Iñaki Lauret

Aquellos que sigan de cerca las novedades tecnológicas seguramente estarán al tanto del reciente lanzamiento de Apple llamado iCluod. Asimismo, los aficionados a este tipo de noticias, habrán oído hablar de «La Nube», es decir, lo último de lo último en lo que se refiere a la web.

A lo largo del artículo de este mes, intentaré, por supuesto, explicar qué es eso de «La Nube» (Cloud en inglés), no porque me parezca algo de vital importancia, sino porque viene a unirse a toda una serie de términos, Web 1.0, Web 2.0, redes sociales, etc. que, en cierto modo, pueden intimidar, y no sin falta de razón.

Pero para entendernos, tenemos que hacer un poco de historia. En tiempos de mis bisabuelos, la forma más directa que tenía la gente para comunicarse a larga distancia, era enviarse «recados», ya fuera por carta o de viva voz, a través de alguien conocido y de confianza, normalmente alguien de la familia. Después llegó el servicio de correo y los medios de transporte ultrarápidos como el avión. Por fin, el teléfono eliminó las distancias, y primero el cine y luego la radio y la televisión nos trajeron las noticias de forma casi instantánea.

Desde luego, todos estos medios requerían de la intervención de terceros, lo que suponía una cierta vulneravilidad de los mensajes transmitidos, pero también requerían de un gran despliege de medios para ser controlados por aquellos que pudieran estar interesados, y era en cierto modo factible eludir los susodichos controles.

Lo que ha sucedido ahora es que aparentemente se han eliminado todos esos intermediarios o, por lo menos, así lo percibimos cuando enviamos un correo electrónico, un mensaje instantáneo o publicamos una foto en facebook, o no.

Pero, ¿cuál es el nivel de control que se ejerce sobre nuestras comunicaciones a través de internet?.

La verdad en este caso, y a primera vista, puede resultar un poco incómoda, pues la respuesta sería «Total».

Creo que para los que tenemos cierta edad, y con ello me refiero a los que hemos nacido en eras «preinformáticas» esta realidad nos trae a la mente aquellas novelas y películas en las que la humanidad era controlada por algún ente invisible y despiadado y, lo que es aún peor, manteniendo a las personas en la ignorancia de ese control («Un mundo feliz» de Aldous Huxley).

Atando cabos. Reconocimiento de texto, voz, música, vídeo, foto,…
Por supuesto, todo esto es mi visión particular del asunto, pero podemos dar un repaso a las tecnologías que actualmente están en funcionamiento y que normalmente no vemos.

Hace ya algún tiempo que unos muchachos allá en la Universidad de Stanford se inventaron una cosa llamada Google. No era la primera de ese tipo, ni la única, pero parece que es la que se ha llevado el gato al agua, de momento.

Lo que suele pasarnos desapercibido es cómo funciona.

Pues bien, podemos tomar como ejemplo este buscador, aunque todos los «productos» de este tipo usan sistemas similares. En Google lo llaman la «Bandada de palomas» que resulta un nombre más amigable, aunque en el argot se las conoce por «arañas», «gusanos» y cosas así.

Cirugía dental con asistencia robótica.

En realidad son «robots» que, aunque no tienen sustrato físico, responden a ese concepto en el sentido de que son entes programados por el ser humano que siguen unas normas, pero que toman decisiones. Los robots empleados, en este caso, son informadores que van leyendo páginas como lo podríamos hacer vd. o yo, funcionan también en cierto modo como reporteros, notificando las novedades que encuentran en la web, hacen anotaciones y se lo comunican a su maestro central. Cuando el maestro (pograma residente en los sistemas de Google), decide que la notificación tiene la relevancia suficiente, retoma la información de la página implicada y se la lee. Y cuando decimos que se la lee, estamos diciendo que entiende lo que lee, lo compara con sus lecturas anteriores, es capaz de detectar si es un plagio, incluso, aunque la transcripción no sea literal y, lo que es peor, si podemos decirlo así, evalúa el contenido de la página en cuestión, y todo ello sin intervención humana, más que las directrices que sus creadores le hayan implementado.

