José Ángel Alventosa, vicepresidente del Colegio Oficial de Dentistas de Santa Cruz de Tenerife.

Un golpe en un diente, aunque a simple vista sea imperceptible, podría provocar daños irreversibles a largo plazo y la necesidad de tratamientos mucho más costosos si no se acude a un dentista que valore el alcance del impacto.

Si el nervio está dañado, incluso, podría dar lugar a la pérdida de la pieza dental. Por lo general, tras un golpe sólo se acude al profesional si existe una rotura que afecta a la estética, pero lo cierto es que los problemas más graves se producen a causa del daño en el paquete vascular del diente y pueden ser imperceptibles durante un periodo de tiempo.

El especialista en endodoncia y vicepresidente del Colegio Oficial de Dentistas de Santa Cruz de Tenerife, José Ángel Alventosa, asegura que «la función principal de los dientes es la correcta masticación; y la estética, aunque importante, está sobrevalorada y quedaría en un segundo plano».

En el caso concreto de los niños con dientes de leche, hay que tener especial cuidado con las caries y los impactos, ya que su dentadura definitiva podría verse afectada por la primera dentición si no se tratan de la forma adecuada. La conservación de un diente de leche es especialmente importante porque su función es guardar el espacio para las piezas que vienen a continuación y que saldrán entre los seis y los doce años. Alventosa explica que si no se conserva el espacio, los dientes de atrás intentarán cubrir el hueco que queda ya que los dientes están en continuo movimiento de reubicación. Como ejemplo, si se quita un diente de arriba, el de abajo intenta buscar su oponente y al no encontrarlo se alargará y si se extrae el de delante, el de atrás se moverá intentando ocupar su espacio.

En niños «esto dará lugar a un necesario tratamiento de ortodoncia posteriormente, y no por el factor estético, sino porque afectará a la oclusión dentaria necesaria para una correcta masticación», apunta el dentista.

Lo que se daña cuando hay un golpe fuerte es el paquete vásculo-nervioso que va dentro del diente, tanto si es de leche como si es el definitivo. Cuando está dañado, se puede tener dolor o no en un principio, y el diente se puede ir volviendo oscuro. Posteriormente, la infección puede acabar produciendo un flemón y el cambio de color se produce porque al romperse la arteria, la hemoglobina que contienen los glóbulos rojos degenera y el hierro de la misma es lo que provoca que el diente se vuelva negro al entrar en los túbulos dentinarios. José Ángel Alventosa indica que esa es la señal de que existe infección, pero lo ideal es hacer una endodoncia antes de que se oscurezca.

En el caso de los niños, si el diente definitivo ha terminado de brotar, se puede hacer una endodoncia; si por el contrario el diente es de leche o no ha terminado, existen otros tratamientos que asegurarán que la pieza se mantenga o que crezca sana. Para ello, los odontopediatras cuentan con formación especializada encauzada al tratamiento de los niños.

Aunque existe una creencia extendida y basada en antiguas prácticas de que el endodoncista mata el nervio del diente, esto es erróneo. Como indica Alventosa, antaño se quitaba el nervio y se aplicaba un derivado del arsénico que no sólo acababa con el nervio sino con todo el entorno. «Esto está absolutamente obsoleto, es más, si a un paciente le dices que le vas a matar el nervio, es normal que no quiera ir al dentista», comenta el doctor. La técnica se basa realmente en el tratamiento de la raíz, haciendo una limpieza de los conductos, ya sean restos de nervio, de bacterias, etc., y rellenarlas con una sustancia derivada del caucho que ocupa un espacio tridimensional y se adapta a las paredes de los conductos sellándolos completamente.