preocupación en nuestra sociedad.

Considero que España, gracias a su larga y azarosa historia, cuenta con las claves necesarias para sacar partido de este tipo de situaciones para que historias como la del grafeno, un material de características casi imposibles de creer, en cuya investigación y producción estamos a la cabeza, sean aprovechadas en todas sus posibilidades y sirvan de inspiración y acicate para nuevas iniciativas (ver cuadro «Grafeno – La panacea de los materiales»).

En resumen, creo que la pura tecnología va a necesitar pronto de la imaginación y la creatividad para poder ofrecer algo más que megaherzios, 3G, 4G y varios miles de millones de páginas web y aplicaciones perfectamente prescindibles.

Como dice el viejo proverbio griego: «Una sociedad se fortalece cuando los mayores plantan árboles sabiendo que nunca llegarán a sentarse a su sombra».

CÓMO ARREGLAR UN ORDENADOR

Esta es una de tantas imágenes que podemos encontrar en internet y que, de forma magistral, condensa las inquietudes y la realidad de millones de personas en un sencillo gráfico. La traducción es más o menos así (empezando por arriba a la izquierda):

Cómo arreglar cualquier ordenador The Oatmeal (harina de avena) – http://theoatmeal.com

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Windows

Paso 1: Reiniciar

–¿Se arrregló el problema?

–¿No? Proceder al paso 2.

Paso 2:

–Formatear el disco duro.

–Reinstalar Windows.

–Has perdido todos tus archivos, llora en silencio.

Apple

Paso 1: Llévalo a una tienda Apple.

–¿Se arregló el problema?

–¿No? Proceder al paso 2.

Paso 2: Compra un nuevo Mac. Tu cuenta está en números rojos, llora en silencio.

Linux

Paso 1: Aprende a programar en C++. Recompila el kernel. Construye tu propio procesador con silicio en bruto que tienes por ahí. Recompila el kernel de nuevo. Cambia la versión. Recompila el kernel de nuevo, pero esta vez utiliza una CPU alimentada por luz refractaria procedente de Saturno. Deja que te crezca una barba gigante. Échale la culpa a Sun Microsystems. Convierte tu dormitorio en un cubículo para servidores informáticos y pasa los próximos diez años durmiendo con el sonido de los ventiladores. Escribe una Expresión Regular (ERE, término informático) que haga llorar sangre a otros programadores. Aprende a programar en Java. Recompila el kernel otra vez (pero esta vez ponte tus calcetines de la suerte).

–¿Se arregló el problema?

–¿No? Proceder al paso 2.

Paso 2:

–Vuelve a usar un PC con Windows o un Mac. Llora en silencio.

(Fuente: http://theoatmeal.com).

LA CONEXIÓN ANALÓGICO-DIGITAL
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A estas alturas ya estamos acostumbrados a fijarnos mucho en el aspecto y a entender muy poco de las interioridades, y el mercado no sirve de gran ayuda con su publicidad y especificaciones técnicas.

Como vemos en la figura 2, bastó que Apple sacara al mercado el iPhone para cambiar de golpe toda la percepción acerca de cómo debería ser un móvil y los fabricantes no lo dudarán ni un momento.

Y mientras tanto, nos olvidamos de lo más importante, cómo hacerlo funcionar.

Es interesante ver que algunas compañías como Samsung han hecho algún intento de quitarse los prejuicios y utilizar las viejas tecnologías de forma imaginativa y práctica. Esperemos que ese tipo de conexión se vea más a menudo.

En el vídeo se ve cómo los manuales de puesta en marcha y de uso del móvil van mostrando, sin lugar a dudas, cómo y dónde se debe interactuar con el aparato, señalando cada icono y función paso a paso, es decir, hacer las cosas con un poco de sentido común.

http://vimeo.com/26489936 o buscar en Vimeo: «Out of the box».

GRAFENO – LA PANACEA DE LOS MATERIALES

«El grafeno es una alotropía del carbono; la cual consiste en un teselado hexagonal plano (como un panal de abeja) formado por átomos de carbono y enlaces covalentes que se formarían a partir de la superposición de los híbridos sp2 de los carbonos enlazados».

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Imagen de AlexanderAIUS utilizada con licencia Creative Commons.

Este material que ya se está fabricando en pequeñas cantidades y al que, a mi parecer, no se está prestando la atención necesaria, puede suponer la mayor revolución tecnológica, después de la revolución industrial y la revolución informática.

Para hacernos una idea, es lo más parecido a los materiales que se podían utilizar en universos fantásticos como Star Treck o, incluso, superarlos.

Según las pruebas realizadas hasta el momento, se ha podido constatar que el grafeno es:

– El material más fino creado por el hombre o la naturaleza, tan solo un átomo de grosor.

– Más duro que el diamante.

– Más resistente, pero infinitamente más flexible que la fibra de carbono y, por supuesto, mucho más ligero.

– Puede funcionar como una placa solar produciendo electricidad a partir de la luz, con más eficiencia que aquella.

– Unas 200 veces más resistente que el acero.

– Mejor conductor eléctrico que el silicio.

– Transparente.

– El mejor conductor térmico conocido.

– Impermeable.

Y aunque aún existen muchos peros, como suele suceder en estos casos, los experimentos se están llevando a cabo desde hace sólo unos pocos años, con resultados muy prometedores.

Los más atrevidos hablan ya de ordenadores flexibles que se recargan con la luz, y con pantalla desplegable o extensible, y los hay que incluso hablan de hacer ropa y calzado con él.

Queda por ver si sus características biológicas lo hacen factible para algún uso clínico en pacientes, aunque su hidrofobia parece ser un handicap importante.

Quizá aquí en España podríamos aportar algo al respecto, ya que somos uno de los mayores fabricantes y exportadores del mundo.

(Fuente Wikipedia).

ARTÍCULO ELABORADO POR:

D. Iñaki Lauret, Responsable del Departamento de Audiovisuales e Informática de i², Centro i² Implantología Madrid