El caso es que en los últimos años y gracias, en gran parte, a la investigación aeroespacial que lleva trabajando muchos años en la reconstrucción de datos dispersos provenientes de los satélites artificiales, el reconocimiento «inteligente» se ha extendido al campo de la fotografía, el vídeo y el audio.

A estas alturas, quién no ha llamado a algún telefono de información y una voz bien templada le ha dicho: Por favor, ¿diga con qué departamento quiere hablar?, o cosas similares. En muchos aparcamientos, sobre todo en aeropuertos, ya aparece la matrícula de nuestro coche en el ticket, y algunos ordenadores portátiles ya reconocen a su dueño sólo con verlo, y si no es él, se bloquean (a este respecto se han hecho pruebas enseñándole al ordenador una fotografía del legítimo dueño y se le ha conseguido engañar, así que cuidado con eso).

La parte buena de todo esto, es que nosotros, el público, lo sabemos y podemos obrar en consecuencia, y de hecho es lo que está sucediendo. Según el clásico adagio, si no puedes ir contra ellos, únete.

El robot Justin preparando un café.

Y esto es lo que se llama la web 2.0, es decir, todo lo referente a las redes sociales. Efectivamente, es un fenómeno nuevo y desasosegante. Millones de personas se lanzan a hacer pública su vida diaria proclamando de forma más o menos consciente, que si se trata de hurgar en la vida privada de cada uno, pues sea, pero con luz y taquígrafos.

En cierto modo, es una forma de decir: «No tengo nada que ocultar». Aunque aún muchos no han caído en la cuenta, y dada la evolución tecnológica, es la mejor forma de autoprotección que se puede emplear en este momento. Al fin y al cabo, si tengo mil amigos en Facebook, nadie puede venir mañana a decir que soy quien no soy, tengo coartada.

Evidentemente, esto no es válido para ámbitos como el de la medicina, donde preservar la privacidad del paciente supone un irrenunciable compromiso, pero que al mismo tiempo demanda cada vez más la colaboración entre profesionales.

Cloud Computing (La nube)
Y por fin llegamos a «La Nube». Confieso que hasta la web 2.0 se podía asumir que nuestros datos y la parte de nuestra vida personal que fueran «abduciendo» los buscadores como Google o Yahoo, pudiera ir y venir con cierto descontrol, al fin y al cabo, nadie está seguro ni de lo que la misma Administración hace con sus datos personales, pero «La Nube» es otra historia completamente diferente y es importante saber en qué consiste.

En el principio, apareció un ordenador grande, pesado, necesitaba refrigeración y su capacidad de proceso era inimaginable, era poderoso y debía ser resguardado con celo, por eso sólo se podía acceder a él a través de terminales, que no eran más que una pantalla y un teclado, pero, por supuesto, no podíamos llevarnos información a casa, a lo sumo algo de texto y algún listado de cifras impreso en papel pautado.

FaceApi es un software para PC que es capaz de reconocer las características faciales automáticamente.

Pero entonces en 1981 apareció el PC (Personal Computer) y en 1984 el Mac y el gran ordenador central fue cayendo en el olvido.

Desde entonces, cada uno podíamos tener nuestros programas, archivos de texto y después fotos, vídeos y juegos en «nuestro ordenador», y así ha sido, hasta hoy.

Pero esos señores de bata blanca (los científicos, no los médicos), se empeñaron en hacer cada vez más pequeños los ordenadores hasta convertirlos en un dispositivo de bolsillo, y ahora en casa ya no había un ordenador, sino uno para cada inquilino, más teléfonos móviles, más televisones y grabadores de vídeo con disco duro y además consolas con navegador, memorias usb y coches con bluetooth y mp3, y entonces surgió la terrible pregunta: ¿Dónde estaba aquella foto?, ¿Dónde he guardado la dichosa canción?, ¿Dónde está el archivo que me pasaste?, y el correo no digamos.

