En 2010 colaboraron en este proyecto de forma voluntaria seis odontólogos y estomatólogos, un higienista, dos estudiantes de Odontología y un laboratorio protésico.

Fundación Odontología Solidaria, entidad que trabaja en el campo de la salud buco dental, centrando su acción principal en los colectivos más desfavorecidos de nuestro entorno más cercano, viene colaborando desde noviembre de 1999 con la Diputació de Barcelona, en el centro que ésta tiene de atención integral a los toxicómanos, el Centro de prevención e intervención en drogodependencias – SPOTT de Barcelona, ubicado en plena Ciutat Vella. Este centro fue el primer servicio público y de asistencia, tratamiento y prevención comunitaria para personas drogodependientes de todo el estado español, e inició su andadura en 1978.

El centro ofrece servicios a través de los equipos de profesionales que participan en dos líneas: el apoyo a municipios y el equipo de terapeutas que intervienen a nivel individualizado y grupal.

Fundación Odontología Solidaria inició en 1999 el programa piloto «Salud buco dental para los usuarios derivados del centro comunitario de atención a las personas drogodependientes – SPOTT», mediante la instalación de una butaca dental en el mismo edificio, y prestando atención odontológica gratuita a aquellas personas usuarias de los servicios de este centro que, encontrándose en fases ya de rehabilitación, requieren de este servicio por no disponer de recursos suficientes como para poder acceder al mercado privado.

El proyecto en cifras durante 2010

Durante 2010 colaboraron voluntariamente seis odontólogos y estomatólogos (con un promedio de 8 horas semanales en total), un higienista (4 horas semanales), cuatro estudiantes de Odontología (con un promedio de 4 horas semanales), y un laboratorio protésico que ha realizado las prótesis (esqueléticos, parciales y completas). Todas estas aportaciones suman 1.078 horas de trabajo voluntario valorado en más de 60.200 €.

Durante 2010 se beneficiaron por su trabajo 146 personas adultas, provenientes, todas ellas, del campo de la drogadicción.

Se han realizado 856 visitas para tratamiento (higienes, curetajes, obturaciones, endondoncias, fluorizaciones, revisiones,…). Todos estos tratamientos hubiesen tenido un coste medio en el mercado privado (en clínicas privadas) de 68.949 €.

La experiencia de una voluntaria

Una de las doctoras participantes en el programa cuenta cómo fue su experiencia en el programa.

­« Soy odontóloga y hace dos años que colaboro en el centro. Fue algo que nunca me había planteado. No conocía este tipo de proyectos. Un día tras acabar la carrera me lo comentó una amiga mía y me interesó, le pregunté si podría ir a colaborar alguna mañana y contactaron conmigo. Al principio me lo planteé para coger un poco de experiencia, pero, poco a poco, me fue absorbiendo, el clima que se respira, la familiaridad de las personas del centro, todos son un equipo y parte indispensable para que todo funcione, son piezas de un engranaje, todos a la una.

Me inquietaba la sensación de no saber qué me esperaba, que encontraría, ni cómo serían los pacientes, la primera vez que pisé la clínica de Odontología Solidaria fui un poco a la expectativa, supongo que el poco conocimiento sobre los pacientes drogodependientes, la falta de información, cómo serían… La verdad es que estaba un poco asustada, pero después la sensación fue otra, muy distinta.

En el centro rige la organización. Me sorprendió cómo lo tenían todo montado. Y los pacientes, sin duda, muy agradecidos y con una sonrisa siempre en la cara, a pesar de las duras circunstancias que han vivido.

Ellos llegan al centro por medio de una asistente social que lleva su caso cuando acuden a la clínica. Lo primero que les exigen es que no consuman ningún tipo de sustancia, mediante análisis mensuales los controlan. Firman un papel al que llamamos «contrato» en el cual les informan que tienen que ser puntuales a las visitas, mantener una correcta higiene oral, conservar en buen estado su prótesis dental, no consumir ninguna sustancia y venir a los controles cada 6 meses.

Odontóloga solidaria colaborando desde 1999 con el Centro de prevención e intervención en drogodependencias SPOTT de Barcelona.

Son personas que han perdido cualquier tipo de obligación y responsabilidad y, poco a poco, deben recuperarla y acostumbrarse a ella. Siempre se empieza de alguna manera. Si consiguen responsabilizarse de su higiene oral, le seguirá la búsqueda de trabajo, la estabilidad y volver a estar dentro de la rueda.

Lo que me sorprendió al principio es el miedo que tienen a ir al dentista, miedo al dolor, pero allí no simplemente somos el odontólogo. Al ver tanto al paciente, semana tras semana, suelen explicarte cómo les van las entrevistas de trabajo, las habitaciones que alquilan, las relaciones con sus hijos y parejas y el gran error de entrar en el mundo de las drogas. Nosotros, a cambio, les damos un trato caluroso y atento a personas tan faltas de ello.

Son conscientes de la importancia de tener dientes por una imagen social. Suelen comentar: «necesito reponer mis dientes para buscar trabajo, necesito volver a verme normal».

En la primera visita, les pedimos una ortopantomografía y decidimos qué dientes necesitan ser exodonciados. Suelen ser pacientes con un escaso hábito, por no decir nulo, de ir al dentista.

Su higiene oral es deficiente así que lo primero que hacemos es una profilaxis y ya empezamos en la conservadora, endodoncias, reconstrucciones y obturaciones. Una vez saneada la boca les tomamos las medidas para la prótesis dental.

En el centro básicamente hacemos el tratamiento higiénico, endodóntico, restaurador y prótesis removibles. Contamos con auxiliares de clínica, higienistas y odontólogos de distintos niveles de experiencia, desde los recién licenciados hasta odontólogos con una larga carrera profesional.

Los recién licenciados suelen dedicarse a la fase conservadora y los más experimentados de realizar las prótesis removibles.

Los pacientes siempre tienen un agradecimiento constante, siempre hay un «muchas gracias por todo» en su boca y la verdad que es muy gratificante para el odontólogo. Una mañana a la semana no representa nada para uno, pero mucho para el paciente, y si con esta pequeña aportación ellos saldrán adelante y recuperarán una vida normal ya es más que satisfactorio.

Muchos de nosotros cerramos los ojos y nos giramos a ver otras situaciones e intentamos apartar la realidad que hay actualmente en nuestro país. Tendemos más a mirar al tercer mundo y olvidamos lo que nos rodea a pocos metros.»