Dr. José Nart Molina

La caries y las enfermedades periodontales son las patologías de mayor prevalencia en la cavidad oral. En la actualidad, es bien conocida la etiología bacteriana de la enfermedad periodontal (EP); además, existen factores del huésped, locales y sistémicos, que modifican su respuesta (1). La detección y el tratamiento precoz de la EP son importantes, debido a que ésta es una de las primeras causas de pérdida dental en pacientes de edad media y avanzada (2).

Para poder iniciar el tratamiento de pacientes con EP deberíamos llevar a cabo una historia médica y dental, así como un examen oral completo. La recogida de estos datos nos permitirá conocer si la EP está presente, así como su extensión y severidad, con el objetivo de establecer un diagnóstico (3). Una vez obtenido el diagnóstico debemos determinar cuál es el pronóstico de los dientes, es decir, la previsión del posible curso y el resultado final de la enfermedad para poder establecer un correcto plan de tratamiento (4).

El diagnóstico de la EP consta, básicamente, de un examen clínico y radiológico. La secuencia de recogida de información que debemos seguir es: anamnesis, examen clínico extraoral, examen clínico intraoral y examen periodontal. En este último se registra: profundidad de sondaje, recesión gingival, nivel de inserción clínica, cantidad de encía adherida, movilidad dental, afectación furcal, sangrado al sondaje, índice de placa y estado de los tejidos gingivales (edema, enrojecimiento y exudado purulento). En cuanto al examen radiológico, o seriada periapical, ésta consta de 18 radiografías: 14 radiografías periapicales
(7 superiores y 7 inferiores) y 4 aletas de mordida. Éste nos permite determinar y evaluar el grado y tipo de pérdida ósea, la relación corono-radicular, el tipo de tronco radicular (factores que pueden limitar el tratamiento restaurador), el espacio del ligamento periodontal, presencia de cálculo y/o lesiones periapicales, entre otros hallazgos.

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