Así que los señores de bata blanca encontraron la solución. «No te preocupes», dijeron. «Nosotros te guardamos todos los archivos en el Gran Ordenador Central y tú lo único que necesitas es una contraseña para acceder a ellos». De esa sencilla manera, introduciendo la contraseña podríamos escuchar nuestra música en el coche, acceder a todas nuestras fotos en el móvil, el portátil, el iPad, el televisor o allí donde haya un dispositivo conectado.
¿Entienden dónde quiero llegar?. Efectivamente, de lo que se habla es de que ya no llevamos nuestros archivos con nosotros. Siguiendo esta filosofía, los dispositivos «adelgazarán» sensiblemente al no necesitar grandes discos duros y, en un paso posterior, se volverán «tontos», ya que no necesitaremos ni siquiera tener los programas para ver los archivos, todo lo hará el Gran Ordenador Central y nuestro dispositivo será una simple ventana.

Y como siempre, las opiniones están divididas respecto a las ventajas e inconvenientes que esto supone. Por un lado, y desde el punto de vista del usuario no informático, estos sistemas suponen un alivio importante ya que eliminan las preocupaciones en cuanto a los formatos de archivo, los programas necesarios para verlos y, en definitiva, toda la jerga asociada a los medios digitales. Simplemente tenemos que conectarnos al proveedor correspondiente y sus servidores dispondrán de todo lo necesario para que las cosas funcionen.

Pero, por otro lado, hay que considerar que gran cantidad de soluciones desarrolladas por usuarios y profesionales independientes, nada despreciable por otra parte, así como la investigación, se pueden ver perjudicadas, al no disponer de la capacidad de «trastear» con los programas y con las mismas máquinas.

Visión directa del paciente en quirófano.

En fin, que cada uno saque conclusiones acerca de la confianza que todas estas tecnologías le merezcan, pero antes de rasgarse las vestiduras, deberíamos preguntarnos en quién confiamos realmente. De hecho, ¿dejaríamos a nuestro hijos o nuestros nietos al cuidado del frutero, de la panadera o del conductor del taxi?.

Y para los más curiosos o para los descreídos también les remito algunas claves que se pueden ver en internet: Ir a YouTube y en el campo de búsqueda teclear «Text 2.0», ver el vídeo del mismo nombre, está en ingles, pero se puede entender con facilidad.

Pista: el puntito rojo que aparece sobre el texto es el punto al que está mirando el lector gracias a la cámara incorporada en el dispositivo.

También en YouTube buscar «Proyecto Natal», «FaceApi». Ir a la página de Apple.es y leer un poco acerca de iCloud.

Los que tengan algún dispositivo de Apple, pueden probar con «Dragon Dictation», es un programa gratuito y puede ahorrarnos tener que darle al teclado para mensajes y correos, sólo hay que hablarle al dispositivo, eso sí, se recomienda cuidar la pronunciación.

Y para los que no lo hayan visto aún y quieran tener una idea de lo que puede suceder juntando todas estas tecnologías, recomiendo ver los siguientes vídeos en YouTube.

Ir a YouTube y poner en el campo de búsqueda:
–«Justin robot ball»
–«Big Dog»
–Big Dog Beta»
–«Little Dog»
No incluir comillas, normalmente es el primer vídeo que se ofrece como resultado, aunque en algunos casos, se coloca delante un vídeo patrocinado, en ese caso es la segunda entrada en la lista.

CLOUD COMPUTING:
SITUACIÓN ACTUAL

Hasta ahora diversos servicios han intentado acercarse al concepto de La Nube con mayor o menor éxito.

Quizá el caso más significativo sea el servico MobileMe de Apple que permitía sincronizar los diversos dispositivos de la marca, para tener siempre accesibles y actualizados el correo, la agenda y demás datos personales entre todos ellos. Sin embargo, tanto el manejo como el propio rendimiento del sistema nunca han llegado a ser óptimos, sobre todo en países que no fueran los EE.UU.

