Aunque solo lo haya sido corporalmente, se ha «ausentado» de nuestro entorno Pepe Municio, y así lo digo porque lo que es faltar en el sentido estricto de «desaparecer» nunca lo hará, pues el Dr. José Municio Torres siempre estará presente en nuestros recuerdos y en lo más profundo de nuestros corazones!

Como tampoco podremos olvidar a quién la Dra. María Luisa Ramírez de Arellano, en la brillantísima Laudatio que le hiciera el día de la entrega del Premio Santa Apolonia, nos recordara, tan acertadamente, que al Dr. Municio le había caracterizado de manera especial el poder acompañar siempre su «buen hacer» profesional con un gran «saber estar» personal.

Tuve el placer y el privilegio de conocer a Pepe Municio como estudiante de Estomatología de primer curso en 1957, cuando el Dr. Municio, era profesor ayudante de Odontología Conservadora del primer curso. Por entonces ya despuntaban en el Dr. Municio las cualidades a las que hacía referencia la Dra. Ramírez de Arellano en su Laudatio.

Pasaron aquellos años y perdimos el contacto hasta que –diecisiete años después– lo retomamos con motivo de la organización del Congreso Mundial de la FDI de Madrid en 1978. Resultó un reencuentro memorable por muchas razones. Citando al propio Dr. Municio el día de la entrega del Premio Santa Apolonia decía, en su capítulo de agradecimientos, que «el otro hecho que quería resaltar de su C.V. fue la organización y celebración, en el año 1978, del 66º Congreso Mundial de la Federación Dental Internacional». Lo citaba por dos motivos fundamentales: «el primero, decía, porque con él se consiguió abrir una ventana al exterior por la que se mostró, a los cerca de once mil asistentes de todo el mundo, la madurez de nuestra profesión y de su organización colegial».

Y continuaba el Dr. Municio explicando que «el segundo motivo que quería resaltar como importante en su vida profesional fue porque en la organización de dicho congreso comenzó su relación institucional con el Dr. Ignacio Gallástegui, presidente del Consejo General entonces, que terminó transformándose en una leal y franca amistad con una de las personas más cabales que había conocido».

Pues lo mismo resultó ser el caso conmigo.

A través de la organización del «macrocongreso» conocí en profundidad a los Dres. Gallástegui y Municio, y constaté de sus múltiples virtudes y de su sincera amistad. Pocos saben, aunque lo he mencionado en público en repetidas ocasiones –aunque nunca en un ámbito de difusión tan amplio como el que ahora me ofrece «Gaceta Dental»– que a ellos dos y al Profesor Juan Pedro Moreno González debo mi elección como Consejero de la FDI, pues fueron ellos quienes pusieron a mi disposición todos los medios utilizables de la infraestructura del propio congreso para que pudiera acceder, en la Asamblea General de la FDI, al cargo que estaba vacante, llegando incluso a presionarme –cosa que, aunque parezca poco creíble, es cierta– a acompañarles en el estrado en la Ceremonia Inaugural para, en sus propias palabras, aportar una mayor cuota de «visibilidad» al candidato del Consejo General Español ante las delegaciones votantes de días posteriores.
¡Me satisface referirme a ello, aunque lo sea en el contexto apesadumbrado del Obituario de un gran amigo, pero interpreto es de justicia y de deuda histórica propia el así hacerlo!

Rara vez se podrán reunir en una persona mayor número y diversidad de cualidades innatas como fue el caso con el Dr. José Municio Torres. De sus virtudes humanas no tendríamos palabras bastantes para encomiarlas cuantos tuvimos la enorme suerte de ser sus amigos. Nadie le superó en generosidad y en rigurosa y delicada pulcritud espiritual, profesional y personal. Pasó el Dr. Municio por todas partes –en la Universidad, en el Hospital, en el Consejo General– dejando tras sí una estela indeleble de respeto y de sosiego; de caballerosidad y de hidalguía; de nobleza y de finura; en resumen, de hombría de bien. Difícilmente le olvidaremos. Quede aquí el recuerdo fervoroso de quienes fuimos sus amigos, que somos cuantos tuvimos el privilegio de conocerle.

Por el Dr. Ruperto González Giralda, ex-presidente de la FDI (Organización Mundial de la Odontología)