Existen otros servicios que ofrecen parte de estos servicios, sobre todo, para compartir archivos de forma sencilla, es el caso de DropBox o Google Docs, aunque hasta la fecha, lo más extendido y lo que ofrece mejores resultados es disponer de un servidor de archivos propio en la empresa, aunque claro está, no es tan intuitivo y su uso está limitado a los empleados.

Para saber de lo que estamos hablando, quizá uno de los mejores ejemplos sea el de Pixlr del que ya hemos hablado anteriormente y que nos permite editar fotos que tengamos en Facebook o Flickr directamente en el navegador de internet, sin tener que archivar nada de forma local.

Por supuesto, todo dependerá de lo que los proveedores puedan ofrecer y del coste que tenga cada servicio.

Al fin y al cabo, poca gente es consciente de que cuando compra un ordenador, no adquiere el software, sino que en cierto modo lo alquila. A este respecto, ¿alguien se ha leído la licencia de uso de Windows? Más de uno se sorprendería.

Un futuro sin guantes
Aunque parezca que no guarda una relación directa con la Odontología, los sitemas de «visión artificial» están experimentando un avance espectacular y, sobre todo, en lo referente a las características faciales especialmente para identificación de posibles criminales.

El ejemplo del Robot Justin me parece especialmente interesante porque no sólo es capaz de reconocer un objeto en movimiento, sino de calcular por adelantado la trayectoria y además aplicar la fuerza necesaria y con la rapidez suficiente para atrapar la pelota.

El caso de FaceApi es bastante significativo. Consiste en un software que permite reconocer las características faciales simplemente con un ordenador normal, el software correspondiente y una cámara web, identificando nariz, boca, ojos y cejas siendo capaz de interpretar además la perspectiva en escorzo.

Por último, el proyecto Text 2.0 nos introduce en un mundo en el que ya no es necesario el teclado, el ratón, ni siquiera la pantalla táctil, sólo necesitamos fijar la mirada y a lo sumo un parpadeo y el ordenador actuará en consecuencia.

Al final, quién sabe dónde nos llevará todo esto y si al final se podrá prescindir de los guantes y sólo tendremos que mirar a los ojos del cirujano robótico para que interprete lo que esperamos de él.

Realidad aumentada con la superposición del modelo radiográfico.

Realidad Aumentada
Uniendo todas estas tecnologías con otras como la realidad aumentada, entramos en una dimensión desconocida.

Aunque este tema se tratará con más detalle en artículos venideros, quiero avanzar un poco las ventajas que todos estos sistemas de reconocimiento «inteligente» pueden aportar al tratamiento clínico.

Imaginemos, por ejemplo, el caso del paciente de la fotografía. A través de exploración radiológica sabemos que presenta una atrofia ósea grave. Sin embargo, una vez en quirófano, tenemos que fiarnos de nuestra memoria y, a lo sumo, de una imagen estática en una pantalla.
¿No sería increíble poder usar unas gafas con proyección del modelo 3d radiológico?. Bueno, puede que esto esté más cerca de lo que pensamos, y al igual que hace el software Text 2.0, simplemente deteniendo la vista en un punto, o a través de un parpadeo (según las preferencias que establezcamos en nuestro software), o a través de un comando de voz, la imagen del hueso aparecería superpuesta a la del paciente en tiempo real, pudiendo cambiar el punto de vista, como hace FaceApi.

Curiosamente todas estas tecnologías están ya disponibles, de una manera o de otra, en muchos juegos de consola, y se está preparando una verdadera avalancha de nuevos títulos con características de inteligencia artificial realmente avanzada.

Creo que debemos pensar seriamente si las consolas de juegos deben tomarnos la delantera en todos los aspectos, o tenemos la obligación de empezar a aportar nuestras propias reflexiones al respecto.

Artículo elaborado por:
Iñaki Lauret

Responsable del Departamento de Audiovisuales e Informática de i2
Centro i Implantología Madrid